martes, 19 de marzo de 2013

Discipulado mas que un estudio biblico - Mario Fagundes


Introducción:    

El servicio de hacer discípulos es tremendamente maravilloso. Cooperar con el Señor en este ministerio es una honra dada solamente a aquellos que fueron llamados. Llamados para cooperar con El en el Santo y Eterno Propósito de Dios.
Entretanto, precisamos siempre estar haciendo ajustes. Tenemos que detenernos un poco para ver si estamos en el rumbo cierto. Esas “paradas” no significan retroceso, muy por el contrario, es una necesaria evaluación de principios, conceptos y prácticas. Y si tenemos que hacer algunos ajustes, esto es algo que va a solidificar la visión y a fortalecer la obra.
Hace algunos años atrás, el Señor nos trajo revelación sobre esto. Es justamente esto lo que hemos compartido con otros que, como nosotros, quieren crecer en ese ministerio. Descubrimos que existía la necesidad de hacer tres ajustes principales:

1. FUNDAMENTANDO UN DISCÍPULO

El discipulado comienza en la base, en el fundamento mismo. Todos nosotros tenemos ésta certeza y convicción. La primera enseñanza para un nuevo converso tiene que ser relativa al fundamento. Fundamento es la base en la vida del discípulo. Todo lo que fuere construido después, solo tendrá solidez si la base fuere bien colocada. Como en una construcción, no comenzamos construyendo una pared. La primera cosa que colocamos son los fundamentos, los cimientos. Este es un aspecto de la vida del discípulo que todos entienden. Si no hubiere entendimiento, Si no hubiere revelación, todo lo demás estará comprometido, o sea, no habrá garantía de estabilidad en la edificación.
Cuando ganamos a alguien, ¿por dónde debemos comenzar la edificación?
Por el fundamento. Llamamos “Fundamento” a los principios elementales de los “oráculos de Dios”, o sea: Jesús; Su Vida y Su Obra es La Puerta del Reino:
Arrepentimiento, Bautismo en Cristo y el Don del Espíritu Santo.
Esta es la base y nunca va a cambiar. El fundamento es la cosa más importante en una construcción y así es en la vida del discípulo. Sin fundamento la vida del discípulo no resiste.
Al echar los fundamentos en la vida del discípulo, es necesario ir tratando los principales problemas en su vida. Esta es una parte que fácilmente se olvida, por lo tanto es necesario estar examinando. No podemos olvidar ésta parte porque el nuevo discípulo estará adecuando su vida al patrón del Reino de Dios.
Muchas veces hacemos un gran énfasis sobre “los fundamentos” y olvidamos que tratar los principales problemas del discípulo hace parte de ése fundamento.
Tenemos que dar la misma importancia a esto como la damos al estudio de la Palabra y de las notas y escritos que acostumbramos leer y enseñar.
A medida que avanzamos en la enseñanza sobre la vida de Jesús y sobre otros aspectos del fundamento, vamos también tratando los problemas conyugales, problemas financieros, educación de los hijos, etc... , aunque no hayamos avanzado mucho en el estudio de las lecciones, es preciso ir tratando los problemas de los discípulos.
No podemos esperar la lección número 39, para tratar sobre la vida familiar. Si él tiene problemas serios en casa, tenemos que tratarlos enseguida. El discípulo que tiene problemas con su esposa, o problemas financieros no puede esperar hasta llegar a la lección que trata el tema de La familia y que está en la 4ª parte de las enseñanzas. Es un tremendo absurdo querer fundamentar (apostilla 1) y después enseñar sobre el propósito eterno (apostilla 2) y, después quién sabe, de ahí a un año y medio recién vamos a tratar los asuntos relativos a la familia. No! Tenemos que dar los fundamentos y tratar los principales problemas, al mismo tiempo.
Es necesario que esto entre en nuestros corazones. Necesitamos revelación. Caso contrario, el discípulo no va a poder adelantar, no estará debidamente fundamentado. ¿Por qué? Porque él estará atento a sus problemas. Aquel que está embrollado financieramente, endeudado, ¿cómo va a estar atento para la enseñanza? ¿Cómo podrá recibirla y menos aprenderla? ¿Cómo tendrá entendimiento o querrá tomar un tiempo para pensar respecto de las cosas de Jesús, si no salen de su cabeza las deudas, las disputas, los traumas? ¿Cómo podrá él contemplar al Autor y Consumador de la fe? ¿Cómo podrá correr la carrera que tiene por delante?
Observemos cómo es una maratón ¿Un corredor va a éstas carreras con ropa que usa normalmente? ¿Va con una camisa cerrada hasta el cuello? ¿Cómo alguien participa de una maratón? Se coloca una ropa lo más liviana posible.
Aquella que producirá la menor resistencia al aire. Sólo así se puede correr con libertad y sin impedimento.
¿Cómo van a andar los discípulos si no tratamos sus principales problemas? ¿Saben lo que sucede cuando no damos ése énfasis, cuando no entramos con firmeza tratando los principales problemas? Vamos a tener un “pequeño problema” crónico al lado nuestro. Será un “paquetito” que continuamente tendremos que cargar. Es esto lo que hace de nuestro servicio de hacer discípulos un trabajo complicado, cansador y sin éxito.

¿Qué hacer para corregir esto? ¿Cómo hacer los ajustes?
La respuesta es: Después de haber bautizado a alguien, enseguida tenemos que colocar los fundamentos y comenzar simultáneamente a tratar los principales problemas que haya en su vida.
En tanto el discípulo no logre liberarse de la presión de éstos principales problemas, no podrá producir nada para Dios, continuará enredado, embarazado con la carga y con el pecado. El no conseguirá correr la carrera propuesta.
No podemos sólo hablar de los fundamentos, ni tampoco tratar solamente sus principales problemas. Tenemos que enseñar los fundamentos y tratar sus principales problemas. Los dos a la vez.
Tenemos que aprovechar la primera etapa de la nueva vida del discípulo. El está con todo el empuje del Espíritu Santo, el está convencido de su pecado, está convencido de su vana manera de vivir. Nosotros tenemos que estar atentos y aprovechar ese momento para echar el fundamento y también buscar la gracia y la dependencia de Dios para discernir los principales problemas que puede haber en su vida. Debemos tratar inmediatamente los principales problemas del discípulo porque él tendrá que vencerlos.
Cuando alguien se convierte es porque entendió que Jesús es el dueño de su vida.
A convertirse, él entiende que el Señor está sobre todas las cosas. Y nosotros tenemos que tener gracia de Dios y sabiduría para fundamentarlo y discernir los principales problemas de su vida.
¿Cuáles son ésos principales problemas? Aquí tenemos algunos ejemplos: ¿Cómo cuida de sus finanzas? ¿Tiene deudas? ¿Es un mal pagador? ¿Su lenguaje es torpe?
Con relación a su esposa: ¿La trata bien, y con amor? ¿Cuida bien de sus hijos? ¿Su comportamiento con las personas es correcto? ¿Cómo es su mirar? ¿Tiene prácticas impuras? ¿Sus pensamientos son puros? ¿Tiene vicios? etc.
Nosotros tenemos que discernir ésos problemas apenas comienza a andar el camino. En cuanto vamos fundamentando, también vamos tratando ésos problemas a fin de que el discípulo se desembarace y pueda correr la carrera que le fue propuesta.

2. CATEQUIZANDO UN DISCÍPULO (Dt. 6:6-9; Heb. 3:12).

El Señor, por su misericordia, nos reveló éste principio. Años atrás comenzamos inquietarnos con esto. Fue luego de un retiro. Marcos Moraes, mi compañero de ministerio, volvió de unas vacaciones lleno de ánimo y carga por predicar. El predicó cinco mensajes sobre el Reino de Dios, teniendo como base el Evangelio de Mateo. Leía éste evangelio de Mateo todos los días. Una vez por día él leía el libro entero. Cuando él trajo la palabra, fue tremendo, pues los hermanos quedaron quebrantados y llorando. Nosotros pensamos que teníamos encontrada la llave para comunicar eso a los hermanos.
Pasado algún tiempo, tuvimos otro retiro. Resolvimos preguntar a los hermanos sobre las predicaciones que Marcos había hecho. ¿Cuántos las recordaban? ¡Ninguno!
Ni siquiera podían repetir los títulos. Comenzamos a entrar en una desesperación para con el púlpito. Una pregunta quemaba dentro de nosotros: ¿Qué será lo que los hermanos entienden y guardan de lo que enseñamos?
En ésa época comenzamos a relacionarnos con el pastor Iván Baker. El nos hablaba sobre simplicidad. Nosotros queríamos y buscamos la simplicidad de Cristo Jesús. El Señor nos mostró la necesidad de ser simples. Y fue así que, con una frase sola definimos la simplicidad que deber regir la enseñanza:
“Pocas cosas bien enseñadas, bien aprendidas, bien practicadas y bien transmitidas”.
A partir de ahí, comenzamos a simplificar la enseñanza. Nos determinamos a confeccionar un escrito con todo el consejo de Dios. Nuestra primera carpeta tenía 34 hojas! Allí se encontraba todo lo que considerábamos que la iglesia necesitaba aprender. Aquellas enseñanzas deberían ser repetidas, practicadas y transmitidas.
Iván Baker volvió d Argentina con una carpeta similar con 33 hojas. La nuestra tenía una hoja más que la de él, pero el contenido era el mismo.
En aquél momento el Señor nos convenció que teníamos que repetir, repetir y repetir. Fue así que surgió la “Catequesis de Memorización”. Ella contenía “Los ocho puntos sobre Jesús” – (Jesús existe antes de todas las cosas, Se hizo hombre, Tuvo una vida perfecta e irreprensible, Hizo una obra tremenda y grandiosa, Murió por nuestros pecados, Resucitó, Fue exaltado y Volverá) y La Puerta del Reino – (Arrepentimiento, Bautismo en Cristo y el Don del Espíritu Santo).
Dios nos dio gracia para colocar esa “catequesis de memorización” en unas tarjetas con preguntas y respuestas para que fuesen memorizadas, e interiorizadas y que produjesen revelación. Hoy, vemos podemos contemplar a los hermanos repitiendo juntos la misma palabra. Eso nos fue animando, pues comenzamos a percibir que aquellos hermanos que tenían dificultades en aprender, estaban repitiendo la palabra y no sólo repitiendo, sino además entendiendo. Nuestro corazón se ensanchó de alegría. ALELUYA!
Por un largo período tuvimos la práctica de repetir ésa palabra entre nosotros, en los encuentros de Iglesia, en los encuentros por las casas, con nuestros discípulos.
Ah! ¡Qué cosa buena! Qué cosa deliciosa que podamos repetir, memorizar y ordenar la Palabra de Dios en nuestras mentes y corazones. ¡Habíamos encontrado la “pepita de oro” de Dios! Hallamos allí una respuesta para todos los hermanos. Desde los más cultos hasta los más simples de los discípulos, todos estaban entendiendo las mismas cosas. El secreto era ministrar para que los más simples entendiesen, pues si ellos entendían todos los demás también lo harían. ALELUYA!
Estábamos satisfechos! Con el pasar del tiempo Dios nos agregó algo más. Algo que fue fruto de una evaluación de la propia catequesis de memorización. Fue Iván Baker que nos enseñó ése hábito de revisar y examinar nuestras prácticas.
Entonces preguntamos: Señor, tienes alguna cosa más sobre la catequesis?
El Señor nos ayudó a través de una historia que oímos. Cierto hermano recién convertido, tuvo que ir vivir a la Patagonia y, como no podría frecuentar los encuentros de Iglesia ni ser discipulado, llevó consigo siete cintas de cassette con ministraciones de los pastores. Y él las escuchó 50 veces cada una. Cuando regresó a la ciudad dónde se había convertido, ya había pasado un año. Este hermano estaba lleno de sabiduría, gracia y de revelación de la palabra de Dios. Después de algún tiempo, se fue reconocido uno de los pastores en su localidad.
Dios nos mostró algo más. Después de memorizar las tarjetas con las preguntas y respuestas, Leeríamos 50 veces cada escrito de enseñanza. Pasamos a sugerir que los discípulos tuviesen una lectura ordenada. Que siguiesen un criterio de acuerdo con el crecimiento de cada uno.
Fue así que surgió la catequesis de lectura.
Mas no se detuvo ahí. El Señor continuó trayéndonos más. El Señor continuó llevándonos a entender un poco más sobre la catequesis.
La palabra “KATEKEO” que aparece en el Nuevo Testamento, no original, está mal traducida en nuestras Biblias. En el original, la palabra no sólo expresa “una verdad”, sino también expresa “el contenido y la forma”.
Llegamos a la conclusión que la palabra no debería haber sido traducida, sino transliterada. En vez de traducir “KATEKEO” como "instruido", debería haber sido transliterado como "catequizado". Por el contrario, éste error no ocurre con la palabra “bautismo” ya que en ella también está incluido tanto el contenido como la forma.
A través de éste entendimiento el Señor nos añadió algo. Hasta aquél momento, nuestra práctica habitual era “auto-catequizarnos”, o sea, cada uno preparaba y memorizaba sus tarjetas de textos sólo, en su casa, o en su trabajo. Leíamos las lecciones, cada uno en su casa. Cuando volvimos a leer éstos textos aplicando el significado pleno de la palabra “Katekeo”, todo quedó mucho más claro aún.
Observen:
"Para que tengas plena certeza de las verdades en que fuisteis instruido".
No dice que “ tú fuiste y te instruiste ”, sino que “alguien fue y te catequizó”. No eres tú que va y se catequiza, sino que debes ser catequizado por alguien. Aquí tenemos a uno que fue y repitió, repitió y repitió tantas veces hasta que consiguió retener y aprender.
Hech.18:25: “Este había sido instruido en el camino del Señor;...”, o sea catequizado, “... y siendo de espíritu fervoroso, hablaba y enseñaba con más precisión lo concerniente al Señor...” refiriéndose a Apolos. ¿Qué habían hecho con Él? Instruido = catequizado, alguien lo catequizó, alguien lo instruyó repetidas veces respecto de las mismas cosas.
Romanos 2:18 “y conoces su voluntad, y siendo instruido (catequizado) por la ley apruebas lo mejor...” Siendo catequizado... Fue hecho por alguien.
1ª Cor. 14.19: “...pero en la iglesia prefiero hablar cinco palabras con mi entendimiento, para enseñar (catequizar) también a otros, que diez mil palabras en lengua desconocida.” Prefiero hablar cinco palabras para catequizar. Alguien siempre está catequizando a alguien. No es alguien catequizándose, sino alguien catequizando a alguien.
Gal.6.6: “...El que es enseñado en la palabra, haga partícipe de toda cosa buena al que lo instruye.”
Alguien que está siendo catequizado. Si tú estás siendo catequizado es para hacer participante de las cosas buenas a aquél que lo... No dice que él se catequiza sólo, ni leyendo solo, sino que alguien lo...

¿Que es catequizar?

La palabra "catequizar" tiene en sí misma la forma y el contenido. El contenido es simple y la forma es la repetición. La palabra encierra en sí misma que la forma de catequizar es por la repetición y el contenido es simple.

Pocas cosas bien aprendidas, bien repetidas, bien practicadas y bien transmitidas.

En Mt. 5,6 y 7 tenemos el Sermón del Monte. Este sermón es la prueba escrita de ésta verdad que acabamos de declarar. Tremendo es éste sermón! Normalmente me lleva unos 30 minutos para leerlo. ¿Cuánto tiempo nos toma para leer este sermón? ¿Unos 30’?, ¿o 40’? A algunos les puede llevar hasta 1 hora. Jesús con certeza repitió éste sermón muchas veces. ¡Un montón de veces! Más Él no mando a los discípulos a memorizar, aunque ellos memorizaran a través de su repetición. El no les mando memorizar pero él habló tantas veces aquello, que ellos memorizaron, aprendieron, practicaron y transmitieron.
¿Cómo Mateo consiguió escribir el sermón? ¿El estaría parado oyendo y anotando?
¿Habrá sido así? ¿Cómo habría registrado todo? El Espíritu Santo vino para recordarles todas las cosas. Y el Espíritu Santo le fue recordando todo y entonces Pedro comenzó a meditar y a relatar. ¿Cuando oyó la primera vez? ¿Cuándo habrá sido esto? ¿Cuáles serían las cosas que Jesús hablaba? Jesús dijo muchas veces las mismas cosas y no decía muchas veces una sola cosa, sino que hablaba muchas veces todas las cosas.
Jesús impregnó la mente de los discípulos con la verdad y con su doctrina. El habló muchas veces respecto de ser pobre de espíritu, de lo que es ser pacificador, de lo que significa tener hambre y sed de justicia, de lo que es ser puro de corazón, de cómo es ser luz del mundo, cómo cumplir la ley, habló de los asesinos, del adulterio, de los problemas entre los hermanos, etc...
Ah! Pedro andaba junto con Jesús y en todo instante oía: "cualquiera que mire con intención impura en el corazón a la mujer del prójimo está en pecado". Todo el día Jesús estaba repitiendo todas éstas cosas: "No juréis..., el divorcio es esto..., la buena práctica de la justicia es esto..., si tu mano da... no toques trompeta,... no elijas los primeros lugares... si no ve para atrás..., cuando orares entra en tu cuarto...".

Jesús repetía, repetía, y repetía todas éstas cosas continuamente.

No es repetir apenas una verdad, sino repetir todas las veces todas las verdades.
Estar continuamente recordando en nuestras mentes y en nuestros corazones la palabra de Cristo Jesús.

¿Qué es lo que el Señor nos está entregando aquí? ¿Que estamos entendiendo?

No es solamente mandar al discípulo ir para su casa a memorizar, no es solamente mandar al discípulo a leer, pero lo que sí tenemos que hacer es repetir para él todas las verdades, todas las veces que nos encontramos.

Pedro dijo: "... yo os escribo para recordarlos y hacerles recordar, y esto mes es agradable".

Pablo dice: "... quiero repetirles y hacerles recordar todas las cosas...”. Ellos repetían todas las cosas.

Al leer cada libro de la Escritura percibimos que ellos hacen un resumen de todas las verdades y procuran tener memorizadas todas las verdades todo el tiempo; saben por qué? Para que no vivamos de énfasis. Cuando repetimos apenas una verdad cambiamos de énfasis.

El énfasis que damos es el énfasis que la iglesia irá a vivir. Ejemplo: Cuando hablábamos mucho sobre salir a las calles, ¿dónde estuvimos? ¡En las calles!
Golpeando las puertas, en las casas. Hablábamos mucho sobre esto. Después Dios nos trajo otra verdad, otro énfasis, "CONOCER A CRISTO", contemplar a Jesús.
Entonces pasamos a ser más contemplativos. ¡Porque el énfasis era contemplar! Y ya habíamos olvidado lo de las calles y estábamos en otro énfasis.
No podemos vivir de olas, de énfasis, pero sí en la plenitud de lo que Dios quiere.
La catequesis es la repetición de todas las cosas, todas las veces que nosotros repetimos. Eso es lo que evita que nos quedemos siguiendo énfasis. Todo debe ser recordado, a fin de que podamos estar practicando toda la doctrina de Cristo Jesús.
ALELUYA! Que el Señor traiga revelación a nuestros corazones.

3. EL RELACIONAMENTO CON EL DISCÍPULO.

Hoy se habla mucho de discipulado. Es uno de los temas más comentados en las denominaciones históricas, en los grupos pentecostales, en las comunidades y hasta entre aquellos que no tienen denominación.
Se habla mucho respecto de discipulado. Hemos escuchado a muchas personas predicando sobre el asunto. Y algunas que hemos oído tienen más claridad en la exposición de éste principio y de ésta verdad que nosotros mismos. Oímos predicaciones tremendas. Muchas de ellas nos edificaron, añadieron elementos, pero a la hora de poner en práctica, es ahí que la cosa se traba.
Predicamos bien, pero practicamos mal! No aplicamos de forma equivalente al principio que entendimos. Hoy, en el Brasil, y en otras partes del mundo, por donde hemos ido y relacionado con los hermanos vimos tres prácticas distintas del así llamado discipulado: se predica la misma cosa, pero se practica de forma diferente.

LAS TRES PRÁCTICAS DE DISCIPULADO.

1. El curso de discipulado.

Se predica correctamente, pero a la hora de aplicar esta palabra de “hacer discípulos” se da un curso de discipulado, algunos entregan hasta un diploma.
Después de ocho semanas dan un diploma y la persona sale “formada como discípulo”. No estamos criticando o menospreciando. Estamos apenas mostrando una forma que entendemos es errada de lo que es hacer discípulos.

2. Reunión de discipulado para estudio bíblico

Esta es un poco mejor que la primera. Algunos predican correctamente todos los principios que surgen en la obra de Jesús, miran a Jesús, mas llegada la hora de aplicar, hacen una reunión con los llamados discípulos para estudios bíblicos. Hacen una serie de estudios y así están un tiempo sin fin estudiando la Biblia, y llaman a esto discipulado.

3. Reunión de discípulos para estudio de la palabra y tratamiento del carácter.

Esto sí que es mejor! No es sólo para estudiar, aquí podemos tocar la vida, tratar con la vida del otro. Aquí ya existe la confesión de pecados, unos a los otros, hay libertad para el discipulador de preguntar cómo está en su casa, cómo está con esto, como está con aquello, como está aquello otro. Hay libertad para responder cuestionarios con preguntas importantes acerca de su vida y éste se expone...

Las tres van aumentando en efectividad, pero hasta ahora ninguna de éstas prácticas es hacer discípulos como lo hizo Jesús.

Tenemos que mirar el modelo. Y nuestro único modelo es Jesucristo. Estamos creciendo progresivamente en función del modelo. Queremos acertar el blanco de ser semejantes a El en todas las cosas.
Veamos el Modelo: Vamos abrir la Escritura en Mr. 3:13,14. "... los llamó para que estuviesen con él..." ,"... y enviarlos a predicar...”.
La pregunta es: ¿Jesús tenía un discipulado de reunión o de relación?

La respuesta es: Relación.

¿Cómo es el tipo de discipulado que estoy desarrollando? ¿Será de reunión o de relación? ¿Cuál es la diferencia entre uno y otro?
Pienso que la respuesta es muy simple. Si necesito hacer preguntas para saber cómo está mi discípulo, entonces el discipulado es de "reunión”.

No significa que no podamos preguntar nada, pero si continuamente tenemos necesidad de preguntar cómo está él, como está su vida en todas las áreas, esto demuestra que hay una falta de relación. El discipulado que tienes no es un discipulado de relacionamiento, mas sí un discipulado de reunión.
Si tuviéramos un relacionamiento intenso con el discípulo, ya estaríamos observando y analizando las áreas de su vida. Siendo así, las preguntas son casi innecesarias.
Jesús no necesitó estar preguntando cómo estaban sus discípulos. Una vez El preguntó, no al respecto de ellos, sino que les preguntó a ellos qué pensaban ellos a su respecto. El no preguntó: - “Pedro..., ¿y tu suegra? ¿Cómo está su salud? ¿Juan y Santiago están peleando mucho? ¿Están andando bien? ¿Cómo están los dos? ¿Y la relación con tu papá?
Jesús no hacía preguntas al respecto de ellos; las preguntas que El hizo algunas veces fueron respecto de sí mismo, qué pensaban respecto de El. El nunca pregunto a Judas: “¿Cuántos denarios tenemos en la bolsa?” “¿Te robaste algo? ¿No robaste? ”. El no precisaba preguntarle a Judas si se había quedado con algo o no; El lo veía robando”.
Jesús no andaba preguntando. El conocía a cada uno de ellos porque se relacionaba con ellos. El los observaba, El sabía de sus necesidades, tanto de sus cualidades, como así también de sus dificultades. El se relacionaba intensamente con ellos.
La pregunta a responder en nuestro corazón es: ¿Cómo ha sido mi discipulado? Si hay algunas frases como éstas entre la conversación de los discípulos: “voy al discipulado”, “hoy tengo discipulado”, “hoy es el día de mi discipulado”, entonces ya tenemos la respuesta de la pregunta que está arriba.

¿Cuál debe ser la postura del discípulo?

El discípulo es un aprendiz, uno que aprende con otro. Debe tener toda la disposición de imitar, debe tener admiración por la vida de quien le está instruyendo en la Palabra.

El discípulo aprende: Viendo, oyendo y preguntando.

Es de ésta forma que un discípulo aprende. Fue así con los discípulos del Señor:
“Lo que vimos, lo que oímos, lo que palpamos del verbo de verdad...”.Durante tres años y medio ellos vieron al Señor trabajar con la multitud, con los enfermos, con los endemoniados, con los ricos, con los pobres, con los cultos, con los incultos, con los viejos, con los jóvenes, con los sinceros, con los mentirosos, con los adultos, con los niños, con los hombres, con las mujeres, con los solteros, con los casados, en las casas, las calles, las sinagogas, con los fariseos (religiosos), con los pecadores, etc. En las más variadas situaciones de la vida diaria.
Durante tres años y medio ellos oyeron de sus enseñanzas, día tras día, ciudad tras ciudad, aldea tras aldea. Oyeron sobre el Padre, sobre el Espíritu Santo, sobre los cielos, sobre la tierra, sobre los ángeles, sobre los hombres, sobre el pecado y sobre los pecados, sobre la oración, sobre el ayuno, sobre la justicia, sobre el servicio, sobre el amor, sobre la humildad, sobre el Reino, etc. Todo esto oyeron andando por el camino, entre una ciudad y otra, por las aldeas, por las calles, por las casas, por las sinagogas, por los montes, por los valles, etc. Todo repetido exhaustivamente por el Señor.
Durante tres años y medio ellos le preguntaron de todo al Señor. Cualquier cosa que no entendían, la volvían a preguntar en particular, cualquier cosa que querían saber le preguntaban. Algunas veces indagaban entre sí, pero en seguida el Señor les quitaba las dudas y les esclarecía las enseñanzas. Cuando el Señor enseñaba por parábolas, luego les explicaba el significado de la parábola. Cuando los fariseos contendían con El, después les explicaba los designios de los corazones. Cuando respondía sobre un asunto serio, como ser el divorcio y el re-casamiento, los discípulos preguntaban para saber con certeza que era lo que El pensaba sobre el asunto.
Estas son las tres posturas que los discípulos tienen que tener para aprender con o su discipulador: Ver, oír y preguntar. Y para que esto acontezca tienen que tener mucho relacionamiento, mucho tiempo juntos.

¿Cuál debe ser la postura del discipulador?

El discipulador debe ser aquél que sirve, no aquél que es servido. Debe estar dispuesto a perder su privacidad.

El discipulador enseña en: todo tiempo, todo lugar, con su vida y con sus palabras.

Fue de ésta forma que el Señor lo hizo, fue así que El enseño a sus discípulos. No tenía hora ni lugar, su vida era la luz y sus palabras eran la verdad.

Durante tres años y medio enseñó en todo tiempo a sus discípulos. De día, de noche, por la mañana, por la tarde, por la madrugada, al amanecer, etc.

Durante tres años y medio enseñó en todos los lugares a sus discípulos. En la ciudad, en las aldeas, en el campo, en las plazas, las calles, las rutas, los montes, los valles, las planicies, en el mar, en los lagos, etc.
Nunca tuvo ni una hora marcada, ni un lugar fijo, sino que aprovechó todos los momentos y situaciones posibles para formarlos.
Esto nos muestra que tenemos que ser modelos y estar plenamente capacitados en la Palabra, con un buen depósito para instruir a nuestros discípulos.
Hay un contraste muy grande al observar el “modelo de discipulado” de hoy, con el que Jesús empleaba. Hoy es todo muy cómodo. El encuentro es en la casa, con día y hora marcada. Todo está preparado para el “modelo de reunión”, la casa está arreglada y preparada, los hijos están en su cuarto, la esposa ya preparó la cena..., todo está programado y preparado para funcionar. El asunto ya está previamente estudiado y la lección preparada. Entonces..., ¿qué será lo que los discípulos irán a aprender? Luego, ellos harán la misma cosa, así aconteció con los apóstoles. Ellos hicieron lo que vieron hacer a Jesús, ¿y nosotros vamos a hacer qué?: Lo que vimos a nuestros maestros hacer. ¿Y qué han hecho ellos? Discipulado de reunión. Nosotros estamos más cerca del discipulado de Buda que ser discípulos de Jesús. Buda es quien estaba sentado filosofando, pero Jesús andaba por todas partes haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo.

Existe una frase que define muy bien todo esto:

“Cuando estamos en casa lo máximo que puede suceder es lo que está programado, mas cuando estamos en las calles lo mínimo que puede acontecer es lo que está programado”.

Durante tres años y medio El enseñó con su vida a sus discípulos. Ellos le vieron hacer y enseñar todas las cosas. El enseñaba como quien tiene autoridad, pues todo lo que hablaba ya lo había hecho.
Ejemplo: La discusión de los discípulos acerca de quién era el mayor. Jesús enseña con la palabra y también con la vida, pues lava los pies de todos.
Durante tres años y medio enseñó con la palabra a sus discípulos. El siempre hablaba de parte del Padre y siempre conforme a la Escritura: “... oístes lo que fue dicho...”.
Por lo tanto, tenemos que enseñar en todo tiempo, en todo lugar, con la vida y con la palabra. Por eso, debemos estar preparados como obreros que manejan bien la palabra de verdad, que no evade ni deja para más adelante tema alguno con los discípulos. Cuando es preguntado, no transfiere el asunto para “la reunión” de discipulado, mas allí mismo, en aquélla misma hora enseña a su discípulo.

Nuestra práctica tiene que estar de acuerdo con el modelo que tenemos en Cristo
Jesús. La llave para desarrollar el servicio de hacer discípulos es:
RELACIONAMIENTO.
Obs.: Con esto no estamos prohibiendo el encuentro con día y hora marcada en la casa, sino que vayamos mucho más allá de éste encuentro marcado.
Debemos tener un encuentro formal, y además muchos encuentros informales. Lo formal es para informar – (día y hora marcada). Lo informal es para formar – (los encuentros con toda la iglesia, los encuentros de la iglesia en la casa, en las plazas, en las calles, etc.)

Que el Señor nos ayude a desarrollar éste servicio; El dijo: “... sin mí nada podéis hacer...”.

CONCLUSION:

Tenemos que analizar nuestro servicio como cooperadores de la obra de Jesús.
Todo esfuerzo que ahora hagamos debe ser para ajustar el rumbo, así como un hábil piloto corrige el rumbo de su embarcación. Que el Señor nos ayude a mantenernos así.

“Señor, no sabemos hacer esto todavía, mas Tú sabes. Tú lo hiciste con toda perfección; Tú repetiste tantas veces todo, con dependencia del Padre, con sabiduría para colocar cada cosa, y Tú habitas en nosotros. Aleluya! Viniste a habitar en nosotros para recordarnos de todas las cosas, y así como Tú nos recuerdas todo, ayúdanos a recordar a nuestros hermanos todos los principios que
Tú has traído a nuestra vida y ministerio. Y si Tú las revelas, yo sé que Tú capacitas y produces convicción para practicarlas, ayúdanos, Señor. En Tu nombre, Jesús, es que oramos!

Por qué debemos pensar correctamente sobre Dios.


Tomado del libro: el conocimiento del Dios santo.    A. W. Tozer  

Señor todopoderoso, no el Dios de los filósofos y de los sabios,sino el Dios de los profetas y los apóstoles, y lo mejor de todo, el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo: ¿me permites reconocer tu santidad?
Los que note conocen, quizá te invoquen como otro distinto al que eres, y así no te adoran a ti, sino a una criatura de su propia imaginación; por eso, ilumínanos la mente para que te conozcamos tal como eres, de manera que te podamos amar de manera perfecta y alabarte dignamente.
En el nombre de Jesucristo, nuestro Señor,Amén.

Lo que nos vienea la mente cuando pensamos en Dios es lo más
importante de nosotros.
Es probable que la historia de la humanidad señalará que ningún
pueblo se ha alzado a niveles más altos que su religión, y la historia
espmtual delhombre demostrará queninguna religión hasidojamásmás
grande que su concepto de Dios. La adoración será pura, o baja, según
el lugar en que el adorador tenga a Dios.

Por esta razón, lacuestión más importante que la Iglesia tiene delante
siempre será Dios mismo, y la realidad más portentosa acercade cualquier
ser humano no es lo que él pueda decir o hacer en un momento
dado, sino la forma en que concibe a Dios en lo más profundo del
corazón. Por una ley secreta del corazón, tenemos la tendencia de
acercamos hacia la imagen mental de Dios que poseamos. Esto no es
cierto solamente con respecto al cristiano de manera individual, sino
también con respecto al conjunto de cristianos que forma la Iglesia. Lo
más revelador acerca de la Iglesia serásiempre su ideade Dios, asícomo
su mensaje más significativo es lo que diga sobre Él, o lo que deje sin
decir, porque con frecuencia, su silencio es más elocuente que sus
palabras. Nunca se podráescaparde la revelación de sí mismaque hará
cuando dé testimonio acerca de Dios.

Si fuéramos capacesde obtenerde algúnser humano una respuesta
completa a la pregunta "¿Qué le viene a la mente cuando piensa sobre
Dios?", podríamos predecir con certeza el futuro espiritual de ese ser
humano. Si fuéramos capacesde conocercon exactitud lo que piensan
sobreDioslos másinfluyentes de nuestros líderes religiosos, podríamos
predecir con bastante precisión dónde se hallará la Iglesia mañana.

Sin duda alguna, la palabra de más peso en cualquier idioma es la
que utilizaparadesignara Dios.El pensamiento y el hablasondones de
Dios a unas criaturas hechas a su imagen; éstas están íntimamente
asociadas con Él, y son imposibles sin Él. Es muy significativo que la
primerapalabrafuera la Palabra, el Verbo: "y el Verboera con Dios, y
el Verboera Dios".Nosotros podemos hablar, porque Dioshabló. En Él,
la palabra y la idea son inseparables entre sí.

Que nuestra idea de Dios se aproxime lo más posible al verdadero
ser de Dios es algo de inmensa importancia para nosotros. Comparados
con nuestros pensamientos reales acerca de Él, nuestras declaraciones en
los credos resultan de poca importancia. Nuestra idea real de Dios
pudiera hallarse enterrada bajo los desechos de las nociones religiosas
convencionales, y quizás se necesite una búsqueda inteligente y vigorosa
antes de ser desenterrada y expuesta tal como es. Sólo después de una
fuerte prueba de doloroso examen personal, estaremos en condiciones
de descubrirlo que creemos en realidad sobre Dios.

Tener un concepto correcto de Dios es algo fundamental, no sólo
para la teología sistemática, sino también para la vidacristiana práctica.
Es a la adoración lo que los cimientos son al templo; donde sea inadecuado,
o esté fuera deplomada, toda laestructura tendráquedesplomarse
tarde o temprano. Creo que son muy escasos los errores en la doctrina o
en la aplicación de la ética cristiana que no se puedan seguir hasta hallar
su origen en unos pensamientos imperfectos e innobles sobre Dios.

Opino que el concepto de Dios que prevalece en esta época es tan
decadente, que se encuentra completamente por debajo de la dignidad
del Dios Altísimo, y en realidad constituye para los que profesan ser
creyentes algo que equivalea una calamidad moral.
Todos los problemas del cielo y de la tierra, aunque se nos presentaran
juntos y al mismo tiempo, no serían nada comparados con el
abrumador problema que Él existe. cómo es Él, y qué debemos
hacer nosotros, como seres morales, acerca de Él.

El hombre que llega a unascreencias correctas con respecto a Dios
queda aliviado de mil problemas temporales, porqueve de una ve zque
éstos llenen que ver con cuestiones que, a lo sumo, no le pueden
preocupar por largo tiempo; pero aun si se le pudieran quitar las numerosas
cargas del tiempo, la poderosa carga de la eternidad comienza a
pesarsobreél con un peso másaplastante que todaslos sufrimientos del
mund?amontonados unosobreotro.Esapoderosa cargaes suobligación
con DIOS. Comprende un acuciante deber de amar a Dios durante toda la
vida con todos las fuerzas de la mente y del alma, de obedecerle de
manera perfecta y de adorarle de manera aceptable. Cuando la angustiada
conciencia del hombre le dice que no ha hecho ninguna de estas cosas,
desde que desde la niñez ha sido culpable de una necia rebelión contra la
Majestad del cielo, la presión interna se podría volver difíci de soportar.

El evangelio puede quitar esta carga destructora de la mente, dar
gloria en lugar de ceniza, y manto de alegría en lugar de luto. Con todo,
a menos que se sienta el peso de esa carga, el evangelio no podrá
significar nada para el hombre; y hasta que no tenga una visión de un
Dios exaltado por encima de todo, no habrá temor ni carga alguna. El
bajo concepto de Dios destruye el Evangelio para todo el que lo tenga.
Entre los pecados a los que tiende el corazón humano, es difícil hallar
otro que sea más odioso para Dios que la idolatría, porque la idolatría es
en el fondo un libelo con respecto a su personalidad. El corazón idólatra
da por sentadoque Dios es otro distinto a quien es - algo que es en sí
un monstruoso pecado y sustituye al Dios verdadero por otro hecho
a su propia semejanza. Este Dios siemprese conformará a la imagen del
que lo ha creado,y será bajo o puro, cruel o bondadoso, según el estado
moral de la mente de la cual ha surgido.

Es muy natural que un dios engendrado en las sombras de un corazón
caído no sea una verdadera semejanza del Dios verdadero. El Señor le
dice.al malvado en el salmo: ''Tú pensabas que yo era totalmente igual
a ti; . En realidad, esto debe constituir una seria afrenta para el Dios
Altísimo ante el cual los querubines y serafines claman de manera
continua: "Santo, santo, santo, Señor Dios de los ejércitos."

Mantengámonos alerta, no vayaa serque en nuestro orgullo aceptemos
la noción errónea dequela idolatría sólo consisteen doblarla rodilla
ante objetos visibles de adoración, y que por tanto, los pueblos civilizados
se halIan libres de ella. La esencia de la idolatría consiste en abrigar
sobre DIOS pensamientos que son indignos de Él. Comienza en la mente,
y puede estar presente donde no se haya producido ningán acto abierto
de adoración. Pablo dice: "Habiendo conocido a Dios,nole glorificaron
como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus
razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido."
A esto siguió la adoración de ídolos fabricados a semejanza de
hombres, y de aves, y de bestias, y de reptiles, peroesta serie de actos
degradantes comenzó en la mente. Las ideas equivocadas sobre Dios no
sólo son la fuente de la que fluyen las aguas contaminadas de la idolatría;
ellas mismas son idolátricas. Nociones pervertidas sobre Dios pronto
pudrenla religión en que aparecen. La larga historia de Israel demuestra
esto con suficiente claridad, y la historia de la Iglesia lo confirma. Es tan
necesario para la Iglesia el tener un alto concepto de Dios que,cuando
ese concepto declina, la Iglesia, con su adoración y sus normas morales,
declina junto con él. El primer paso en este descenso lo toma una iglesia,
cualquiera queésta sea, cuando abandona su alto concepto de Dios.
Antes que la Iglesia cristiana se eclipse en cualquier lugar, debe
haber primero unac orrupción de su teología más simpley fundamental.
Sencillamente, responde de manera errada a la pregunta "¿Cómo es
Dios?", y parte de aquí. Aunque pueda continuar aferrada a un credo
nominalmente sano, su credo práctico se ha vuelto falso. Las masas de
sus adeptos llegan a creerqueDioses diferente a comoes en realidad, y
esto es herejía de la más insidiosa y mortal de las clases.

La obligación másfuerte de cuantas pesan sobrela Iglesia cristiana
de hoy consiste en purificar y elevarsu concepto de Dios. En todas sus
oraciones y trabajos, esto debiera ocuparel primerlugar. Le haremos el
mejor de los servicios a la próxima generación de cristianos si les
entregamos sin amortiguar ni disminuir ese nobleconcepto de Diosque
recibimos de nuestros padres hebreos y cristianos de generaciones pasadas.
Esto demostrará ser de mayor valor para ellos, que todocuanto se
les pueda ocurrir al arte o a la ciencia.

Oh Dios de Betel, de cuya mano
tu pueblo sigue recibiendo su alimento;
tú que has guiado a través
de este cansado peregrinaje
a todos nuestros padres.
Nuestros votos y oraciones presentamos
anteel trono de tu gracia.
Philip Doddridge

jueves, 14 de marzo de 2013

La practica de la presencia de Dios - Hno. Lorenzo



PREFACIO
Hace más de 300 años, en un monasterio de Francia, un hombre descubrió el secreto para vivir una vida de gozo. A la edad de dieciocho años, Nicolás Herman vislumbró el poder y la providencia de Dios por medio de una simple lección que recibió de la naturaleza. Pasó los siguientes dieciocho años en el ejército y en el servicio público. Finalmente, experimentando la “turbación de espíritu” que con frecuencia se produce en la mediana edad, entró en un monasterio, donde llegó a ser el cocinero y el fabricante de sandalias para su comunidad. Pero lo más importante, comenzó allí un viaje de 30 años que le llevó a descubrir una manera simple de vivir gozosamente. En tiempos tan difíciles como los actuales, Nicolás Herman, conocido como el Hermano Lorenzo, descubrió y puso en práctica una manera pura y simple de andar continuamente en la presencia de Dios. El Hermano Lorenzo era un hombre gentil y de un espíritu alegre, rehuía ser el centro de la atención, sabiendo que los entretenimientos externos “estropean todo”. Recién después de su muerte fueron recopiladas unas pocas de sus cartas. Fray José de Beaufort, representante del arzobispado local, ajuntó estas cartas con los recuerdos que tenía de cuatro conversaciones que sostuvo con el Hermano Lorenzo, y publicó un pequeño libro titulado La Práctica de la Presencia de Dios. En este libro, el Hermano Lorenzo explica,simple y bellamente, cómo caminar continuamente con Dios, con una actitud que no nace de la cabeza sino del corazón. El Hermano Lorenzo nos legó una manera de vivir que está a disposición de todos los que buscan conocer la paz y la presencia de Dios, de modo que cualquiera,  independientemente de su edad o las circunstancias por las que atraviesa, pueda practicarla en cualquier lugar y en cualquier momento. Una de las cosas hermosas con respecto a La Práctica de la Presencia de Dios es que se trata de un método completo.
En cuatro conversaciones y quince cartas, muchas de las cuales fueron escritas a una monja amiga del
Hermano Lorenzo, encontramos una manera directa de vivir en la presencia de Dios, que hoy, trescientos años después, sigue siendo práctica.



1ª Conversación

Vi al Hermano Lorenzo por primera vez el 3 de Agosto de 1666. Me dijo que Dios le había hecho un favor singular cuando se convirtió a la edad de dieciocho años. Durante el invierno, viendo un árbol despojado de su follaje, y considerando que dentro de poco tiempo volverían a brotar sus hojas, y después aparecerían las flores y los frutos, el Hermano Lorenzo recibió una visión de la Providencia y el Poder de Dios que nunca se borró de su alma. Esta visión lo liberó totalmente del mundo, y encendió en él un gran amor a Dios. Tan grande fue ese amor, que no podía afirmar que hubiera aumentado en los cuarenta años transcurridos desde entonces. El Hermano Lorenzo dijo que había servido a M. Fieubert, el tesorero, pero con tanta torpeza que rompía todo. Deseaba ser recibido en un monasterio pensando que allí podría cambiar su torpeza y las faltas que había cometido por una vida más despierta. Allí ofrecería la vida y sus placeres como un sacrificio a Dios, pero Dios le había desilusionado, porque lo único que había encontrado en ese estado era satisfacción.
Deberíamos afirmar nuestra vida en la realidad de la Presencia de Dios, conversando continuamente con Él.
Sería algo vergonzoso dejar de conversar con Él para pensar en insignificancias y tonterías. Deberíamos alimentar y nutrir nuestra alma, llenándola con pensamientos enaltecidos acerca de Dios, y eso nos colmará del gran gozo de estar dedicados a Él. Debemos acrecentar y dar vida a nuestra fe. Es lamentable que tengamos tan poca fe. En lugar de permitir que la fe gobierne su conducta, los hombres se entretienen con devociones triviales, que van cambiando diariamente. El Hermano Lorenzo decía que el camino de la fe es el espíritu de la iglesia, y que es suficiente para llevarnos a un alto grado de perfección. Y que deberíamos entregarnos a Dios tanto en las cosas temporales como en las espirituales, y buscar nuestra satisfacción solamente en el cumplimiento de su voluntad, ya sea que Él nos conduzca a través del sufrimiento o lo haga a través de la consolación. Todo debería ser igual para un alma verdaderamente entregada a Él. Decía que necesitamos fidelidad en la oración en momentos de sequedad espiritual, de insensibilidad y de tedio, cosas estas por medio de las cuales Dios prueba nuestro amor a Él; esos momentos son propicios para que hagamos buenos y eficaces actos de entrega, actos que uno debería repetir frecuentemente para facilitar nuestro progreso espiritual. Decía que aunque diariamente oía acerca de las miserias y los pecados que hay en el mundo, él estaba muy lejos de sorprenderse de ellos; que, por el contrario, estaba sorprendido de que no hubiera más maldad, considerando las iniquidades de que eran capaces los pecadores. Él, por su parte, oraba por ellos. Pero sabiendo que Dios podía remediar el daño que ellos hacían cuando a Él le pluguiera, él no sedejaba vencer por preocupaciones como éstas. El Hermano Lorenzo decía que para llegar a la entrega que Dios requiere de uno, debemos vigilar atentamente todas las pasiones que se mezclan tanto con las cosas espirituales como con aquellas que son de una naturaleza más burda. Si verdaderamente deseamos servir a Dios, Él nos dará luz con respecto a esas pasiones. Al final de esta primera conversación, el Hermano Lorenzo me dijo que si el propósito de mi visita era discutir sinceramente sobre cómo servir a Dios, podría ir a verle tantas veces como quisiera, sin temor de ser molesto. Pero si no era así, entonces no debía visitarlo más.

2ª Conversación

El Hermano Lorenzo me dijo que él siempre había sido gobernado por el amor, sin actitudes egoístas. Y
desde que resolvió hacer del amor de Dios el fin de todas sus acciones, había encontrado razones para estar muy satisfecho con su método. También estaba contento cuando podía levantar una pajita del suelo por amor a Dios, buscándole sólo a Él, y nada más que a Él, ni siquiera buscando sus favores. Durante mucho tiempo había estado afligido mentalmente por creer que sería condenado. Ni todos los hombres del mundo podrían haberlo persuadido de lo contrario. Finalmente razonó consigo mismo de esta manera: Yo no me involucré en la vida religiosa excepto por amor a Dios, y me he esforzado para hacer sólo para Él todo lo que hago. Sea lo que sea de mí, esté perdido o salvado, siempre seguiré obrando puramente por amor a Dios. Por lo menos tendré este bien, que hasta la muerte habré hecho todo lo posible para amarlo. Durante cuatro años había estado con esta angustia mental; y durante ese tiempo había sufrido mucho. Sin embargo, desde aquel tiempo había vivido en una libertad perfecta y una continua alegría. Puso sus pecados delante de Dios, tal como eran para decirle que no merecía sus favores, pero que sabía que Dios continuaría otorgándole sus favores abundantemente. El Hermano Lorenzo dijo que a fin de formar el  hábito de conversar con Dios continuamente y de mencionarle todo lo que hacemos, al principio debemos dedicarnos a Él con cierto esfuerzo: pero que después de ocuparnos un poco de eso deberíamos encontrar que su amor nos mueve a hacerlo internamente sin ninguna dificultad. Él esperaba que después de los días agradables que Dios le había concedido, tendría un tiempo de dolor y sufrimiento. Aunque él no estaba inquieto por esto, sabiendo muy bien que no podía hacer nada por sí mismo, Dios no fallaría en darle la fuerza para soportarlos. Cuando se le presentaba la ocasión de practicar alguna obra bondadosa, se dirigía a Dios, diciendo: “Señor, no puedo hacer esto a menos que me capacites”. Y entonces recibía fuerzas más que suficientes. Cuando había fallado en su deber, solamente confesaba su falta diciéndole a Dios: “Jamás podría obrar de otra manera si me dejaras librado a mis propias fuerzas. Eres tú quien debe impedir mi caída, y arreglar lo que está mal”. Después de la confesión, ya no sentía ninguna inquietud acerca de lo hecho. El Hermano Lorenzo decía que, con respecto a Dios, debemos obrar con la más grande de las simplicidades, hablando con Él franca y claramente, e implorando su ayuda en todos nuestros asuntos. Dios nunca había fallado en concederle su ayuda, y el Hermano Lorenzo lo había experimentado frecuentemente. Me contó que recientemente había sido enviado a Burgundia, para comprar la provisión de vino para la sociedad. Esta tarea le resultaba muy poco grata porque no tenía ninguna inclinación para los negocios, y porque era cojo y no podía ocuparse de su trabajo en el barco sino rodando sobre los toneles. Sin embargo se entregó a esta tarea y a la compra del vino sin ningún descontento. Le dijo a Dios que se ocupó de este negocio, y que lo hizo muy bien. Mencionó que el año anterior había sido enviado a Auvergne con la misma comisión y, aunque no podía  decir cómo, todo había resultado muy bien. De la misma manera cumplía con su trabajo en la cocina (al cual por naturaleza tenía una gran aversión), donde se había acostumbrado a hacer todo por amor a Dios. Durante
los quince años que había estado trabajando en la cocina, todo le había resultado fácil porque lo hacía con oración y movido por la gracia de Dios. Estaba muy feliz con el puesto que ocupaba ahora, pero que estaba listo a volver a lo anterior, debido a que siempre estaba agradando a Dios en cualquier condición, haciendo las cosas pequeñas por amor a Él. Para el Hermano Lorenzo los momentos de oración no eran diferentes de lo que habían sido en otros tiempos. Se retiraba a orar, de acuerdo a las directivas de su superior, pero no quería esa clase de retiros ni los solicitaba, debido a que ni el trabajo más grande lo distraía de la presencia de Dios.
Debido a que conocía su obligación de amar a Dios en todas cosas; como él se había esforzado por hacerlo así, no necesitaba que un director espiritual le diera una orden, más bien lo que necesitaba era un confesor que lo absolviera. Dijo que era muy sensible a sus faltas, pero que estas faltas no lo desanimaban. Las confesaba a Dios sin dar ninguna excusa. Cuando lo hacía, con toda paz reasumía su práctica usual de amor y adoración. El Hermano Lorenzo no consultaba a nadie con sus inquietudes mentales. Por la luz que le daba la fe él sabía que Dios estaba presente, entonces lidiaba consigo mismo tratando de dirigir todas sus acciones a Él. Todo lo hacía movido por el deseo de agradar a Dios, aceptando los resultados que se producían. Dijo que los pensamientos inútiles arruinan todo, que los dolores empiezan allí. Tan pronto como percibimos su impertinencia debemos rechazarlos, y retornar a nuestra comunión con Dios. En el principio frecuentemente había pasado su tiempo de oración rechazando pensamientos erráticos y volviendo a caer en ellos. Nunca había regulado su devoción por ciertos métodos como lo hacen algunos. Sin embargo, al principio había practicado la meditación por algún tiempo, pero después la había dejado de lado de una manera casi inexplicable. El Hermano Lorenzo enfatizaba que todas las mortificaciones corporales y otros ejercicios eran inútiles, a menos que sirvieran para unirse con Dios por medio del amor. Había considerado bien esto.
Encontró que el camino más corto para ir directamente a Dios era ejercitando el amor continuamente por medio de un continuo ejercicio del amor y haciendo todas las cosas por amor a Él. Notó que había una gran diferencia entre los actos del intelecto y los de la voluntad. Los actos del intelecto eran comparativamente de poco valor. Los actos de la voluntad eran todos importantes. Nuestro único deber es amar a Dios y deleitarnos en Él. Ningún tipo de mortificación, si invalida el amor de Dios, puede borrar un solo pecado. En lugar de esto, y sin ansiedad alguna, debemos esperar el perdón de nuestros pecados que proviene de la sangre de Jesucristo, solamente esforzándonos para amarle con todo nuestro corazón. Y él notó que Dios parecía haber garantizado los mayores favores a los pecadores más grandes, como si fueran monumentos conmemorativos de su misericordia. El Hermano Lorenzo dijo que los mayores dolores o placeres de este mundo no podían compararse con los que él había experimentado en ese estado espiritual. Como resultado de todo eso solamente deseaba una cosa: no ofender a Dios. Dijo que no cargaba con ninguna culpa. Cuando fallo en mis deberes, rápidamente lo reconozco, diciendo: Estoy acostumbrado a obrar así. Nunca podré cambiar por mí mismo. Y si no fallo, entonces doy gracias a Dios reconociendo que esto viene de Él.

Link para tener el libro: http://www.vinyacastelldefels.com/Descargas/PracticaPresencia.pdf




miércoles, 13 de marzo de 2013

Del Reunionismo al Relacionamiento. Ivan Baker



Ivan Baker, 20 de mayo de 1980 

Los métodos de trabajo que veníamos usando en la obra del Señor siempre produjeron frutos pocos y débiles en su mayoría. Los métodos que desarrollábamos para la evangelización edificación y conservación de los frutos, aunque hayan producido algunos frutos, observamos que no eran los más correctos, ni los más bíblicos. Si observáramos bien, la finalidad de todas
las campañas, es que las personas asistan las reuniones. Para la edificación de ellas contamos con: La escuela dominical y la predicación del pastor; y en esto descansa toda la edificación de ellas. Los puntos débiles son:

 El trabajo es demasiado impersonal;
 Depende de hombres muy hábiles;
 Es poco eficaz en la formación de nuevos líderes;
 No promueve la participación de todo el cuerpo de Cristo.

Notamos que los apóstoles, sin campañas de evangelización programadas, sin construir
templos, sin crear seminarios, obtenían resultados mucho mejores que los nuestros tanto en
calidad cuanto en cantidad. No existía la prensa, no podían repartir biblias, no habían medios
masivos de comunicación, no tenían vehículos, grabadores, no contaban con una misión etc.
Ellos debían formar en cada miembro un sacerdote capaz de realizar su ministerio. Cada
discípulo debía ocuparse de cada nuevo hijo de Dios. Debía llevar sus cargas, llorar con ellos,
reír con ellos, asumir autoridad, velar y enseñar sobre todas las áreas de la vida, tales como,
familia, trabajo, sexo, carácter, negocios, estudios, oración, testimonio, etc.
Hacer discípulos, Significa formarlos, guiarlos a la madurez y comisionarlos para que ellos
hagan lo mismo con otros. Reconozco que es más fácil hacer 100 reuniones que formar un
discípulo. Esto no significa que no hacemos más reuniones, pero implica concentrarnos en la
tarea más importante y en el fin de toda nuestra obra: que cada miembro de la iglesia sea
formado a la imagen de Cristo. En cuanto a la Iglesia primitiva debemos preguntarnos:. ¿Qué
secreto tenían para alcanzar semejante éxito? ¿Cuál era su forma o modo de trabajar?
Debemos volver nuestro origen, debemos dejar nuestros métodos y volver a práctica
apostólica. ¡Me Gustaría que la obra fuera atrasada en 2000 años!

Del reunionismo al discipulado
El Señor no dijo: “Id y haced reuniones en todas las naciones”, pero sí “haced discípulos en
todas las naciones”. En nuestra antigua manera de obrar teníamos todo tipo de reunión, de
evangelismo, de oración, de estudio bíblico, de escuela dominical, de señoras, de señores, de
jóvenes, de adolescentes, de comisiones, etc. Pero no teníamos discípulos. Gastábamos
nuestra energía en un sin número de actividades y no estábamos haciendo lo esencial: formar
discípulos. Finalmente teníamos tantas reuniones que no teníamos tiempo para hacer otra
cosa. ¡Pero el cambio vino!

¡Costó muy caro, pero cambiamos!
El ministerio pastoral púlpito/congregación se modificó para un relacionamiento
discipulador/discípulo. Esto significa entender que nuestro ministerio principal consiste en
concentrarnos en pocos (Jesús tenía doce). Los conocemos, los amamos, les damos nuestra
vida, nuestro hogar, pasamos mucho tiempo con ellos, les somos de ejemplo, los bendecimos

los corregimos, los instruimos, compartimos sus cargas. Cuánto menor el numero, mayor la
bendición.
En el primer siglo no hacía falta ser un gran orador para ser pastor. La oratoria no era esencial,
tanto que alguien que no tuviese grandes habilidades verbales podía ser un instrumento muy
útil en pastorear la iglesia.
Observación: el ministerio no se desarrolla a través de reuniones, pero sí de relacionamientos.
Jesús nunca fue hombre de púlpito, era hombre de relacionamientos, de convivencia (Mc 3.14).

La iglesia es formada por discípulos
Quiero insistir sobre el Evangelio que predicamos, pues es él que irá a producir la clase de
discípulos que queremos, o sea frutos permanentes. La puerta debe ser estrecha, pues quién
entra no querrá salir por los fondos.
Discípulos son aquellos que aman a Cristo por encima de cualquier cosa, son mansos y dóciles
a la enseñanza de la palabra. No son como cabritos, pero sí como ovejas. Es gente que
fructifica, no es gente que se sienta en los bancos para oír buenos mensajes. Jesús nunca
apuntó las señales de poder y maravillas como característica de sus discípulos, pero sí el amor.
Hay diferencia entre señal acompañante y evidencia que caracteriza. Aunque Jesús haya dicho
que las señales acompañan los que creen en él, no dijo que la característica de un discípulo es
que sea acompañado por señales, esto porque él sabía que estas señales de poder también
seguiría los que no eran sus discípulos (Mt 7.22-23; 1 Tes 2.9). Quiero que el poder carismático
acompañe mi ministerio, pero esto nunca será para mí, una evidencia que me caracteriza
como discípulo de Cristo. Solamente el amor es una característica definitiva. El diablo puede
imitar las señales y prodigios, el esfuerzo y la dedicación, lo celo y muchas otras cosas. Sólo no
puede imitar el amor. El discipulado está basado en esto.

20 de mayo de 1980

martes, 12 de marzo de 2013

Que hemos hecho con la palabra de Dios - M. Moraes


El apunte esta sin editar - pronto pondremos el definitivo - por ahora para que puedan ir leyendo.

El tener que predicar en un retiro de pastores es una tranquilidad por un lado pero es una responsabilidad por otro, porque los pastores son los hombres más maduros de la Iglesia y por eso uno puede hablar tranquilo. Pero a la vez es una responsabilidad porque todo lo que decimos de alguna manera va a ser juzgado y cotejado con la palabra de Dios.

Me gustaría que leamos (Is 66.1-2).
Isa 66:1  Jehová dijo así: El cielo es mi trono, y la tierra estrado de mis pies; ¿dónde está la casa que me habréis de edificar, y dónde el lugar de mi reposo?
Isa 66:2  Mi mano hizo todas estas cosas, y así todas estas cosas fueron, dice Jehová; pero miraré a aquel que es pobre y humilde de espíritu, y que tiembla a mi palabra.

El vs. 2 termina diciendo que Dios mirará a aquel que es pobre y humilde de espíritu y que “lee” su palabra… O dice que mirara al pobre y humilde de espíritu y que “estudia su palabra”… O dice al pobre y humilde de espíritu y que “gusta” de mi palabra.

En este pasaje no esta escrito ninguna de estas cosas, es otra cosa lo que está escrito. Lo que dice es que Dios mirará a aquel que es pobre y humilde de espíritu y que “tiembla” ante su palabra.

La palabra de Dios es la voz del cielo y nos transmite los pensamientos de Dios, los cuales son mas altos que nuestros pensamientos y el Señor se agrada con aquellos que mas que leer, estudiar o gustar de la palabra temen, tiemblan ante ella.

Vamos a estar hablando de la herencia que nosotros recibimos de nuestros padres. 30 o 35 años atrás ellos recibieron revelación de Dios por medio de la palabra y del Espíritu Santo.
Nosotros debemos ahora hacernos una pregunta: ¿Qué hemos hecho con esta herencia que recibimos?

Me gustaría en esta mañana recalcar aquello que fue hecho en la vida de aquellos hermanos por medio de la palabra de Dios.
Yo nunca habría imaginado ver a mi padre haciendo lo que hizo, entrando en el camino que el entró. Yo creo que el tuvo la fuerza y la firmeza para hacer todo esto, porque el tenía la convicción de que todo esto que estaba haciendo estaba en la palabra de Dios.

No podemos dejar de decir que estos hermanos, nuestros padres, cito aquí entre ellos a mi propio padre, Erasmo, Moasir, Ismael, Iván, Jorge Himitian. Estos hermanos pagaron un alto precio. Tuvieron que salir de en dirección de la palabra y renunciar a toda una gama de teología que los enredaba.

No hay en la historia de los movimientos de la Iglesia uno, que no tenga como base esto, un retorno a la palabra, un nuevo respeto a la palabra. Podríamos decir que la historia de la Iglesia refleja esto.
Vemos en la historia de la Iglesia un ciclo que se compone por un respeto a la palabra, luego un desprecio a la palabra. Luego otra vez surge un respeto por la palabra para después caer en un menosprecio por la palabra. Así sucesivamente.
Nos preguntamos ¿Como puede ser que una Iglesia instituida por Jesús y sus apóstoles, con el pasar de los años se convirtió en una cosa tan anticristiana?
Cuando vino la reforma sucedió lo mismo. Todos los movimientos de la reforma fueron un retorno a la palabra de Dios, un temblar ante la palabra de Dios. Pero lo que los reformadores dejaron, con el pasar del tiempo sus herederos siempre fueron desviándose. Si uno observa con detenimiento, ese desvío tiene un patrón, el patrón de desvío de la palabra es la falta de temor ante ella.

La palabra de Dios es una afrenta a nuestra naturaleza carnal. Es incomoda, la palabra de Dios esta repleta de cosas que nuestro hombre natural detesta. Cuando no hay temor ante la palabra de Dios, cuando no temblamos ante su palabra terminamos recortando, acomodando la palabra y nos desviamos de lo que ella nos muestra y nos enseña.
Cada vez que Dios levantó hombres para hacer un movimiento restaurador en la Iglesia, Dios usó el Espíritu y la Palabra para hacerlo. Estos hombres comenzaron a respetar y temer ante la palabra de Dios como es digno de que sea.
La maraña de teología de la cual nuestros padres se apartaron para comenzar a vivir lo que hoy llego hasta nosotros, esa maraña continúa ahí, no murió sino que creció y está llenando las librerías evangélicas. Esta teología hace aseveraciones de todo tipo, hechas por hombres que no tiemblan ante la palabra de Dios.

Viene a nuestro pensamiento que es solo una cuestión de interpretación lo que sucede. Creemos que uno interpreta de una manera, otro de otra y otro de otra ¿Qué cosa es eso, que haya una Biblia que tenga varias formas de ser interpretada? ¿Qué cosa es eso que Dios nos dio una Biblia confusa que no nos dice claramente cual es la voluntad divina?
Hermanos, el problema no es las formas de interpretación, sino que el problema esta en la forma del corazón con que nosotros encaramos la palabra de Dios.

La mayor aula de hermenéutica que yo tuve en mi vida, la más contundente instrucción de cómo tratar con la palabra de Dios que yo tuve en mi vida, fue en Salvador cuando hubo un retiro abierto de pastores. En ese retiro estaba Jorge Himitian y un pastor se acercó para hablar con el. Este pastor estaba separado y casado con otra mujer y yo pude presenciar esa conversación entre este hombre y Jorge Himitian.
El hombre le pregunto a Jorge: “Hermano ¿que es lo que Ud. cree en cuanto a ese asunto de divorcio y recasamiento?”. Jorge abrió en Lucas 16.18 y le leyó y dijo “Yo creo esto, que todo aquel que deja a su mujer y se casa con otra comete adulterio contra ella y aquel que se casa con la repudiada comete adulterio también”. Hasta ahí iba todo bien pero el hombre le dijo: “Está bien, pero ¿cual es su interpretación de ese versículo?”. Entonces Jorge le dijo: “Bueno hermano, yo voy a dar mi interpretación de este versículo. Mi interpretación es que todo hombre que deja a su mujer y se casa con otra comete adulterio y el que se casa con la repudiada también comete adulterio”. Entonces el otro pastor, ya nervioso y confuso le dijo: “NO, yo no le pedí que me lea otra vez el versículo. Yo lo que quiero saber es cual es su interpretación del texto”. Entonces Jorge le dijo: “Ah bueno, discúlpeme. Yo le voy a dar entonces mi interpretación del pasaje. Todo hombre que deja a su mujer y se casa con otra comete adulterio y el que se casa con la repudiada también comete adulterio”.
Yo al ver esa situación me gozaba y agradecía Dios por lo que estaba viendo. Fue una gran enseñanza para mí.

Hermanos, tenemos un problema y es que interpretamos demás.
Nuestras interpretaciones producen desvíos. Nuestras interpretaciones muchas veces son fruto de una mente carnal que nosotros tenemos. Necesitamos temblar, temer ante la palabra de Dios.

Después que pasaron años de estar en esta onda gloriosa de Dios yo me comencé a preguntar: “¿Por qué aquel y aquel hermano tienen tanta revelación?”. Pasado un tiempo preguntándome esto yo comencé a descubrir que la cosa no era tan “fantástica”, que las mayores revelaciones que recibimos eran proferidas por hombres que tomaban un texto y decían simplemente “esto es lo que aquí dice”.
Lo que nosotros más precisamos es leer la Escritura y decir “esto es lo que dice aquí y se terminó”.

Yo tengo un temor amados, de que antes que el Señor nos revele todo lo que El quiera revelarnos, nosotros ya tengamos de antemano distintas interpretaciones de las cosas.
Yo temo que nos estemos contaminando con la “tela de arañas de la teología” que impera en la Iglesia hoy.
Iván cuenta que cuando salio de la denominación donde el estaba, el se sentía libre de la “tela de arañas”. El se sentía como una mosca presa en esa tela y cuando salio de ahí se sintió libre.

Han pasado los años y yo tengo visto y oído cosas que me asustan, me preocupan.
Por ejemplo oí a un “apóstol” decir que su mujer no era sumisa pero que eso era normal y que no era necesario. Yo pienso ¿Es así ahora la cosa, es así la interpretación de la Palabra?

Yo quiero decir algo fuerte. En función de una cosa llamada UNIDAD, mucho de lo que Dios tiene hablado ha sido relativizado. No podemos relativizar las cosas del Señor en función de la UNIDAD.
Las cosas que Dios nos dio, no son nuestras, son de El y nosotros no tenemos el derecho de relativizarlas.
Yo creo amados en la UNIDAD y yo creo que esto va a acontecer antes de la venida del Señor. Pero creo que nosotros tenemos que esperar en el Señor y ver lo que el Señor va a hacer.
Yo tengo miedo de una cosa que yo llamo “el factor Abraham”. Este factor aparece en nuestra vida a toda hora.
 “Queremos una cosa, esperamos en Dios, Dios demora en responder y entonces nosotros la fabricamos”.
Es lo que hizo Abraham con Agar. Le dio una “empujadita” a la promesa del Señor porque estaba muy demorada.
Forzamos las cosas para que sucedan y esto está mal. Dios no nos permite tocar nada que sea de El en función de lograr cosa alguna.

Me gustaría compartirles aquellas cosas que yo con los años he visto, cosas que nos han hecho tropezar en relación a la palabra de Dios. ¿Qué cosas hacen que nos debilitemos en ese espíritu de fidelidad a la palabra de Dios?
Yo quiero hablar de dos cosas.

La primera de ellas, es en relación al error de leer la biblia como un todo, no entendiendo que el NT es superior al AT.

Cuando leemos la Biblia y no discernimos esto, la superioridad del NT frente al AT y le damos al AT demasiada importancia, equiparándolo al nuevo, cometemos muchos errores.
Esta cuestión de diferenciar la importancia del NT y AT no fue una cuestión esclarecida por los reformadores. Los reformadores recuperaron la palabra como un todo. Los puritanos usaban una expresión: “solo la Escritura”. Esto estaba bien pero no percibieron que había una gran distinción entre NT y AT y los errores que había a causa de esa falta de distinción no se corrigieron.
La Iglesia actual es una Iglesia heredera de la reforma y la Biblia ha sido recuperada como única fuente, pero no separó el viejo del nuevo testamento.
Una gran cantidad de errores que existen en la Iglesia es por este motivo.
Por ejemplo:
- ¿De donde vienen los templos, cual es la base bíblica para los templos? Del AT.
- ¿De donde viene la casta sacerdotal. La diferencia entre aquellos que sirven a Dios y los demás? “Fulano fue llamado para ser siervo del Señor” ¿Y todos los demás, no son llamados? Eso está ahí, una casta sacerdotal fundada en el AT, sin base bíblica ninguna en el NT. El NT dice (1Pe 2.9)
- ¿De donde viene una vida fundamentada en mandamientos? Del AT. En el NT la vida esta fundamentada en el Espíritu vivificante que mora en nosotros. Los mandamientos orientan la vida pero la vida no está fundamentada en los mandamientos. El mandamiento orienta la vida, pero la vida es Cristo habitando en cada corazón. Este es el poder para una vida santa.
- ¿De donde viene la sobre valorización de lo material y de todo lo que es natural y terreno? Proviene del AT. En el NT no hay ese énfasis.
- Etc. Así hay muchas cosas traídas del AT

Iván Baker nos enseño algo a este respecto. El decía “no hay que hacer nada que Jesús y los apóstoles no hicieron y no hay que  aceptar aquello que no está explícitamente en el NT”.
Alguno puede decir: “Marcos estas dejando al AT de lado”. No es así, “toda la Escritura es inspirada por Dios y es útil para enseñar…”. Útil, pero la base sigue siendo el NT.
Cuantos errores tenemos que son todos fundamentados en el AT.

En la década del 90 fue el auge de un movimiento que resaltaba practicas basadas en el AT y arrastro a muchos. Muchos empezaron a predicar y expresar cosas enfatizadas en el AT.
Un ejemplo. Un pastor comenzó a predicar del propiciatorio. Hablo una hora y media de esto. Hizo una exposición impresionante, pero yo estaba preocupado porque veía que avanzaba con el tema y nunca llegaba a hablar de Cristo. Pasó una hora y no pasaba nada, pasaron quince minutos más y no entraba en el NT. Cuando estaba concluyendo el mensaje yo me decía “bueno ahora en sus últimas frases va a meterse en Jesús”, pero no fue así. Este hombre terminó y no mencionó ni una vez la sangre de Cristo que es la propiciación por nuestros pecados de lo cual el propiciatorio es una pobre figura.

Deberíamos tener una mente habituada a no hablar aquello que Jesús y los apóstoles no hablaron. “Si tienes algo que para ti es importante hablar y es algo que ellos no hablaron, entonces no tiene importancia que lo hables”.

El Señor tuvo que tratar con los apóstoles por los paradigmas que en ellos había. Dios le dice a Pedro: “Come” y Pedro dijo: “No, yo no voy a comer eso inmundo”…. Dios debe tratar con nuestros paradigmas.
La Iglesia primitiva luchaba con paradigmas. Pablo sufría con muchos que querían volver a los rudimentos pobres y caducos del judaísmo. El Señor no quiere que estemos sometidos a paradigmas dañinos para la verdadera fe.

NOTA:
Las cosas del AT que eran importantes para nosotros hoy, fueron traídas y refrendadas por el NT.
Debemos tener cuidado es de no traer cosas del AT que no están refrendadas por el NT.
No debemos caer en el error de escoger nosotros que traer y que no del AT.

Por ejemplo,  “apedrear a las mujeres adulteras” no está refrendado por el NT ¿Podemos nosotros traerlo del AT para practicarlo? No. ¿Y por que otras cosas si?.
Si nosotros somos lo que decidimos que practicas reflotar del AT  vamos a equivocarnos.
Para saber si algo del AT debe ser practicado, nosotros debemos saber que el que establece el límite para ver si esa práctica sigue vigente, es el NT.



Vamos al segundo punto. El segundo punto trata de libertades que la teología se da para la interpretación de las Escrituras.
Quiero contar antes de comenzar, una historia para ilustrar esta cuestión de los paradigmas.
La historia cuenta que una mujer cocinaba muy bien una carne llamada “carne de tatu” o “carne de lagarto”. Esta mujer cada vez que cocinaba este pedazo de carne, ella le cortaba las puntas, la condimentaba y la ponía a cocinar. Entonces un sujeto muy curioso fue y le preguntó: “¿Por qué Ud. le corta las puntas a la carne antes de comenzar a cocinarla?”. Entonces la señora le respondió: “Mire, mi mamá me enseño a cocinar y mi mama me  enseño a cortarle las puntas antes de empezar a cocinarla, pero yo no se por que”. El sujeto era tan curioso que dijo: “Donde vive su mamá porque yo quiero ir a preguntarle”. Una vez que averiguó fue donde vivía la mamá de esta señora y le preguntó: “Señora ¿Por qué le corta las puntas de la “carne de lagarto” antes de cocinarla?”.  Ella le dijo: “Hijo, yo no se porque lo hago así, mi mamá me enseño a hacerlo y yo lo aprendí así”. El hombre, más intrigado aún preguntó por la mamá de ella y fue donde estaba la ancianita y le dijo: “Yo quiero preguntarle algo acerca de por que Uds. cortan las puntas de la “carne de lagarto” antes de cocinarla, pero por favor no me diga que lo hace porque su mamá le enseñó”. Entonces la anciana le respondió: “Querido, no fue mi mamá la que me enseño esto, fui yo quien inventó esto y se lo enseñe a mis hijas. Lo hacia porque la asadera era media pequeña y no me entraban las puntas de la carne”…  Así se resolvió el misterio… Estas mujeres por mas que tenían asaderas grades cortaban las puntas de la carne porque así se lo habían enseñado.
Uno pensaría que estas mujeres fueron descuidadas pero debemos saber que la Iglesia muchas veces actúa de esta manera.

A veces recibimos enseñanzas fruto de “malabarismos bíblicos”  y nos parecen profundamente espirituales y no vamos a la fuente para corroborar si es correcto. No hacemos lo que hizo el hombre de la historia, que fue a la fuente.

Vamos a ver seis formas de interpretar las Escrituras (… en la predica habla de 5 por lo que yo escuche… me falta 1)

Tres de estas formas de interpretación son licitas y las otras tres, a mi forma de ver, son ilícitas.
En cada una de estas formas, la carga de subjetividad va aumentando hasta un punto donde esto se torna ilícito.
Con Mario queremos velar que esto esté claro entre todos los pastores para que seamos libres lo mas posible de la subjetividad a la hora de interpretar las Escrituras.
Yo no les diría “formas de interpretación”, sino que les diría “niveles de interpretación”. Le diría así porque va creciendo el nivel de subjetividad.

PRIMERO
El primer nivel es el más objetivo, el más incuestionable. Es aquel que habla aquello que está bien claro. Estas cosas que están en la Biblia, las podemos llamar “base o fundamento de nuestra fe”. Son textos claros acerca de los cuales no cabe ni una pregunta siquiera.
Un ejemplo sería como el texto de Lucas 16.18 que nombramos hoy. Está claro, está escrito, terminado el asunto.
Yo siempre doy como ejemplo de esto (Jn 14.6). Hay muchos pasajes en las Escrituras que son claros y forman el sustento de nuestra fe.
Otro ejemplo sería (1Pe 2.9). Es un texto claro e irrefutable. Estos textos unen a la cristiandad toda. Son textos básicos y explícitos y no hay posibilidad de ponerle una carga de subjetividad sobre ellos.

SEGUNDO
El segundo nivel se da por la unión de elementos evidentes y claros. Son más de un elemento y unidos dan como resultado una conclusión también irrefutable.
Por ejemplo si juntamos (Hch 1.8 y 2.39) llegamos a la conclusión que todos somos en la Iglesia testigos de Cristo. Porque (Hch1.8) nos dice que el E. S. nos capacita para ser testigos y (Hch 2.39) nos dice que el E.S. es para todos los que el Señor llame.
Si miramos solo (Hch 1.8) alguno puede decir que eso era para los doce solamente. Entonces la subjetividad va entrando. Pero ya no podemos concluir eso al leer (Hch 2.39). Ya no hay carga de subjetividad.

TERCERO
El tercer nivel de interpretación y que es muy usado en nuestro medio y que yo creo que es totalmente lícito lo llamamos deducción.
Deducción es un poco diferente de conclusión. La deducción está basada en elementos que no son tan evidentes. Son elementos existentes, están allí aunque no son tan evidentes como los que citamos antes.
Un ejemplo de esto es cuando observamos que Jesús se relacionaba por niveles. Estaban los 500, los 120, los 70, los 12 y en medio de los 12 tenía 3. Nosotros vemos que era una estrategia de Jesús. Nosotros no vemos un pasaje que nos mande explícitamente a trabajar por niveles pero deducimos que precisamos hacerlo porque vemos que Jesús trabajaba de esta manera y el es nuestro Ejemplo y Maestro.

Este tipo de interpretación sucede cuando estamos observando ejemplos. El Ejemplo de Jesús, el ejemplo de los apóstoles, el ejemplo de la Iglesia primitiva. Estos ejemplos nos muestran un camino.
Muchas de las cosas que hacemos no están escritas, pero las deducimos al mirar nuestros modelos bíblicos. Al verlos a ellos hacer ciertas cosas, ciertas prácticas, nosotros deducimos que es también la voluntad de Dios para nosotros.
En esto hay una carga de subjetividad, pero es una subjetividad lícita.

CUARTO
Veamos el cuarto nivel de interpretación. A partir de aquí nosotros creemos que nos comenzamos a salir de aquello que es lícito a la hora de interpretar las Escrituras.
Los libros de teología y los libros de hoy,  están cargados de esta subjetividad. Este nivel lo podemos llamar inferencia.
Inferencia es cuando no existen elementos evidentes, ni existentes, no hay nada.  Solo tenemos unos “ganchos”, elementos no evidentes y a partir de ellos hacemos una deducción forzada.

Para ejemplificar voy a usar nuestra postura con respecto a las mujeres.
En una ocasión me tocaba hablar con las mujeres de la congregación. Casadas, solteras, viudas, todas. El Señor me dio una palabra para compartir y era que “la misión principal de la mujer casada era cumplir la función de madre”.
Hay muchas mujeres en la Iglesia que contaminadas por el pensamiento mundano, dejan a sus hijos por ir tras su realización profesional. Nosotros entendemos cuando una mujer necesita trabajar porque necesita ayudar a su marido porque el dinero que entra no es suficiente. Pero las mujeres que dejan sus hijos, simplemente por una cuestión de realización profesional, están yendo en contra de la enseñanza bíblica. La realización de la mujer está cumpliendo su función de madre.
Algunos dicen: “pero es injusto, el hombre puede realizarse profesionalmente y la mujer no”. No es así, cualquier hombre que se convierte también debe renunciar a su realización personal, sus ideales se terminan. La meta desde ahora es amar y servir al Señor, esta es ahora su razón de vivir.
Si los hombres deben renunciar a su realización profesional ¿Por qué las mujeres no?
Si la palabra de Dios dice que la misión de la mujer es la misión de madre no debemos inferir otra cosa sino interpretar correctamente.

Ahora veamos con el ejemplo para los solteros. ¿Cuál es el consejo para los solteros?
Mirando (1Cor 7) me quede impresionado por lo que leí. Pablo es muy claro, “en el Reino de Dios, el soltero y la soltera, está en mejor situación que el casado”. Pablo enseña que el casado esta “dividido”.
Cuando hablé esto para los solteros, muchos de ellos vinieron a mi agradecidos y reconociendo que había un peso, una presión muy grande sobre ellos por no comprender esto.
Los solteros reciben mucha presión de los casados, en todas partes. Todos les dicen “¿Cuándo te vas a casar? ¿Por qué no conseguís a alguien para casarte?”.
Hermanos, los solteros son la mayor gloria de Jesús en la Iglesia. Los que van envejeciendo y no se casan, más gloria tienen aún. Esto es así porque el amor afectivo y la necesidad sexual son de las cosas mas fuertes en el ser humano y estos hermanos están renunciando a esto por el Reino de Dios.
Muchos de los que están solteros en la Iglesia, en el mundo tal vez ya estarían casados, pero estos hermanos son diferentes, no son del mundo.

Debemos tener cuidado con lo que decimos. “La familia no es el propósito de Dios”. La biblia no enseña esto. A veces por enfatizar tanto una palabra, creamos nuestras propias verdades y esto substituye la palabra de Dios en la mente de los hermanos.
Hablamos tanto de la familia que fácilmente caemos en decir que la familia es el propósito de Dios. Pero ¿Dónde dice esto? Si pensamos así estamos dejando a los solteros fuera.
Cuando nos dimos cuenta de esto, llorábamos en nuestro corazón por esto. Tuve que pedir perdón públicamente a estos hermanos solteros por lo que estaba sucediendo.
Una hermana muy fiel, ella es médica ginecóloga, ella no esta casada y dice: “Yo estoy bien así, yo estoy plena con Jesús”. Pero ella me contaba y me decía: “Mi problema es que yo voy a la Iglesia y una hermana esposa de líder, viene y me dice que yo no me quiero casar porque soy independiente y no quiero tener cabeza”.
Hermanos, Jesús es la cabeza de la Iglesia ¿como esta mujer dice esto?
Otra mujer me contaba que una hermana le decía: “Yo a tu edad ya estaba casada y tenía hijos. Que estás esperando para casarte”. Esto lo escucho por todas partes. Los hermanos se saludan en las reuniones y abrazan a un soltero y le dicen: “Que este año aparezca tu prometido/a” ¿De donde sacamos eso? Lo sacamos del mundo y de nuestras inferencias. Exageramos la palabra de Dios.
En ningún lado habla que la familia es el propósito eterno de Dios. Las Escrituras hablan que el propósito de Dios es la “Familia Eterna” y en esa familia están incluidos todos los solteros.

QUINTO
El quinto nivel de interpretación es la derivación. Aquí la carga de subjetividad es mayor que en la inferencia. Es usar un texto como pretexto. La persona toma un texto, lo lee y se da una interpretación que no tiene nada que ver con lo que el texto comunica.
Voy a dar una ilustración.  En la década de los 80 se esparció en Brasil una enseñanza en cuanto a la alabanza, la cual era pura derivación. La alabanza y la adoración no necesitan de eso para encontrar respaldo en las Escrituras.
Esta doctrina decía que la alabanza debía ser restaurada a causa de lo que dice en (Hch 15) donde habla de “la restauración del tabernáculo de David”. Y dicen ellos que el tabernáculo de David  era el tabernáculo de la alabanza.
En (Hch 15) Santiago está hablando de otro tema, “la participación de los gentiles en el Reino de Dios”. Entonces, el cita al profeta Amós para respaldar esto.
Estos versículos no hablan de alabanza, hablan de otra cosa. La alabanza no necesita de pseudo teología para fundamentarse en las Escrituras. La alabanza esta clara en las Escrituras.
Algunos pueden decir: “Pero entonces Marcos ¿Para que te preocupas tanto? Si la alabanza está clara en las Escrituras y es algo bueno ¿Cuál es el problema que se use un texto como este para hablar de ella?”.
 Mi problema es que este tipo de teología va enseñando a los hermanos a ser subjetivos en la interpretación de las Escrituras. Entonces muchos salen a hacer osadas aseveraciones, que nada tiene que ver con lo que Dios nos está comunicando. Las Escrituras nos dicen: “No traspaséis lo que está escrito”.

“Lo que hablamos lo debemos hablar según los oráculos de Dios”.
Yo les conté una lección que aprendí con Jorge y ahora les voy a contar una lección que prendí con Iván. El me repetía esta frase cuando me veía haciendo algunas derivaciones: “Marcos, nosotros no aprendemos solo con lo que la Biblia dice, nosotros aprendemos mucho también con lo que la Biblia no dice ¿Porque vos estas diciendo lo que la Biblia no dice?”.
Los reformadores no hicieron esto. Sin embargo en la teología moderna esto abunda. Se van leyendo los texto y se van encontrado interpretaciones fruto de derivaciones.
Cuando esto sucede denota que nos falta temor delante de la palabra del Señor.
Dios no nos dio esta libertad. Dios no precisa que nos tomemos esta libertad. Dios quiere que interpretemos su Palabra y quiere que hagamos aquello que esta claramente, objetivamente expresado.
Vamos a algunos y les preguntamos: “¿Por qué vos estás enseñando esto?”. Ellos nos responden: “Porque es lo que me enseñaron a mi”. Muchos dicen: “lo hago porque mi pastor me lo dijo”. Sucede como a aquella mujer cocinando que nombrábamos hoy.
Muchos paradigmas errados se van causando por esta libertad que nos damos a la hora de interpretar las Escrituras.

Voy a contar una historia para ilustrar como esta cuestión de los paradigmas se forma fácilmente. Unos científicos comprobaron esto con los monos. Tomaron 5 monos, hambrientos los encerraron y pusieron arriba de una escalera unas bananas. Cuando uno subió para agarrar las bananas, con una maguera con agua helada a presión mojaron los 4 que quedaron abajo. Cuando subió otro hicieron lo mismo. Repitieron esto varias veces, hasta que ya ninguno subía a buscar las bananas. Luego cambiaron uno de los monos, pero el mono nuevo no sabía lo que acontecía, asíque, quiso subir a buscar bananas. Cuando lo intentó,  los otros le impidieron que lo haga. Estuvieron varias veces peleando con el mono que quería subir hasta que “lo convencieron”. Luego pusieron otro mono más. Este también quería ir por las bananas pero se lo impidieron entre todos, incluido el mono que había entrado último. El lo hacia porque los otros lo hacían. El no sabía porque, pero lo hacía.
Esta experiencia se repitió hasta colocar 5 monos que no habían recibido el shock del agua helada a presión y el resultado fue que ninguno subía por las bananas.
“La interpretación espiritual de esto se la dejo para Uds.”.

“Señor liberta tu casa de nuestras propias palabras y danos la gracia de estar atentos a tus santas palabras”. Amén.-