miércoles, 20 de abril de 2016

EL DISCIPULADO - Jorge Himitian



Este es otro de los temas que el Señor nos reveló en su Palabra en los primeros años de la renovación. El primer tema fue la adoración; el segundo, el Señorío de Cristo y el evangelio del reino de Dios; y el tercer tema, el discipulado.

En las últimas décadas la palabra discipulado se ha incorporado a la jerga evangélica. Hoy son muchos los que hablan del discipulado, pero la mayoría aún no entiende su verdadero significado.

LA GRAN MISIÓN

El mundo evangélico prefirió por muchos años usar la versión de Marcos al hablar de “la gran comisión” (como lo titulan algunas traducciones; a mí me gustaría titularla “la gran misión”), Marcos (16.15): Id por todo el mundo, y predicad el evangelio a toda criatura.

Este fue el pasaje más usado por los predicadores evangélicos. Yo pertenecía a un grupo evangelístico de jóvenes, y Marcos 16.15 era nuestro versículo lema.

Pero cuando Dios nos visitó con su Espíritu Santo nos ayudó a entender la parte que nos faltaba de la gran comisión, llevándonos a Mateo 28.18-20. En realidad Mateo dice lo mismo que Marcos, pero con otras palabras. Los cuatro evangelios son complementarios. Pero nosotros nos habíamos quedado únicamente con el enfoque de Marcos. Si sumamos lo que está escrito en los cuatro evangelios, tendremos una visión completa de la misión de la iglesia en el mundo. Nosotros no habíamos tenido en cuenta los detalles de Mateo, y eso es lo que el Señor nos hizo comprender en aquellos años.

Mateo lo relata así:

Y Jesús se acercó y les habló diciendo:
Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra.
Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones,
bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo;
enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado;
y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.
Amén.

En Marcos 16, yo solo mencioné el versículo 15. Pero en el versículo 16 Jesús siguió diciendo: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado”. Esta segunda parte tampoco la tomábamos muy en cuenta.

Los que veníamos del sector evangélico no-pentecostal, hasta que Dios nos bautizó con el Espíritu Santo, tampoco tomábamos en cuenta los dos versículos subsiguientes (Marcos 16.17-18):

Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán.

El movimiento pentecostal puso mucho énfasis en estos dos versículos, lo que les dio un gran impulso evangelístico y un significativo crecimiento numérico.

Pero la visión de hacer discípulos fue la revelación y el énfasis al que el Espíritu Santo nos llevó a partir de la década de los sesenta.


¿Qué significó para aquellos discípulos de Jesús esta orden: “Id, y haced discípulos a todas las naciones?”
La única referencia que ellos tenían era lo que Jesús había hecho con ellos. Si un padre le dice a sus hijos: Quiero que se casen, que tengan hijos, que los críen…
La referencia es lo que su padre hizo con ellos.

Jesús les dice a sus discípulos: Todo poder y autoridad me ha sido dada en lo cielos y en la tierra, por lo tanto ahora ustedes vayan y hagan discípulos a todas las naciones; no solamente aquí en Israel, sino en todas las naciones. Lo que yo hice con ustedes es lo que ustedes tienen que hacer a otros.

Sobre estas palabras del evangelio de Mateo, Dios nos dio luz. Nos dimos cuenta de que en nuestros programas como iglesia teníamos reuniones de todo tipo: reunión de evangelización, reunión de la cena del Señor, reunión de enseñanza, reunión de oración, escuela dominical, reunión de jóvenes, reunión de adolescentes, reunión de mujeres, reunión de bautismos, y hasta de casamientos y entierros. Pero, ¿hacer discípulos? No sabíamos que era eso.

Recuerdo que alguien nos preguntó:
¿Cuántas reuniones tienen en la semana?
-Muchas, y de diferentes clases.
Y ¿cuántos discípulos están formando?
No sabíamos qué responder.

La luz principal que recibimos sobre el discipulado vino a través del hermano Iván Baker (ya con el Señor). Iván se había reunido con un grupo de obreros y hermanos de su congregación de Isidro Casanova (Zona Oeste del Gran Buenos Aires), para buscar al Señor en oración. Allí Dios les habló sobre el llamado de Jesús a Simón Pedro y a Andrés, y la promesa de hacerlos “pescadores de hombres”. Iván comprendió la radicalidad del llamado de Jesús al decir: “Sígueme”, a fin de que cada convertido fuera un discípulo de él. Y luego el Señor los llevó al pasaje de Mateo 28.18-20. Era a mediados del año 1968. Iván nos fue compartiendo esta revelación.
Esto produjo un gran cambio en nuestra comprensión de la gran comisión, y gradualmente cambió nuestro ministerio y nuestra metodología de trabajo en la edificación de la iglesia.

Antes nuestras actividades principales estaban centralizadas en la reunión congregacional. Considerábamos al púlpito el eje central de nuestro ministerio. Descubrimos que Jesús muy pocas veces usó el púlpito. Jesús se concentró en construir relaciones permanentes con determinadas personas, a quienes llamó discípulos. Les enseñó, los conoció profundamente, fue ejemplo cercano para ellos, los corrigió, los entrenó, y los envió.

Para nosotros esto fue una revolución. Cambió el eje de nuestra forma de trabajo pastoral. Tuvimos que comenzar a relacionarnos con algunos personalmente para entablar una relación de discipulado, de paternidad espiritual, como lo hacía Jesús.
Uno puede predicar a cien personas, a mil o a diez mil; pero no puede tener cien, mil o diez mil discípulos y formarlos responsablemente. El discipulado es igual a la paternidad, a los hijos hay que criarlos, conocerlos, amarlos, educarlos, corregirlos y formarlos como hombres.

Vimos que Jesús era para sus discípulos un padre, un amigo, alguien que gastaba tiempo en estar con ellos. Él predicó a las multitudes, sanó a muchos enfermos, alimentó a miles; pero sabía muy bien que su tarea principal era estar con un círculo menor: sus doce discípulos.

Todo esto nos llevó nuevamente a las Escrituras, y pudimos constatar que esta nueva comprensión provenía de Dios. Usando la Concordancia Bíblica descubrimos que la palabra ‘discípulo’ es la que más se usa en el Nuevo Testamento para referirse a los hijos de Dios

- La palabra ‘creyente’ -la más empleada por el mundo evangélico- aparece en el Nuevo Testamento solo 12 veces.
- La palabra ‘cristiano’ -que nos gusta mucho usarla- aparece en todo el N.T. solo 3 veces.
- La palabra ‘convertido’ no aparece ni una sola vez. La Biblia habla de la conversión, pero el término ‘convertido’ o ‘inconverso’ no aparecen nunca.
- La palabra ‘evangélico’ o ‘católico’, ni una sola vez.

- ¡En cambio la palabra ‘discípulo’ se menciona más de 250 veces en el N.T.!

No es que los números lo definan todo, pero algo nos quieren mostrar.
Jesús dijo claramente: “Vayan y hagan discípulos”. No dijo: Vayan y hagan evangélicos, o católicos; ni siquiera creyentes, sino discípulos.


¿QUÉ ES UN DISCÍPULO?

Para que haya un discípulo, debe haber alguien que lo discipule o le enseñe. Por eso Jesús dijo: “Hagan discípulos… bautizándolos… enseñándoles que guarden todas las cosas que yo os he mandado”.
Y esto trajo cambios fundamentales entre nosotros:

  1. Hay que enseñar lo que Jesús enseñó. No estamos autorizados a enseñar otra cosa. Nuestra responsabilidad es enseñar los mandamientos de Jesús, pues no son nuestros discípulos sino de Cristo.

  1. Hay que enseñarles que guarden; esto significa que obedezcan, que cumplan, que vivan de acuerdo a los mandamientos de Jesús. Esta comprensión produjo un gran cambio en todo lo que tiene que ver con la educación cristiana. En occidente el objetivo de la enseñanza ha sido transmitir información, conocimiento. En una escuela, después de enseñar a los alumnos se les toma un examen para ver si saben, si recibieron bien la información que se les transmitió. Si el estudiante sabe, es aprobado. Si no sabe, es reprobado.(*)
En cambio en el discipulado el objetivo es que guarden. Esto tiene que ver con la vida, la
manera de vivir. El propósito es que el discípulo viva de acuerdo a la palabra de Dios, a los
mandamientos de Jesús.
Todo lo que tenía que ver con educación cristiana, (llámese Escuela Dominical, seminarios,
estudios bíblicos, u otros formatos de enseñanza) tomó el estilo y el objetivo de enseñanza
imperante en occidente, que era mayormente transmitir información.
En cambio el discipulado toca la vida, la conducta, el comportamiento, el carácter, la
familia, la manera de hablar, la manera de trabajar. Tiene que ver con lo cotidiano, para
que los discípulos vivan de acuerdo a la voluntad de Dios.

Al principio todo esto parece lento porque tenemos la impresión de que avanzaríamos más si le predicáramos a mil personas. No descartamos para nada el predicar a mil o a cien mil, pero eso solo no es suficiente. Es necesario tener una relación cercana con algunos, para que luego estos, estando bien formados, puedan hacer lo mismo con otros, y así sucesivamente.


(*) Aunque en la actualidad ha habido cambios, y en los centros de educación más actualizados hay un enfoque que se va asemejando cada vez más al del discipulado en cuanto a objetivos de la enseñanza que ya no solo tienen que ver con saberes, sino con competencias, es decir con el saber hacer; sin embargo en la década del sesenta el sistema que se utilizaba era como el que señalamos.

Primero tuvimos que entender bien qué es un discípulo según Jesús. Porque si él nos ordenó hacer “discípulos”, el que tiene la autoridad para definir qué es un discípulo es el mismo Jesús. Entonces fuimos a Lucas 14, donde Jesús define claramente qué es un discípulo. En este pasaje pudimos confirmar nuevamente el evangelio del reino y el señorío de Cristo. Solo predicando el evangelio del reino se puede lograr un discípulo. Predicando un evangelio sin reino, proponiendo que la gente acepte a Jesús como Salvador es posible lograr un evangélico pero no un discípulo.

Lucas 14.25-33:

25 Grandes multitudes iban con él; y volviéndose, les dijo:
26 Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo.
27 Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo.
28 Porque ¿quién de vosotros, queriendo edificar una torre, no se sienta primero y calcula los gastos, a ver si tiene lo que necesita para acabarla?
29 No sea que después que haya puesto el cimiento, y no pueda acabarla, todos los que lo vean comiencen a hacer burla de él,
30 diciendo: Este hombre comenzó a edificar, y no pudo acabar.
31 ¿O qué rey, al marchar a la guerra contra otro rey, no se sienta primero y considera si puede hacer frente con diez mil al que viene contra él con veinte mil?
32 Y si no puede, cuando el otro está todavía lejos, le envía una embajada y le pide condiciones de paz.
33 Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo.

  1. Es importante observar que Jesús dirige estas palabras a la multitud.
  2. No los anima a hacerse sus discípulos en base a una decisión superficial o al entusiasmo del momento, sino que les pide que hagan bien la cuenta antes de tomar tal decisión.

Tres características que señala Jesús de un discípulo:
  1. Versículo 26:

Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo.

La palabra aborrecer en la Biblia tiene dos significados. Uno es sinónimo de odiar. Y el otro, de poner en segundo lugar. ¿En cuál de estos dos sentidos Jesús está usando la palabra aborrecer?

El sentido común nos diría: poner en segundo lugar, pues Jesús nunca nos mandaría a odiar a nadie; menos a nuestros seres queridos. Pero, aun más importante que nuestro sentido común es la versión de Mateo que en el pasaje paralelo dice: “El que ama padre o madre más que a mí, no es digno de mí” (Mateo 10.37).

Entonces, según Jesús, un discípulo es aquél en cuya vida Jesús es el número uno; antes que padre, madre, esposa o esposo; antes que hijos, hermanos, y aun antes que su propia vida.

  1. Versículo 27:

Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo.

Según Jesús, un discípulo es alguien que lleva su cruz y sigue a Jesús.

¿Qué significa llevar la cruz y seguir a Jesús?
Para responder correctamente debemos preguntarnos: ¿Qué significó para Jesús llevar la cruz? Pues lo que significó para él debe significar también para nosotros.

Vayamos al pasaje bíblico que lo explica muy bien: Filipenses 2.8:
“… y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz”.

Así que para Jesús llevar la cruz significó hacerse obediente a la voluntad del Padre hasta las últimas consecuencias, hasta la muerte de cruz.

Para Jesús llevar la cruz significó decir: “Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya” (Lucas 22.42).

Tomar la cruz es renunciar a hacer mi voluntad y aceptar la voluntad del Padre aunque tenga que morir. Ser obediente hasta las últimas consecuencias. Eso es ser un discípulo.

  1. Versículo 33:

Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee,
no puede ser mi discípulo.

¿A cuánto debemos renunciar? A todo lo que poseemos.

Entonces, según Jesús, un discípulo es aquél que renuncia a todo lo que posee. Todo es todo. Ropa, muebles, artículos del hogar, casa, auto, dinero, empresa, propiedades, tiempo, familia, proyectos, planes. Sin olvidarnos nada.

Jesús es nuestro gran modelo. Él renunció a todo lo que tenía e hizo la voluntad del Padre en todos los aspectos de su vida. Y sus discípulos debemos seguir su ejemplo.

Todo esto es una confirmación del evangelio del reino y el señorío de Cristo sobre nuestras vidas. Si Jesús es nuestro Kyrios, debemos obedecerlo y reconocer que todo lo que somos y tenemos le pertenece a él.
Esto cambió el objetivo de nuestro ministerio, y nos llevó a reenfocarnos hacia lo que nos ordenó Jesús, hacer discípulos. Para ello tuvimos que relacionarnos personalmente con algunos y dedicarnos a su formación.

Comprendimos que la palabra discípulo en la práctica significa alumno. Un alumno es alguien que va a la escuela para aprender. Tenemos un libro de texto que son las enseñazas y los mandamientos de Jesús, que están registradas en las Sagradas Escrituras. Entonces un discípulo es uno que se sujeta a todas las enseñanzas de Jesús.


EL ANDAR EN LUZ

Otro aspecto importante a tener en cuenta para que el discipulado funcione es que haya una comunión transparente entre el discípulo y su discipulador. Comprendimos la necesidad de andar en luz, tal como lo señala el apóstol Juan.

1 Juan 1.6:

Este es el mensaje que hemos oído de él, y os anunciamos:
Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él.
Si decimos que tenemos comunión con él, y andamos en tinieblas,
mentimos, y no practicamos la verdad;
pero si andamos en luz, como él está en luz,
tenemos comunión unos con otros,
y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado.

Para que haya comunión debemos andar en luz unos con otros. Esto significa una relación de sinceridad, de transparencia. Es una relación de confianza en la que podemos abrir nuestro corazón y confesar nuestros pecados, tentaciones o debilidades; podemos pedir consejo, orar unos por otros sobre nuestras necesidades específicas. Una relación de amor y verdad, desechando la apariencia y el fingimiento. Es entonces que la sangre de Cristo nos limpia de todo pecado. Y esto es más que perdón, es limpieza, es santificación.


POR LAS CASAS

Con esta nueva comprensión, al leer los primeros capítulos de Hechos de los Apóstoles, pudimos entender por qué la iglesia se reunía en grupos pequeños por las casas, y no se contentaba solo con tener reuniones multitudinarias.

El reunirse por las casas hace posible tener círculos más pequeños de comunión donde podemos conocernos y tener una relación personal con cada uno de los discípulos. La idea no es simplemente tener una reunión casera con el mismo formato que la reunión congregacional. La esencia y la razón de ser de un grupo en el hogar es que sea un grupo de discipulado; esto significa que un hermano más crecido en el Señor es el responsable de un grupo de discípulos para la edificación y formación de ellos.
De este modo la iglesia crece no solo numéricamente sino también espiritualmente. Y los nuevos discípulos, además de sumarse a la reunión congregacional, son integrados en grupos más pequeños de comunión en donde son conocidos, amados, ayudados, ministrados, enseñados, aconsejados; recibiendo allí una atención y una formación personalizada. A la vez son animados e instruidos a ser obreros del Señor, a evangelizar y a discipular a otros en la medida que vayan creciendo en el conocimiento de la palabra de Dios.

Las reuniones multitudinarias son buenas y hermosas pero no son suficientes para la debida edificación de cada discípulo a la imagen de Cristo.

En los primeros años, a estos grupos pequeños que se reunían por las casas las llamábamos “células”. Pues una célula es la parte mínima de un cuerpo. Las células tienen vida, nacen, crecen y se multiplican, tienen un núcleo; y ese término describía bien el funcionamiento y crecimiento de los grupos pequeños. Pero luego cuando llegó el gobierno militar a Argentina (años 70), como la palabra “célula” era muy usada por los guerrilleros, para evitar confusión vimos conveniente evitar el término “células” y comenzamos a llamarlas “grupos de hogar”.


¿QUÉ DEBEMOS ENSEÑAR A LOS DISCÍPULOS?

Muy pronto tomamos conciencia de que para la debida formación de los discípulos necesitábamos un programa de enseñanza.

Jesús al decir: “Vayan y hagan discípulos…”, explicó también el cómo: “Bautizándolos… y enseñándoles a que guarden todas las cosas que yo os he mandado”. Allí estaba el programa de enseñanza: Enseñar a los discípulos todos los mandamientos de Jesús.

Esta clara instrucción de Jesús nos ayudó a entender qué es la didaké. Didaké es una palabra griega, y se refiere a la totalidad de los mandamientos de Jesús y de los apóstoles en el Nuevo Testamento. En las versiones españolas está traducido por “doctrina” o “enseñanza”. En griego: “didaké” o “didaskalía”.

En el seminario donde yo estudié, a una de las materias que nos enseñaban se la llamaba ‘Doctrina Cristiana’, pero en realidad, según su contenido era ‘Teología Sistemática’, que no tiene nada que ver con lo que el Nuevo Testamento llama ‘doctrina’.

El que nos ayudó a entender lo que es la doctrina fue el hermano Keith Bentson.
Con su estilo práctico de enseñar, Keith nos contó que cierta vez alguien le preguntó: “¿Cuál es la doctrina de ustedes?”
Él le respondió: “Nuestra doctrina es que los hijos obedezcan a los padres; que el marido ame a su esposa, y no sea áspero con ella; que ayudemos a los pobres en sus necesidades; que perdonemos al que nos ofende…”
- No, hermano, usted no entendió mi pregunta.
- Sí, lo entendí perfectamente. Usted quiere preguntarme acerca nuestro Credo o de nuestros dogmas. Pero doctrina no es eso. La doctrina son los mandamientos de Jesús y de los apóstoles.


¿Qué es doctrina?

Según el Nuevo Testamento, doctrina es lo que Jesús enseñó en el Sermón del Monte (Mateo 5, 6 y 7); pues al concluir sus enseñanzas Mateo 7.28 dice: Y cuando terminó Jesús estas palabras, la gente se admiraba de su doctrina (didaké).

A estos tres capítulos, Mateo 5 al 7, más que “Sermón del Monte” habría que titularlo: “La doctrina de Jesús”. Doctrina no es teología ni el credo particular de una determinada denominación.

El texto de Mateo 5 comienza así:
Viendo la multitud, subió al monte; y sentándose, vinieron a él sus discípulos.
Y abriendo su boca les enseñaba, diciendo…

Aquí el verbo “enseñar” en griego es “didaskein”. De allí viene el sustantivo didaké o su sinónimo didaskalía. Por eso a veces también se traduce por “enseñanza”. Lo importante es el contenido de la doctrina o enseñanza. Son mandamientos que nos revelan la voluntad de Dios para todos los hombres.

En Juan 7.16-18, Jesús dice:
Mi doctrina no es mía, sino de aquel que me envió. El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios, o si yo hablo por mi propia cuenta. El que habla por su propia cuenta, su propia gloria busca; pero el que busca la gloria del que le envió, éste es verdadero, y no hay en él injusticia.
En el discipulado no tenemos derecho a enseñar nuestras propias enseñanzas o nuestros propios métodos de multiplicación. Discipular es enseñar con toda fidelidad la doctrina de Jesús, que es la doctrina del Padre. Son los mandamientos que nos enseñan a vivir según la voluntad de Dios.

Jesús se vació de sí mismo y se sometió en todo al Padre. En Juan 17.8, le dice al Padre: porque las palabras que me diste, les he dado; y ellos las recibieron.

Hechos 4.42, hablando de los tres mil nuevos discípulos en Jerusalén, dice:

Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles,
en la comunión unos con otros,
en el partimiento del pan y en las oraciones.

La doctrina de los apóstoles era la doctrina de Jesús. Ellos fueron fieles a las instrucciones de Jesús: “enseñándoles a que guarden todas las cosas que yo os he mandado”.
EL KERIGMA APOSTÓLICO

Algunos años después comprendimos que en la formación de los discípulos, junto con la didaké, es indispensable el kerigma.

Jesús, antes de su pasión y muerte, les dijo a sus discípulos (Juan 16.12-14):

Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar.
Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir.
Él me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber.

Según Jesús, la función del Espíritu Santo sería revelar a los discípulos la VERDAD COMPLETA acerca de Jesús. Pablo dice que el misterio de Cristo fue revelado a los apóstoles y profetas por el Espíritu (Efesios 3.5).

Durante el ministerio terrenal de Jesús los doce tuvieron algunos chispazos de revelación acerca de la persona de Jesús. Por ejemplo, cuando Pedro, ante la pregunta de Jesús: “Y vosotros ¿quien decís que soy?”, respondió: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente” (Mateo 16.15-16).
Inmediatamente Jesús le aclaró: “Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos”.
Es decir, esto no salió de ti sino de mi Padre.


El kerigma revela la persona de Cristo

La comprensión que ellos tenían de Jesús era parcial y hasta fluctuante.
A veces creían y otras veces dudaban. Pero la revelación cabal, total acerca de Jesús no la tuvieron hasta que recibieron el Espíritu Santo en el día de Pentecostés. Recién entonces, el velo les fue quitado, y tuvieron el conocimiento pleno de quién es Jesús. El misterio de Cristo les fue revelado. A la proclamación de esta verdad el Nuevo Testamento lo define como Kerigma. Al español está traducido como “predicación”.

La palabra “predicación” en castellano no tiene la misma fuerza ni el significado completo que tiene la palabra griega kerigma. El diccionario de la lengua española dice: “Predicación: acción de predicar”. Pero kerigma no se limita a la acción de predicar, se refiere también al contenido de la predicación.

Hoy hay muchos predicadores que predican sus propios sermones, sus propias ideas, y hasta predican cosas contrarias al kerigma revelado a los apóstoles. ¡Cuidado!

Así como la didaké consiste en mandamientos que nos revelan la voluntad de Dios, el kerigma consiste en la verdad que nos revela quién es Jesús. El kerigma tiene un propósito definido: revelar a Cristo proclamando la revelación que le fue dada a los apóstoles y profetas por el Espíritu Santo.

Debemos predicar el kerigma, y enseñar la didaké.
La función del Espíritu es revelarnos a Cristo para que conozcamos cabalmente quién es Jesús. El Espíritu vino para glorificar a Cristo, para dárnoslo a conocer.

Cuando en el día de Pentecostés Dios derramó el Espíritu sobre los ciento veinte, se reunieron miles de personas; muchos se preguntaban “¿qué es esto?”; otros decían: “estos están borrachos”. Se levantó Pedro y proclamó a viva voz:
“Varones hermanos, estos no están borrachos como algunos suponen, no ven que son las nueve de la mañana. Esto es lo que dijo el profeta Joel: En los postreros días, dice Dios, derramaré mi Espíritu sobre toda carne…”, y Pedro les explicó el fenómeno que ellos acababan de presenciar. Pero a continuación les proclamó el kerigma (Hechos 2.22-36):

Varones israelitas, oíd estas palabras:
Jesús nazareno, varón aprobado por Dios entre vosotros con las maravillas, prodigios y señales que Dios hizo entre vosotros por medio de él,
como vosotros mismos sabéis;
a éste, entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios, prendisteis y matasteis por manos de inicuos, crucificándole;
al cual Dios levantó, sueltos los dolores de la muerte,
por cuanto era imposible que fuese retenido por ella.
Porque David dice de él [en el Salmo 16]:
…
Porque no dejarás mi alma en el Hades,
Ni permitirás que tu Santo vea corrupción.
…
Varones hermanos, se os puede decir libremente del patriarca David, que murió y fue sepultado, y su sepulcro está con nosotros hasta el día de hoy.
Pero siendo profeta, y sabiendo que con juramento Dios le había jurado que de su descendencia, en cuanto a la carne, levantaría al Cristo (al Mesías) para que se sentase en su trono, viéndolo antes, habló de la resurrección de Cristo, que su alma no fue dejada en el Hades, ni su carne vio corrupción.
A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos.
Así que, exaltado por la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís.

Porque David no subió a los cielos; pero él mismo dice [Salmo 110]:
Dijo el Señor a mi Señor:
Siéntate a mi diestra,
Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies.

Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel,
que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis,
Dios le ha hecho Señor [Kyrios, Adonai] y Cristo [Mesías].

Esto es kerigma: Proclamar a Cristo, anunciar quién es Jesús.

Ante semejante revelación los judíos reunidos se desesperaron. ¿Entonces ese hombre, por quien hace 53 días gritamos: “¡Crucifícale, crucifícale!” era el Mesías?
Varones hermanos, ¿qué haremos?
Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo (Hechos 2.38).


El kerigma revela también la obra de Cristo

El kerigma revela no solo la persona de Cristo sino también y la obra de Cristo.

  • La obra de Cristo por nosotros, en su muerte y resurrección.
  • La obra de Cristo en nosotros, por el Espíritu Santo.
  • La obra de Cristo entre nosotros, haciéndonos iglesia.
  • La obra de Cristo a través de nosotros, nuestra misión en el mundo.

Los discípulos necesitan conocer, vivir y comunicar a otros toda la didaké y todo el kerigma. Ambos cosas son indispensables para la transformación de nuestras vidas, familias, comunidades, y para la transformación de las naciones.


lunes, 28 de marzo de 2016

LA ADORACIÓN Y LA DIMENSIÓN DEL ESPÍRITU

TESTIMONIO de lo recibido de Dios en el derramamiento del Espíritu Santo en Argentina a partir del año 1967

Jorge Himitian


Cuando en la década de los sesenta Dios nos visitó con su Espíritu Santo, después de la novedad del bautismo del Espíritu, el hablar en lenguas, las profecías, los dones del Espíritu, lo primero que el Señor instaló entre nosotros fue la adoración. Lo cual era algo nuevo aun para las iglesias pentecostales. Por esa razón este será el primer tema que nos hemos propuesto abordar en esta serie de reuniones mensuales para pastores y esposas.

Mi presentación no será un estudio bíblico sobre el tema, sino un testimonio de lo que Dios hizo en nuestra generación. Mi objetivo es compartirles con mucha sencillez lo que recibimos de Dios, a fin de que las nuevas generaciones reciban de primera mano y no pierdan la esencia de la que vino de parte de Dios.


Introducción

Proverbios 29.18 dice: "Sin profecía el pueblo se desenfrena".
O como dice la NVI: "Donde no hay visión, el pueblo se extravía".
Por eso desde tiempos antiguos Dios se comunicó con su pueblo. Hebreos 1.1 y 2 dice:

"Dios habiendo hablado muchas veces y de mucha maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo… "

El Hijo es la revelación plena de Dios. Darse a conocer a sí mismo como el Mesías, el Hijo del Dios viviente, fue lo más importante que Jesús reveló a sus discípulos (Mateo 16.16). Y esto conlleva la maravillosa revelación de Dios como Padre. El Unigénito del Padre vino a fin de que su Papá llegue a ser nuestro Papá.

Además, mediante su ejemplo y sus enseñanzas les comunicó la doctrina (didaké) del Padre, la voluntad del Padre para todos los hombres.

Después de estar tres años con sus discípulos, en sus últimos días les dijo:

"Todavía tengo muchas cosas que decirles, pero ustedes no las pueden comprender ahora. Cuando venga el Espíritu de la Verdad, él los introducirá en toda la verdad, porque no hablará por sí mismo, sino que dirá lo que ha oído y les anunciará lo que irá sucediendo. El me glorificará, porque recibirá de lo mío y se lo anunciará a ustedes". (Juan 16.12-14 – BPD)

Y así sucedió. Cuando vino el Espíritu Santo los apóstoles recibieron la visión completa del Hijo de Dios, y del propósito eterno de Dios. El Espíritu comenzó a revelarles el misterio de Cristo y de la iglesia. En Efesios 3.5, Pablo escribe:
"Misterio que en otras generaciones no se dio a conocer a los hijos de los hombres, como ahora es revelado a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu: "

Por eso cada vez que acontece un avivamiento, una irrupción del Espíritu en la historia, el Espíritu generalmente trae revelación. No una nueva revelación que no haya sido dada a los apóstoles y profetas del primer siglo, sino que Dios derrama espíritu de sabiduría y revelación para que comprendamos lo que ya había sido revelado por Cristo y por el Espíritu Santo a los profetas y apóstoles del primer siglo; revelación que, gracias a Dios, la tenemos registrada en las Sagradas Escrituras, principalmente en el Nuevo Testamento.


Los dos grandes derramamientos del Espíritu en el siglo XX

El primero ocurrió a comienzos del siglo pasado, lo que dio lugar al surgimiento del movimiento pentecostal, que llegó a ser el movimiento religioso de más rápido crecimiento en la historia contemporánea. Luego, en la década de los 60, hubo un nuevo derramamiento del Espíritu en muchos lugares del mundo, con características un poco diferentes al anterior. Fue conocido como movimiento carismático o de renovación. Esta vez abarcó a casi todas las denominaciones tradicionales evangélicas, y aun a los católicos.

Ese segundo derramamiento también ocurrió entre nosotros en Argentina. Algunos de los que estamos hoy aquí, por la gracia de Dios, somos de los primeros que fueron alcanzados por esa ola del Espíritu.


El cuadro de las iglesias evangélicas en la década del 60’

Isaías 44.3, describe muy bien lo que sucedió en nuestra generación.

"Porque yo derramaré aguas sobre el sequedal, y ríos sobre la tierra árida; mi Espíritu derramaré sobre tu generación y mi bendición sobre tus renuevos".

En aquellos años en Argentina los evangélicos éramos aproximadamente el 1% de la población. Las iglesias, que se habían establecido gracias a la bendecida y fecunda labor de los misioneros, al desaparecer la mayoría de esos pioneros, estaban pasando un tiempo de sequedad y aridez espiritual. En general se había entrado en una cierta rutina, siempre se oraba de la misma forma, se cantaban de la misma forma, se predicaba de la misma forma, prácticamente se sabía como iba a ser cada reunión.

Sin embargo, en un considerable número de hermanos había sed espiritual. Aunque hubo algunos brotes por aquí y por allí, en general se sentía la necesidad de un avivamiento. Por eso pegó muy fuerte ese coro que decía:

Hazme volver al río de Dios.
Hazme beber de tu río, Señor.
Hazme vivir por el río de Dios.
Hazme volver, hazme beber, hazme vivir.

En 1964, yo tenía 23 años de edad, y estaba muy activo en la obra, pero tenía una gran sed espiritual, buscaba casi desesperadamente ser lleno del Espíritu Santo. Mi búsqueda duró 18 largos meses. Y una noche, frustrado y queriendo dejar todo, orando con lágrimas en mi cuarto, Dios me habló. Me dijo -como quien le sopla un secreto a un amigo al oído- : “Es un don”. Yo había equivocado el camino, pues estaba buscando el premio del Espíritu Santo, que como resultado de mi auto-santificación llegaría el día en que Dios me premiaría con la llenura del Espíritu. ¡Qué revelación fue cuando Dios me dijo: “Es un don”! Estaba de rodillas orando al borde de mi cama, y me invadió tanta paz que me quedé dormido. A la mañana siguiente al despertar, le dije: Señor, si es un don (un regalo), ahora mismo lo voy a recibir. Y allí en mi cuarto aquella fría mañana de Julio 1963, el Señor me llenó con su Espíritu Santo.

Y así, aquí y allá, de diferentes modos y circunstancias, otros hermanos y pastores iban siendo llenos del Espíritu. Keith Bentson y su esposa, Alberto Darling, Iván Baker, Augusto Ericsson, Jorge Pradas, y muchos otros. Al principio la mayoría eran de los hermanos libres; y luego se extendió a pastores y hermanos de todas las denominaciones. Y alabábamos a Dios en nuevas lenguas. A pesar de haber tenido la mayoría de nosotros una fuerte formación anti-pentecostal.

Yo solía leer la Biblia de corrido en mis devociones personales, y recuerdo que en esos días estaba leyendo los profetas menores. ¡Uf, los profetas menores… qué aburrido! Estaba deseando llegar cuanto antes al N.T. Pero cuando recibí la unción del Espíritu, ¡los profetas menores se transformaron para mí en el Nuevo Testamento! La palabra cobró vida. Dios me hablaba. ¡Cómo se transformó mi tiempo de oración! Allí comprendí que para orar no era necesario cerrar los ojos. Aprendí a orar con los ojos abiertos y con la Biblia abierta. Orar la palabra, proclamarla, alabar con la palabra. Y así comencé a recibir revelación sobre la palabra. Se encendían las luces. Todo era nuevo. Era tal el gozo que después de un par de semanas comencé a hablar en nuevas lenguas, sin saber que eso era hablar en lenguas. No lo supe por meses. Desde mi interior brotaban alabanzas a Dios que sobrepasaban mi entendimiento y toda expresión conocida. Era un río. La comunión con Dios se volvió algo apasionante.

Lo mismo les sucedía a otros pastores y hermanos; y cuando nos juntábamos compartíamos la revelación que cada uno iba recibiendo de parte de Dios.
Se abrió así una nueva dimensión en nuestras vidas: LA DIMENSIÓN DEL ESPÍRITU.


La dimensión del Espíritu

Antes de esta experiencia nuestras reuniones habían caído en una rutina. Siempre de la misma forma. Se comenzaba cantando un himno; luego una oración; después otro himno; los anuncios, el mensaje, otro himno, la oración final, y a casa.

Cuando le damos libertad al Espíritu cada reunión es diferente. Pero lo más importante en cada reunión es experimentar aquello inefable que es la presencia de Dios.

Yo recuerdo que antes solíamos usar el versículo de Mateo 18.20 en las reuniones donde asistía poca gente, como un consuelo, diciendo: Hermanos aunque hoy seamos pocos, el Señor dijo: "donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos".

En cambio una reunión en la dimensión del Espíritu se transforma en un encuentro con Dios; porqué el Señor está presente y cada corazón lo siente, lo experimenta, lo vive. La fe se vuelve viva. La palabra cobra vida. El Espíritu se mueve.

Antes estábamos dominados por la dimensión de la mente. Occidente se caracterizaba por la dimensión racional, el conocimiento intelectual. La mente prevalecía sobre el Espíritu. Pero el derramamiento del Espíritu nos llevó a otra dimensión, a la dimensión del Espíritu; nuestro espíritu lleno del Espíritu de Dios. Y todo fue cambiando, todo fue transformándose.


Cantar en el espíritu

Aprendimos a cantar en el espíritu. Coros muy sencillos. Uno de esos coros decía:

Oh, Dios es bueno.
Oh, Dios es bueno.
Oh, Dios es bueno.
Dios es bueno para mí.

Recuerdo que Orville tomaba el acordeón y nos enseñaba a cantar en el Espíritu y adorar al Señor. Nos decía: El Señor está aquí. Cántale a él. Cierra tus ojos, o ábrelos, si quieres, pero cántale a él. Canta con el corazón. No simplemente con tus labios. Lo que cantas que fluya desde tu espíritu. Por allí se veía a una hermana que después de cantar una, dos o tres veces la misma canción, comenzaba a decir con sus propias palabras: ¡Señor tu eres bueno para mí…! y se le caían las lágrimas. Y otro más allá de rodillas diciendo: ¡Señor, siento tu amor, siento tu amor en mí...! Y así las reuniones fueron cambiando su formato, y entrando en otra dimensión: LA DIMENSIÓN DEL ESPÍRITU.

O este otro coro:

Maravilloso es él, maravilloso es él,
Maravilloso es él, Cristo el Señor…

Cuando aprendimos a cantar en el espíritu, Orville, algún tiempo después, nos enseñó a cantar los grandes himnos que la iglesia cantó en años y siglos anteriores.

A ti, Señor, Omnipotente Dios,
Con humildad alzamos hoy la voz;
- - -

¡Santo! ¡Santo! ¡Santo! Señor Omnipotente,
Siempre el labio mío loores te dará…
- - -

De Jesús el nombre mis labios nunca callen;
El lirio es del valle, estrella del albor,
Es el Rey de gloria, y en mi corazón
De su amor la historia, por siempre es mi canción.

Es un canto de libertad…
- - -

Oh, Dios eterno, tu misericordia
Ni una sombra de duda tendrá;
Tu compasión y bondad nunca fallan,
Y por los siglos el mismo serás.

¡Oh, tu fidelidad! ¡Oh tu fidelidad!
Cada momento la veo en mí,
Nada me falta, pues todo provees.
¡Grande, Señor, es tu fidelidad!


Cantar la Palabra

En esta nueva dimensión del Espíritu surgió una nueva himnología. Comenzamos a cantar la palabra. Cantar las gloriosas verdades de la palabra de Dios.

Salmo 23.
Jehová es mi pastor nada pues me faltará…

Isaías 44.6
Así dice Jehová.
Así dice tu Redentor:
Yo soy el primero,
Yo soy el postrero,
Y fuera de mí no hay Dios.

Efesios 1.3-14
Bendito sea el Padre, de nuestro Salvador,
Que nos ha bendecido con toda bendición.

¿Qué es lo que acciona el espíritu? La fe. La fe en la palabra.
Cuando yo creo la palabra con todo el corazón, y la canto, es entonces que entró en la dimensión del espíritu. Porque con el corazón se cree para justicia, y con la boca se confiesa para salvación.

¿Creo que Jehová es mi pastor, y que nada me faltará?
¿Creemos que el Padre nos ha bendecido con toda bendición espiritual?
Si lo canto sin creer, no pasa nada. Pero si lo canto creyendo cada palabra, me fortalezco, soy renovado en el espíritu de mi mente, soy transformado.

Y llega un momento que ni las palabras nos alcanzan. Desbordamos, nos brotan nuevas lenguas, queremos danzar, queremos volar… casi somos transfigurados.
Y en este ambiente de fe, de presencia de Dios, vienen las profecías, se manifiestan los dones, ocurren milagros, visiones, revelaciones. Sabemos que adoramos a un Dios vivo, real, cercano, presente. Que habla, que sana, que liberta, que salva, y que hace maravillas.


Adoración

Antes sabíamos cantar, orar, predicar, enseñar. Pero no sabíamos lo que era adorar. Yo pensaba que adorar era cantar algún himno que incluyera la frase “Te adoramos…” No tenía idea. Dios es espíritu, y los que le adoran es necesario que lo hagan en espíritu y en verdad. Solo se puede adorar en la dimensión del Espíritu. Adorar es postrarse delante de alguien que está presente, es postrarnos ante la majestad de Dios. Adorar es encontrarse con Dios y rendirle máxima reverencia, gloria, honra, amor; es entregarnos por completo; es darle todo a él. Es reconocer que todo es suyo, y entregárselo de corazón. Es reconocer su grandeza y humillarnos ante Él reconociendo nuestra pequeñez. Adorar es besar el suelo, el polvo, reconociendo que somos polvo, nada, y que todo viene de él.

Tuya es, oh Jehová, la magnificencia y el poder.
Tuya también la gloria, victoria y el honor.
Tuyos los dominios, oh Jehová,
Y tú eres excelso sobre todo. (1 Crónicas 29.11)
La antesala de la adoración es la contemplación, y la contemplación nos lleva a la admiración, nos quedamos embelezados por él, maravillados por su majestad, su poder, su reino, su fidelidad, su firmeza. Somos conmovidos por su amor, su misericordia, su gracia, su fidelidad, su hermosura. Vienen las lágrimas, el gozo. Experimentamos lo inexplicable, lo inefable, en la adoración entramos en la esfera de la eternidad.

Cristo, Cristo, Cristo,
Nombre sin igual para mí que encanta el corazón.
Cristo, Cristo, Cristo,
A tu amor me rindo en sincera adoración.
- - -

Cristo, Cristo, Cristo es tu nombre sin igual.
Amo, Maestro, Cristo; cual fragancia tras la lluvia.
Cristo, Cristo, Cristo; te proclame todo ser.
/Reyes y reinos pronto pasarán,
Mas tú permanecerás. /


El Espíritu es creativo, siempre es nuevo, crea nuevas canciones, nuevas expresiones. Pero hay veces que para expresar lo que sentimos usamos una sola palabra: ¡Aleluya! Y la repetimos no se cuántas veces. Es que no es simplemente una palabra, con los ojos de la fe estamos viendo a Dios en su trono, en su majestad, en su gloria, y le decimos: ¡Aleluya! ¡Aleluya! ¡Aleluya! Cada nuevo ʹAleluyaʹ, no es una repetición, es un nuevo ¡Aleluya! Es como el río. Es el mismo río, pero las aguas que corren no son las mismas, son siempre nuevas.
El que no conoce la dimensión del Espíritu, no entiende esto, piensa: Qué aburrido… Repiten y repiten la misma palabra. Pero al que está viendo a Dios, no le resulta nada aburrido, más bien quiere que ese momento no se acabe nunca. El Espíritu nos conecta con la dimensión celestial, con el trono de Dios, con la multitud de ángeles que le alaban en la dimensión eterna.


La esencia que no podemos perder.

Luego vinieron nuevos coros y también nuevos instrumentos. Al acordeón le agregamos una guitarra; después el órgano electrónico, la trompeta... Más adelante, con el avance de la tecnología vinieron los teclados, sintetizadores, baterías, guitarras eléctricas, bajos, etc. Todo está bien. El Salmo 150 cobró vida, "alabadle con cuerdas y flautas, alabadle con címbalos resonantes…"

Pero hay un peligro sutil: quedarse con las nuevas formas, el nuevo estilo, la nueva himnología, y perder la esencia.
¿Cuál es la esencia? La presencia de Dios; el Espíritu; el encuentro con Dios.

Si está la esencia, y queremos agregarle 120 instrumentos y armar una orquesta sinfónica, podemos. Sería maravilloso. A mí me encanta. El peligro es que una buena orquesta o una banda con 5, 10 ó 15 buenos músicos y buenas voces, suena muy bien, y casi pareciera que no necesitamos al Espíritu Santo. Es muy fácil quedarse con la forma y perder la esencia.

Hoy la mayoría de las Iglesias Evangélicas de América Latina y del mundo ha renovado sus instrumentos y su himnología. Hoy hay más profesionalidad, canciones muy lindas y modernas, ejecutantes y cantantes excelentes en muchos casos, pero ¿Dónde está el Espíritu; el mover del Espíritu Santo en la reunión? ¿Qué lugar le damos al Espíritu para hacer y decir lo que Dios quiere a su pueblo?
Eso es lo que no podemos perder, lo que no podemos dejar. Eso es lo que Dios ha restaurado, su presencia en medio de su pueblo, la gloria de Dios llenando su casa.


En el lugar santísimo

Qué maravilloso es saber que el velo ha sido roto; que tenemos libertad para entrar al lugar santísimo, a la misma presencia de Dios.

Uno de los primeros coros que cantábamos en la casa de Alberto Darling fue:

Aleluya, aleluya,
Tras el velo penetré y su gloria allí hallé.
Aleluya, aleluya,
Hoy yo vivo en la presencia de mi Rey.
Antes el sacerdote solo podía entrar hasta el lugar santo. Pero cuando Cristo murió el velo se rompió.

En el A.T. el santuario era algo visible, algo material; ya sea el tabernáculo o el templo. La gente lo podía ver con los ojos físicos. Todo lo cual era una mera figura del santuario invisible: el santuario celestial, de la verdadera presencia de Dios.

Hebreos 12 dice: "Ustedes no se han acercado al monte que se podía palpar, al fuego, al sonido de la trompeta… ustedes se han acercado al monte de Sión, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial…"

Es decir, no se han acercado a la dimensión material, sino a la dimensión espiritual…

Todo eso que en A.T. se podía ver, palpar, oler, percibir por medio de los cinco sentidos era solo una maqueta del verdadero santuario.

En cambio ahora tenemos acceso a ese santuario que está en la dimensión del espíritu. Ahora por la fe vemos al Invisible; contemplamos al Rey de los siglos; entramos al santuario celestial en plena certidumbre de fe; y vemos a Aquel que está sentado en el trono, y al Cordero. Nos unimos al coro celestial y con ellos adoramos cantando:

Al que está sentado en el trono,
Y al Cordero, sea la alabanza,
Y la honra, y la gloria y el poder,
Por los siglos de los siglos. Amén.
La letra de esta alabanza esta tomada literalmente de Apocalipsis 5.13. La música la compuse yo; pero en realidad yo no la compuse, yo la escuché en mi espíritu mientras adoraba a Dios en la sala de mi casa con la Biblia abierta en este capítulo, estaba leyendo y adorando, cuando escuché esta melodía cantada con las palabras del versículo 13. Tomé la guitarra y comencé a cantarla yo también.


Espíritu de sabiduría y de revelación

Pablo escribiendo a los efesios dice: Les escribo esta carta, pero mientras lo hago, ruego a Dios, "el Padre de gloria, que les de espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él, alumbrando los ojos de vuestro corazón para que sepan cuál es la esperanza a la que él los ha llamado…" (Efesios 1.17-18). Era importante escribirles la carta, pero no era suficiente; por eso oraba pidiendo que ocurriera en ellos esta obra sobrenatural que se llama ʹrevelaciónʹ.

Cuando en el espíritu entendemos a Dios, lo conocemos, comprendemos su voluntad, se abre en nuestras vidas y en la vida de la iglesia una nueva dimensión de las abundantes riquezas de gloria y del poder sobrenatural que tenemos en Cristo Jesús.
Así la palabra se torna viva; y por la revelación vemos lo que Dios ve; oímos lo que Dios dice; experimentamos los que Dios nos ha dado; y somos transformados a su imagen y semejanza.

La iglesia de occidente había quedado atrapada, limitada a la dimensión de la mente, del conocimiento intelectual, pero este mover del Espíritu vino para introducirnos a esta esfera del conocimiento espiritual, que no es nada extra bíblico, sino por medio de la Palabra registrada en la S.E. No queremos nada fuera de la Palabra, menos contra la Palabra, pero la Palabra con el Espíritu se hace luz, cobra vida; y nuevamente el Verbo (la Palabra) se hace carne, esta vez en nosotros.

Conclusión

El primer punto de la visión es este: ʹla dimensión del Espírituʹ. Todo lo demás va a funcionar, si funcionamos en esta dimensión.

Yo soy del siglo pasado, disculpen los más jóvenes que he usado himnos y canciones de hace varias décadas, es que son los que domino y conozco. Para nada estoy pretendiendo que volvamos a las canciones de hace 30, 40 ó 50 años, -aunque el buen maestro saca de su tesoro cosas viejas y cosas nuevas-. Lo importante es que no perdamos la esencia; y si la perdimos, procuremos recuperarla. Que volvamos a la sencillez, al primer amor, al Espíritu, a la presencia de Dios.

La esencia siempre se expresará en formas concretas y exteriores; pero quedarnos con las formas, aunque sean más lindas y agradables, sin la esencia, es solo apariencia. Y todo lo religioso y litúrgico suele correr ese riesgo.

Prioricemos al Espíritu Santo en todo.

Hazme volver al río de Dios,
Hazme beber, de tu río, Señor,
Hazme vivir por tu río, Señor,
Hazme volver, hazme beber, hazme vivir.


viernes, 11 de marzo de 2016

Heridos.

 Sal. 9:19 Levántate, oh Jehová; no se fortalezca el hombre;

¿Puede bendecir Dios a un hombre si primero no lo debilita o hiere?

Como Dios puede hacer reposar su bendición sobre un hombre, sin quebrar previamente sus aspiraciones egocéntricas.

Las fuerzas gravitatorias del egoísmo humano, inclinan sus pensamientos y sus caminos hacia sí mismo, el orgullo como elemento casi indetectable al auto considerarnos, como resbaladiza anguila se esconde en los recovecos del alma, y desde allí como una silenciosa enfermedad, genera toda una sintomatología de comportamientos variados, muchas veces camuflados de piedad, servicio y buena voluntad.

Si no somos heridos por la palabra viva, que parte el alma y el espíritu y discierne las verdaderas intenciones del corazón, sino no somos escudriñados por aquel cuyos ojos son como llama de fuego, permanecemos en nuestra ignorante ceguera, caminando con rumbo oscilante, engañándonos solo a nosotros mismos y a los ingenuos, pues a Dios no podemos engañar, ni los hombres que poseen verdadero discernimiento.

Heridos por la palabra instrumentada por el Espíritu, pues aún las circunstancias que nos afligen, pueden ser entendidas arbitrariamente, de  tal modo que a veces se le pueden dar los giros interpretativos para suavizar la autocrítica.

Hebreos 4:12
Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.


Háblanos Padre, hierenos con tu palabra viva, líbranos de nuestros propios caminos que siempre nos alejaran de tu amor.

Claudio Lancioni

sábado, 5 de marzo de 2016

Breve reflexión Marcos Moraes.

Hubo un tiempo en que era practicado el mal... Pero en SECRETO. Pablo dijo: "lo que hacen en oculto, sólo mencionarlo es una vergüenza."

Entonces llegó un momento en que ya no era más necesario practicarlo en secreto. El mal comenzó a ACEPTARSE abiertamente.

Podría empeorar?...  Si.
Pensábamos que no, pero estábamos equivocados!
Llegó el momento en que empezó a ENSEÑARSE el mal…
…a los niños.

Podría empeorar?... Increíblemente sí.
Llegará el momento en que el mal comience a ser OBLIGATORIO.

Se va a poner peor? Creo que si.
Llegará el momento que, quien no PRACTIQUE el mal, será perseguido.
Yo quiero el cielo...

Jesús vuelve pronto!!!
Maranatha!
Necesitamos:
Aborrecer el mal. 


Abandonar todas las formas del mal.
Predicar exponiendo el mal.
Liberar a nuestros niños y jóvenes de cualquier tipo de mal.
Prepárese para ser odiado y perseguido por el mal.
Desear el bien; que no es otra cosa, que el momento en que nuestro Señor se levante sobre la tierra.
Pero yo conozco a mi Defensor; Él vive y al final saldrá victorioso sobre los que son polvo,
incluso después de que se haya pelado toda mi piel;
 en carne viva veré a Dios.

Quiero ver a Dios por mí mismo;
verlo con mis propios ojos,
y no con los ojos de alguien más;
aun cuando se me hayan agotado las fuerzas.
Job 19:25-27

Marcos Moraes, Enero de 2016.

lunes, 15 de febrero de 2016

La religiosidad - Marcos Moraes


(Transcripto y adaptado por Mauricio Volpi)    

¿Qué hay de semejante entre las parábolas que vamos a leer? ¿Qué es lo que tienen en común? ¿Qué es lo que estas parábolas indican?
Mateo 13.1-9/18-23
Mateo 13.24-30/36-43
Mateo 13.47-50

Luego leemos Génesis 4.1-7
¿A quién Caín estaba sirviendo? ¿Qué tiene que ver Caín con las parábolas que Jesús habló?
Lo que las parábolas que leímos tienen en común, no tanto la primera más bien las últimas dos, es que se refieren a los últimos tiempos, el tiempo que precede a la venida del Señor. Jesús está diferenciando lo bueno de lo malo. Entrando aun mas en el espíritu de estas parábolas podemos ver que en la iglesia hay dos clases de personas que están juntas, como mezcladas, el trigo y la cizaña estaban juntos y en la red hay toda clase de peces. Sabemos que en el mundo están los inconversos y que en la iglesia están los cristianos pero dentro de la iglesia hay también una diferenciación porque hay personas que simulan, son semejantes o aparentan tener un manto de trigo pero por dentro no lo son y al final de los tiempos se va a notar esta diferenciación.

¿Cómo podemos relacionar a Caín con estas parábolas?
Vamos a darle un nombre a lo que estamos analizando y el titulo es RELIGIÓN. La Biblia habla de muchos temas de principio a fin, habla del comienzo al fin del Reino de Dios, del comienzo al fin trata de la redención, del comienzo al fin trata de un romance, la biblia también habla del principio al fin del problema de la religión. ¿Dónde empezó la religión? Empezó ahí con Caín, con Caín se mostró esta tendencia del hombre a la religión. ¿Cómo terminó Caín? ¿Cuál fue el fin de Caín? ¿Fue bajo la gracia o bajo la maldición? Caín terminó muy pero muy mal… Pero? ¿Dónde empezó esta historia para que Caín termine tan mal? Es importante entender esto! Porque dice la Biblia que todo esto empezó con Caín sirviendo no al diablo sino a Dios, el verso 3 lo dice: trajo del fruto de la tierra una ofrenda al diablo?, trajo del fruto de la tierra una ofrenda para sí mismo? NO!!! A quien pensaba, intentaba, buscaba servir Caín? A Jehová nuestro Dios! Es muy importante entender, comprender esto. Aun mas en estos días que vivimos! En donde uno puede decir voy a servir al Señor y terminar en maldición, porque así fue la historia de Caín. ¿Qué hubo acá? ¿Qué ocurrió acá? Muy sencillo, porque esto de sacrificar animales ya estaba establecido. ¿Quién fue el primero en sacrificar un animal? Dios fue el primero, porque estaban Adán y Eva cubierto con hojas que eran fruto de la tierra y Dios dijo no, esto no los tapa, esto no les sirve y los cubrió con pieles de animales. Y qué tuvo que hacer Dios con los animales para sacarles la piel? El primero en matar un animal en sacrificio fue el propio Dios y esto, por supuesto, fue establecido en los primeros días, con toda certeza Adán recibió esta enseñanza y la pasó a sus hijos. Acá habla de un contraste que hubo, pero Abel no fue el primero en establecer el sacrificio de animales, NO, porque Dios fue el primero que lo hizo, con toda certeza se lo enseñó a Adán y Adán se lo enseñó a sus hijos, pero uno de ellos era muy sabio, muy inteligente, tenía mucho, tanto que hasta podía enseñar a Dios y una vez pensó: -este Dios ya debe estar cansado pero muy cansado de estos sacrificio, todas las veces hay que agarrar un animal y atarlo y degollarlo y la sangre salta para todos lados y no me gusta la sangre, y después hay que poner esto a quemar y ese humo que sube… De esto Dios ya debe estar cansado yo voy a ofrecer algo nuevo, Abel y Adán van a ver como es la cosa, voy a enseñarles a ellos como se sirve a Dios y voy a llevar una cosa que el Señor se va a quedar encantado. Y ahí empieza la religión. Toda la desgracia de Caín empezó con Caín sirviendo a Dios a su manera, con su propio criterio, con su iniciativa, con su sabiduría, con sus pensamientos. ¿Y qué dice que sucedió? ¿Qué pensó Dios? “pero no miró con agrado a Caín y a la ofrenda” no me gustó esta ofrenda y tampoco no me gustó el ofertante… A los dos repudió el Señor, a la ofrenda y al ofertante. 

SOLAMENTE AQUELLO QUE EMPIEZA EN DIOS PUEDE SER AGRADABLE A DIOS. 

Nada de lo que empieza en el hombre puede agradar a Dios. Nunca! Jamás! Y estaba Dios desagradado con la ofrenda de Caín y con Caín, y lo dijo y ahí se manifiesta el corazón de Caín. Podemos errar con el Señor? Podemos!! Y el Señor es longánimo!! Podía Caín haber dicho Señor yo quería agradarte, yo te amo y no te agradé, perdóname y enséñame cómo agradarte. Pero esta no fue la reacción de Caín porque se ensañó Caín en grande manera y decayó su semblante, estuvo descontento Caín y ahí se revela el corazón de él, porque no quería agradar a Dios él quería ser grande delante de Dios, quería hacer grandes cosas y descubrió que no era y que Dios no le consideró gran cosa y ahí se enojó. No estaba queriendo agradar a Dios, ahí se descubre que estaba queriendo agradarse a sí mismo y ahí empieza la religión.

La religión tiene como bases estas premisas, primero servir a Dios, segundo según el hombre. Esto es religión, servir a Dios como quiero yo y Dios dice: “no me agrada no me interesa”.
Para comprender mejor tenemos que ir del principio al fin, así que ahora vamos a lee:
Apocalipsis 21.9-23
Dijimos que la Biblia habla de principio a fin de muchas cosas y lo que estamos viendo ahora es la cuestión de la religión y la religiosidad. Nunca hubo un tiempo más importante de entender esto como ahora porque esta cosa llamada religión nunca fue tan fuerte como hoy! En el pasaje que terminamos de leer hay muchas figuras, muchos símbolos pero hay algo que es central y es la demostración de la victoria de Dios no solamente sobre el mundo, no solamente sobre el diablo sino más bien la victoria de Dios sobre la religión, ¿de qué manera? Primero tenemos que ver bien los vv. 9 y 10 donde viene este ángel y le dice a Juan “te voy a mostrar la desposada, la esposa del cordero, ¿Quién es la esposad del cordero? La iglesia. ¿Qué fue el ángel a mostrarle a Juan? La iglesia. 

Tenemos que tener esta claridad porque se podría interpretar que esa ciudad de calles de oro sería donde viviríamos, NO! Acá no habla de la ciudad donde vamos a vivir acá habla de nosotros mismos, habla de las características de la iglesia. La ciudad es la iglesia misma, el ángel dice te voy a mostrar la esposa del cordero y sale hablando de una ciudad, pero esta ciudad no es el lugar donde la iglesia va a vivir, esta ciudad es la iglesia misma y hay un lenguaje acá de metáforas y simbolismos como todo el libro de Apocalipsis. Acá se describe a la iglesia como una obra completa ya terminada por Dios, la iglesia santa, sin mancha, pura porque dice el Señor que esta va a ser la iglesia que va a buscar. Y cuando empieza a hablar de la iglesia en términos simbólicos habla de una ciudad y empieza a hablar muchas cosas: habla de las puertas un poquito, habla de la gloria de Dios en ella, pero hay una cosa que es lo que más repite y todo el tiempo vuelve a hablar de esta cosa y lo que más habla acá es a cerca del muro. El muro está en el verso 12 (tenía un muro grande), en el verso 14 (el muro de la ciudad), en el verso 17 (y midió su muro), en el verso 18 (el material de su muro), en el verso 19 (y los cimientos del muro). –mirá (le podía preguntar Juan a este ángel) me vas a mostrar la ciudad o me vas a mostrar el muro? ¿Quién se interesa por el muro? Dios se interesa por el muro!! Dios nos está diciendo acá que la parte más importante de esta ciudad es el muro y está en el corazón de Dios esta muralla (Marcos aclara que es una muralla en portugués) y por qué es tan importante esta muralla? Porque la muralla es el fin de la religión, la muralla significa separación clara, definida, o estás a dentro o estás afuera. Nadie puede estar arriba del muro, porque la muralla es alta. Y este muro no permite que haya un reino intermediario que es la religión.

Vamos a entender que es la religión. Acá estamos en el reino de las tinieblas y viene el Señor y pone el reino de la luz y el diablo no lo puede sacar, no tiene como sacarlo no tiene herramientas para sacarlo, pero tiene una estrategia, pone ahí al lado algo semejante, algo que sería reino de la penumbra, algo que está en el medio. No es tiniebla, hay algo de luz pero no me sean radicales por favor! Donde es la luz perfecta brillando donde todo es Dios y Dios es todo, esto es demasiado! Podemos tener un poquito ahí de las dos cosas… y esto es lo que Dios mas abomina, Dios abomina mas este reino de las penumbra que el reino de la tinieblas, porque del reino de las tinieblas se puede sacar uno, pero del reino de la penumbra es más difícil porque uno está ahí feliz, porque uno está ahí como Caín sirviendo a Dios. El que está en el reino de las tinieblas está sirviendo a Satanás y uno le muestra y entiende que está mal, pero el que está en el reino de la penumbra está como Caín sirviendo a Dios y Dios tiene mucha dificultad de sacarlo de ahí por eso esto es lo que Dios más abomina. Y hay una lucha de Dios en toda la Escritura contra el reino de las tinieblas y contra esto que no es reino de las penumbra porque reino de las penumbras no existe, pero es un reino de las tinieblas disfrazado de reino de la luz que nace en los corazones del hombre mismo, ¿quién le enseñó esto a Caín? Caín! ¿Quién le enseñó a Caín a hacer religión? Caín mismo. Esto nace en el corazón del hombre porque el hombre quiere una cosa más acomodada, el hombre no quiere estar perdido y cuando ve que en el reino de las tinieblas está perdido quiere salir de ahí, pero cuando mira las condiciones del reino de que tiene que entregarlo todo no le gusta y dice en su interior Señor casi todo pero todo no y ahí pone el reino de él, de la ilusión, del engaño y Dios abomina esto. 

En el Antiguo Testamento hay una historia entera para mostrar la importancia que Dios da a esto, esta separación clara, Nehemías. Hay toda una historia para mostrar la importancia de una muralla, Nehemías está como copero del rey Artajerjes y se entera de la noticia de que la ciudad de Jerusalén está asolada y que el muro estaba destruido. ¿Y qué va a hacer Nehemías? Todo el libro de Nehemías cuenta de reconstrucción del muro. Este lenguaje era muy entendido por las personas de esa época porque ninguno estaría seguro viviendo en una ciudad sin muralla porque el enemigo podía entrar fácilmente, la parte más importante de la ciudad era la muralla porque era la protección contra los enemigos. El enemigo de Dios, el enemigo nuestro sabe de esto y lo que el más odia es la muralla. El libro de Nehemías cuenta de que Nehemías recibe bendición de Dios por medio del rey, el rey impío le dio todas las condiciones de ir a Jerusalén para hacer la reconstrucción de los muros y después todo el libro de Nehemías habla de esta reconstrucción y de la lucha por esa reconstrucción. En esa lucha había dos religiosos (por así decirlo) y algunos compañeros más, ahí estaban Tobías y Sanbalat, y se pusieron en contra de la reconstrucción del muro y es interesante saber que Tobías y Sanbalat no eran del pueblo de Dios ninguno de los dos era israelita pero vivían en Israel, y así está Israel (la iglesia) hoy como la parábola del trigo y de la cizaña. En aquel tiempo estaban los que no eran del pueblo de Dios pero estaban viviendo con el pueblo de Dios y no querían la muralla y hoy también están en la iglesia los que no son en el corazón hijos de Dios pero están y están adentro de aquello que Jesús llama el reino y que después quedan fuera del reino son sacados fuera porque estaban pero nunca estuvieron, son lo que quieren que no se construya el muro y dicen: -no por favor no me hables de estas cosas radicales, no me hables de esta separación.

¿Cuál es el significado de la palabra iglesia? Iglesia del griego eclesia que significa sacados para afuera ¿afuera de qué? Del mundo! Llamados para afuera y cuando Dios los llama pone un muro y dice: -acá está la separación, de acá para acá Reino y de acá para allá tinieblas. Y viene el diablo y quiere destruir esta muralla por medio de Caín, por medio de pensamientos del hombre, por medio de ideas del hombre. Al hombre no le gusta esto de perder toda la vida y siempre está buscando una forma de servir a Dios bajo condiciones diferentes de aquellas que Dios estableció por medio de Cristo. De manera que la iglesia del Señor es el reino de Dios donde está ahí esto y es lo que Jesús está diciendo en las parábolas. Esto está ahí en el reino y nosotros vamos a tener que discernir esto, entre los que sirven al diablo y los que sirven a Dios, pero hay otra diferenciación importante que necesitamos saber y para saber esto vamos a ir a Malaquías 3.16-18

Vamos a repasar un poco! ¿Qué es lo que el Señor quiere hacer con la iglesia? El Señor quiere una iglesia santa, pura, perfecta, sin arrugas. ¿Y qué tiene que hacer? Poner el muro, aclarar el muro, edificar el muro. Necesita Nehemías, muchos Nehemías la casa del Señor hoy que luchen contra del espíritu de Sanbalat y de Tobías con el espíritu de Nehemías, y en estos tiempos finales hay una profecía en Malaquías donde está hablando justo de los tiempos que estamos viviendo y por vivir próximamente antes de la venida del Señor. Malaquías 3.16-18 en portugués la connotación es más significativa porque dice “…entonces se verá nuevamente la diferencia…” cuando yo termine la obra en mis hijos ustedes verán otra vez, nuevamente la diferencia entre el que sirve a Dios y el que no le sirve, la idea es que hay un tiempo y que no se ve porque la cizaña es tan semejante al trigo, que uno dice no lo sé no me doy cuenta. La religión puede ser tan fuerte que puede engañar a muchos, la religión tiene un poder terrible de engañar y uno no ve bien la diferencia, pero cuando este muro esté claro, cuando este muro esté edificado como está en la profecía como está ahí en apocalipsis 21 no hay posibilidad de estar en el medio y se ve claramente si está adentro del muro o si está afuera del muro, no hay duda hay claridad. Dios ama esta muralla, esta muralla es para Dios la parte más importante de la iglesia. 

En Cantares el Novio dijo a la novia “huerto cerrado eres hermana mía esposa mía” ¿Con qué se cierra un huerto? Con un muro! “fuente cerrada” Así ve el Señor a la iglesia que el ama. La iglesia separada, la iglesia cerrada para El, esto es lo que el corazón de Dios busca. Pero hay una obra que hacer, la obra no es solamente contra el reino de las tinieblas, la obra es de derrumbar la religión, el engaño el reino de la penumbra y la Biblia está llena de esto y el ministerio de Jesús estaba lleno de esto. ¡Cuánto Jesús nos advirtió de esta religión! Jesús luchó contra el reino de la religión cuando dijo “entrad por la puerta estrecha, porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición y muchos y muchos entrarán por ella, porque estrecha es la puerta y angosto el camino que lleva a la vida” hay muchos que viven en la iglesia y cada vez crece más este numero de los que viven como si Jesús hubiera hablado de tres puertas, Jesús habló de dos puertas, pero en la mentalidad de la gran mayoría de la gente que habla del nombre de Jesús se vive como si hubiera tres puertas. ¿Cómo es esto? ¿Cómo está esto en la mente de uno? Bueno está más o menos así: -yo sé que hay una puerta ancha y un camino espacioso, esto es del mundo, esto es de esta gente que va al carnaval, esto es de esta gente que siempre está tomando que siempre está borracha, esto es de esta gente que siempre hablas palabras feas, esto es de esta gente que hace todo tipo de iniquidad, no! 

Esto es del mundo y yo no estoy ahí, yo abandoné todo esto! Hay otra puerta, la puerta estrecha y el camino angosto y esta puerta para entrar es tan angosta, tan angosta que uno no puede llevar nada, nada, tiene que entrar desnudo ahí porque sino no pasa por la puerta entonces hay que pasar apretadito ¿por qué? porque ya no puede vivir ningún minuto para sí mismo, nunca más! Va a tener que vivir toda la vida para el Señor, aprender a amar al Señor, servir al reino de Dios, sujetarse a las condiciones del Señor, aprender a mirar al Señor y andar con él, en todo tiempo, esta es la puerta para los pastores, para esta gente que se dedica al Señor. Pero acá al lado hay una puertita, pero no es tan ancha como la del mundo, carnaval no! Pero tampoco solamente el Señor, solamente el Señor, solamente el Señor no, no! esto no va! Hay una puertita acá y un camino acá que ando yo. Y esto está, nadie lo predica pero está en las mentes de muchísima gente.

La iglesia, la llamada iglesia hoy crece como nunca creció, con una predicación más o menos liviana. Y hay más engaño en la tierra de lo que se puede imaginar y tememos mucho por los engañados en nuestras mismas congregaciones. Hay una noticia muy terrible que voy a dar! No existe puerta del medio, no existe camino del medio. Si uno no entró por la puerta estrecha si no está en el camino angosto, está en el camino ancho, la religión tiene la capacidad de transformar y dar al camino ancho la apariencia de un camino estrecho, pone una cerquita, hay muchas religiones en el camino ancho y religión de todo tipo y muchísimas se denominan cristianas y ponen una cerquita para que uno se sienta como en el camino angosto. Pero finalmente solo hay un camino y una puerta que conduce a la vida y es el establecido por el Señor. Y luego después Jesús habla de los falsos profetas que son los que no quieren murallas, son los que tienen el espíritu de Caín los que les gusta la mezcla, y Jesús dice cuidado! Y luego después dice muy claro y viene como una patada y dice “no todo el que me dice Señor, Señor entrará en el reino de los cielos”. Muchísima gente está engañada y yo tengo que cuidarme porque yo puedo ser uno de estos, tengo que cuidarme! No basta con que haya dejado el mundo donde estaba, yo acá puedo estar entre los engañados. Y puede ser que haya en la eternidad tres tipos de gente: va a haber los impíos, los que después de que Dios les hable un poco les muestre un poco y los lleve al lago de fuego van a ir con la cabeza gacha diciendo –bien que me hablaron, yo no quise oír y ahora voy acá. Estos son los perdidos. Va a haber también los que van a estar de pie delante del cordero y van a oír la voz más dulce que uno puede oír –venid, venid benditos de mi Padre. No se puede imaginar algo más hermoso para oír, el Señor mirándote y diciendo venid. Pero va a haber otra clase de gente, a la cual le di un nombre y es la multitud, la multitud de los desesperados, estos no se van a gozar y estos no van a bajar la cabeza, estos van a decir –no, no, no puede ser, no Señor, no Señor no!!! Hay un engaño, no Señor, no!!! Mirá Señor hicimos esto, esto, esto Señor, mirá Señor!!! No Señor, ahora no Señor!!! No por favor no, después de todo lo que hice en tu nombre me a decir esto!!! No Señor, no, no, no….. Y el Señor le va a decir la cosa más terrible que uno puede oír, después que supo del reino de Dios, -apartaos de mí, no los conozco, no los conozco apartaos de mi los que hacen iniquidad. –pero cómo Señor?? Yo había dejado… -no, no, no todo este reino de la penumbra en que viviste para mí siempre fue reino de las tinieblas, había iniquidad y no la abandonaste! Que día terrible!!! Y estamos viviendo los días finales. ¿Y qué está haciendo Jesús?

Cuando oímos algo así a mi me da temor cuando pienso todo esto y también digo Señor por favor ten misericordia, pero sé que el diablo puede actuar también ahí para desanimar, para hacer desesperar y Dios está hablando con su iglesia hoy pero no para desanimar, no para desesperar sino que está hablando para atraer, dice –mirá, mirá mi rostro y date cuenta como tenés que andar, tu y yo, vení a mi sé mío totalmente.

El Señor un día va a descalificar a muchos, pero hoy no está descalificando, no busca descalificar, busca calificarnos, busca atraernos, busca poner nuestros pies bien firmes en el reino de la luz, busca que nuestros corazones estén atentos contra no solamente el reino de las tinieblas sino también contra Caín y su religión. Busca alertarnos, por eso cuando termina la parábola dice –el que tenga oídos para oír oiga.

Señor querido queremos tener oídos para oír. Ayúdanos! Te doy gracias por estos amados hermanos, por la iglesia tan preciosa que estás edificando acá en Salta. Me uno a mis hermanos de acá para pedirte, Señor pon un muro claro, una muralla clara separando los tuyos de este mundo. Enséñanos a cada uno, al más joven, al más nuevo a odiar las tinieblas, a odiar todas las formas de pecado, a odiar la religión, a despojarse de la religión que muchas veces crece dentro del propio corazón de uno. No permitas Señor que andemos en el camino de Caín. Oh Señor! Haznos como este huerto cerrado para ti Señor. Ayúdanos a entender el mensaje tuyo de estos días y aliéntanos, anímanos.

 Señor te extendemos las manos para que las tomes y nos guíes tomado de la mano por este tu camino eterno. Necesitamos de ti!!! Necesitamos que nos enseñes una vez más y siempre el arrepentimiento. Necesitamos que tu nos ayudes a que entre nosotros estemos revisándonos y abriendo nuestra vidas unos con otros para limpiarnos de toda la contaminación, no queremos nada del pensamiento del mundo aunque parezcan modernos y buenos pero que son mundanos que sean aclarados y rechazados por la enseñanza de tu Espíritu, para que seamos iglesia tuya agradable a ti Señor. Porque para esto fuimos hechos para ser agradables a ti por medio de Jesucristo nuestro Señor. Oh, cuanto fue el esfuerzo de tu hijo Señor, cuanto fue!! Ahora que el tenga todo de nosotros, que tu tengas todo de nosotros por medio de el. Conquístanos completamente por medio de tu hijo, sabemos que en el hay este poder que ningún novio puede tener, el poder de atracción que tiene nuestro novio, conquístanos por medio de tu hijo completamente y líbranos, líbranos de la religión, líbranos del camino de Caín, en el nombre de Jesús!! Oro por mí, por mi esposa, mis hijos, mis nietos, los discípulos allá en Salvador y en todas las ciudades. Oro por estos amados de acá Señor que Tu tanto amas. Oh Señor bendícenos con claridad, bendícenos con murallas. En el nombre de Jesús, amén.