lunes, 16 de noviembre de 2015

Yo Soy, vosotros sois... C. Lancioni




Jn. 8:12 Otra vez Jesús les habló, diciendo:Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.


Como definió John Stott, en su libro Cristianismo básico, o Jesus era quien dijo ser, o su tenía una arrogancia descontrolada, los que somos cristianos nos regocijamos en esta afirmación: Yo Soy la luz del mundo, no nos cabe la menor duda de que así es.

Pero luego al mirar a sus discípulos y afirmar: ustedes son la luz del mundo, nos deja perplejos, y se nos ofrece un saco que nos queda grande por todos lados.



Mt. 5:14 Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder.


El apóstol Juan nos dice que el advenimiento de aquella luz verdadera no sólo no fue celebrada sino que fue resistida y rechazada:


Jn. 1: 9 Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo.
10 En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció.

Su palabra, que incomoda el egoísmo de los hombres, siempre será resistida por la naturaleza humana.


Isaías 53:3 Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos.


Lucas 23:31 Porque si en el árbol verde hacen estas cosas, ¿en el seco, qué no se hará?


Permitanme interpretar a la luz del Salmo 2  el momento que nos toca vivir en el mundo, en la marcha de la sociedad humana:


1 ¿Por qué se amotinan las gentes, Y los pueblos piensan cosas vanas?
2 Se levantarán los reyes de la tierra, Y príncipes consultarán unidos
Contra Jehová y contra su ungido, diciendo:
3 Rompamos sus ligaduras, Y echemos de nosotros sus cuerdas.


El salmo nos  habla de un motín (Revuelta o agitación con la que un grupo más o menos numeroso de personas quiere mostrar su oposición contra una autoridad, utilizando para ello la protesta, la desobediencia o la violencia.)


Reyes y príncipes se ponen de acuerdo contra la autoridad del Dios supremo,


Y DICEN: Rompamos las cadenas, saquémonos de encima las cuerdas…


Liberémonos, ¿para que?, ¡para pecar con toda libertad!, queremos actuar sin sentir ninguna culpa.


SAQUÉMONOS DE ENCIMA EL YUGO DE LA MORAL JUDEO-CRISTIANA.


Esta ruptura con él cristianismo ¿no será el comienzo de persecución?, la historia ha demostrado que perseguir a la iglesia es como soplar sobre el fuego, lo único que consigue es avivarla, los resultados serán los mismos que introducir a los tres amigos en el horno de fuego o meter a Daniel en el foso de los leones.


Otro texto de carácter escatologico:


Mateo 24:12
y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará.


y por haberse multiplicado la ANOMIA...


La palabra anomia en sus dos significados tiene su origen en el griego. En primer lugar, deriva de ἀνομία  (pr.anomia) que significa falta de leyes o desprecio por las leyes.
Este sustantivo está compuesto por el prefijo α-, αν- (pr.a-, an- que equivale a negación), más νομος (pr.nomos) cuyo significado es ley, y el sufijo -ια  (pr.-ia que significa cualidad). El concepto en este caso, está referido a la ausencia de normas sociales.


Existen en las escrituras otras expresiones en griego para expresar esta palabra maldad (ADIKIA: injusticia, PONERIA: depravación, KAKOETHEIA: malignidad, ASEBEIA: impiedad), pero no se utilizan ninguna de esas palabras en este texto.


Anomia, no expresa solo la transgresión de leyes existentes, sino de normas sociales, de códigos de convivencia, cuando se acusa a alguien de no tener código, no se le reclama la transgresión a una ley del código civil y penal, sino una pauta no escrita, pero si establecida y respetada por los hombres, tiene que ver con estado de indiferencia hacia los demás.


Esto además de las leyes que los hombres establecen en contravención de las leyes divinas, la legalización del aborto, el matrimonio igualitario, como dos expresiones de transgresión descarada.


En medio de una sociedad humana donde los hombres viven aglomerados como un enjambre, en un roce social  constante, y sin embargo la relaciones que se tejen solo son de conveniencia, vínculos utilitarios  en su carácter, relaciones formales, de corte político, donde se actúa según en la superficialidad de las convenciones sociales.


Se intercambian sonrisas y gestos de sombrero mientras el corazón estornuda a bajo cero, nos dice genialmente Marcos Vidal en el cantar de Nuba, el corazón humano languidece, se enfría y se enferma.


¿Será por esa razón que en los últimos tiempo el amor de mucho se enfriará? (Mt. 24:12), como resultado de una sociedad que marcha irrefrenablemente hacia un individualismo hedonista, donde la mente se orienta en pos de la realización personal, pareciera que el alma encuentra verdadero confort en saciar sus apetencias.


En el mundo de la farándula los más atractivos y exitosos, ese pequeños círculo de seres humanos que fueron favorecidos con la belleza física (según los estándares de belleza actuales), se buscan entre sí, seleccionándose desde lo pasional, para luego descubrir que para dos egos gigantescos la convivencia es imposible, y la felicidad tan ansiada huye de ellos, mientras se sumergen paulatinamente en un espiral de confusión emocional.


Para sorpresa de mucho, ahora resulta que los iconos de masculinidad son casi todos bisexuales.


En el mundo de la religión, en el frío cumplimiento de protocolos formales, las relaciones gravitan alrededor de reuniones casi despersonalizadas, solo algunos abrazos y saludos momentáneos con algún gesto cordial parece ser la norma, y una vez terminado el programa regresar a nuestro circuito normal, sumergidos en el mundo de los hombres ,donde la competencia y las hostilidades son las reglas del juego.


Jn. 5:25 La hora viene y ahora es… Se que me expongo a ser considerado como muy negativo o determinista, pero creo que esto es lo que se ve en el escenario social actual.


Podrá nuestra moderna cristiandad ofrecer un modelo de vida que contraste:


Mt. 5:14 Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder.
15 Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa.
16 Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.


Podrá la iglesia del tercer milenio brillar con el fulgor de aquella comunidad primitiva, donde se respiraba el perfume del amor fraternal, en medio de los relatos que describen la realidad de aquella comunidad naciente, donde los problemas no faltaban, aún el pueblo que por temor no se atrevía a juntarse con ellos, los alababa grandemente.


Hechos 5:13-14
De los demás, ninguno se atrevía a juntarse con ellos; mas el pueblo los alababa grandemente. Y los que creían en el Señor aumentaban más, gran número así de hombres como de mujeres;


  1. Una comunidad que vive en pureza.


3 Baste ya el tiempo pasado para haber hecho lo que agrada a los gentiles, andando en lascivias, concupiscencias, embriagueces, orgías, disipación y abominables idolatrías.
4 A éstos les parece cosa extraña que vosotros no corráis con ellos en el mismo desenfreno de disolución, y os ultrajan;


Ya hablamos la última vez de cómo la mente está atacada, charlando con un discípulo me confesaba como un pecado y un problema, mirar el diario por la web, las imágenes que aparecen, sin ser explícitas, roban la pureza, la expresión fue esta: me mantiene en un estado de impureza.

Cuanto mas la sociedad se degrada moralmente nos vemos obligados a distanciarnos mas de sus modas, valores y costumbres.


Salmos 24:3-4
¿Quién subirá al monte de Jehová?
¿Y quién estará en su lugar santo?
El limpio de manos y puro de corazón;
El que no ha elevado su alma a cosas vanas,
Ni jurado con engaño.


No sera posible ser receptores de la revelación si vivimos en un estado de contaminación, Jesús nos dice que solo los de limpio corazón verán a Dios.


2) Una comunidad que vive en amor.


14 Haced todo sin murmuraciones y contiendas,
15 para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo;


A modo de instrucción apostólica, Pablo les hace a los hermanos de Filipos  un requerimiento: todo lo que hagan, que este libre de murmuraciones y contiendas, es interesante detenernos en el contenido de estas dos palabras griegas utilizadas por el apóstol:


MURUMURACION: γογγυσμος goggusmos,  murmullo, gruñido , debate secreto, desagrado no declarado abiertamente.
Para decirlo de modo más actual, rezongo entre dientes.


CONTIENDA: διαλογισμος dialogismos , pensamiento de una persona que delibera consigo misma, razonamiento  interior, vacilación, duda, argumentación.


Las dos palabras parecen describir un estado interior de disconformidad y agitación, un corazón así será manifestado por un comportamiento tenso y quejoso, que es normal en el mundo pero no debe serlo en la iglesia.


La conducta de los santos debe contrastar tan fuertemente como para alumbrar a un mundo que vive, actúa y se desenvuelve en medio de disputas y rivalidades, ni siquiera los ambientes familiares están libres de estas cosas.


Filipenses 2:15
para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo;


Las las tensiones interiores que generan diputas  silenciosas o solapadas, aunque tengan como tema dominante cuestiones de orden eclesiástico, o "espiritual", son patrimonio de la carne (Ga. 5:20 ... enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones) y Pablo es claro para identificar y anticipar estos problemas que le roban a la iglesia su color de familia, y  le pide a los hermanos una actuación responsable, entendiendo y honrando la voluntad de Dios, que quiere una iglesia con calor de hogar.


El pedido esta en medio de una advertencia acerca del cuidado de nuestra salvación:
Fil 2: 12-14 Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad. Haced todo sin murmuraciones y contiendas...

Mr. 9:50 Buena es la sal; mas si la sal se hace insípida, ¿con qué la sazonaréis? Tened sal en vosotros mismos; y tened paz los unos con los otros.



Cuidado con el chisme y la murmuración...


3) Una comunidad que sale el espíritu individualista y entra en una conciencia colectiva.


Gal. 6:2 Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo.


La oración de todos los días, Jesús la diseñó para orar con una conciencia colectiva:


9 Vosotros, pues, orareis así:Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre.
10 Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.
11 El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy.
12 Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores.
13 Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén.
14 Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial;
15 mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas.

Que intensamente se vivió este espíritu fraternal en la iglesia de Jerusalem, nadie decía ser suyo propio lo que poseía, sino que tenían todas las cosas en común.



Hch. 4;34 Así que no había entre ellos ningún necesitado; porque todos los que poseían heredades o casas, las vendían, y traían el precio de lo vendido...


4) Un ambiente que sacia profundamente:


Las  4 practicas de Hch. 2:42
Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones.


  1. Verdad que ordena la mente y enseña a vivir, estos cuatro puntos no tienen un orden aleatorio, la verdad siempre va delante, es la que da sentido y dirección a todo lo demás
  2. Comunión profunda, verdadera, conocimiento de las realidades de los hermanos, la práctica de la mutualidad (unos a otros: amarse, servirse, instruirse, honrarse, animarse, edificarse, etc) P.C.M. - La relación fraternal - 1ra. Lección: la naturaleza de nuestra relación.
  3. La intimidad de la cena, la iglesia y los catecúmenos. La comunidad naciente estaba conformada por discípulos que perseveraban bajo persecución, esta situación vivida por la iglesia constituía un  desafío que definía ser o no ser, muchos simpatizaban pero no querían exponerse al sufrimiento así que elegían no bautizarse, ellos solo podían participar de un segmento de la reunión, se los llamaba catecúmenos (por catequesis: repetición de la verdad), luego los verdaderos discípulos partían el pan en un ambiente de intimidad y adoración.
  4. La oración y la espiritualidad profunda donde la voz de Dios se hace presente para edificación, consolación y exhortación. Para que esto ocurra necesitamos el espacio de tiempo necesario para que el corazón se aquiete, la mente salga de toda distracción, la oración pase de aquel plano mas superficial donde interviene mas el intelecto, hacia una expresión de oración mas centrada en Dios, mas receptiva a la voz del Espíritu, una oración que posee un componente profético, donde tanto el que ora como los que escuchan son beneficiados.


Que triste es retirarse de un restaurante luego de pagar, con una comida que no nos sació, y que no nos gusto demasiado...


5) Una comunidad donde sentirse representado:


Hace un tiempo encontré a un muchacho apartado, luego de charlar de muchas cosas fuimos entrando en una conversación más íntima y personal, me contó que estaba de novio pero que no se animaba a llevar a su novia a su casa por temor al ambiente familiar.


Existe una profunda relación entre el sentido de pertenencia y la fuerza de nuestra evangelización.

Nos dice Henri Nouwen en un de sus libros: al dar testimonio del evangelio, también lo hacemos de comunidad de la que somos parte.


1 Juan 2:7-8 El nuevo mandamiento

Hermanos, no os escribo mandamiento nuevo, sino el mandamiento antiguo que habéis tenido desde el principio; este mandamiento antiguo es la palabra que habéis oído desde el principio.

Sin embargo, os escribo un mandamiento nuevo, que es verdadero en él y en vosotros, porque las tinieblas van pasando, y la luz verdadera ya alumbra.

martes, 22 de septiembre de 2015

¿Que paso con la adoración? A.W.Tozer

LA ADORACIÓN EN LA IGLESIA CRISTIANA

Yo sé tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente!
Así por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, voy a vomitarte de mi boca.
Porque dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad: y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo.
Te aconsejo que de mí compres oro refinado por fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para que te cubras, y no quede al descubierto la vergüenza de tu desnudez: y unge tus ojos con colirio, para que veas.
Yo reprendo y corrijo a todos los que amo: sé, pues, celoso, y arrepiéntete.
He aquí, yo estoy a la puerta y llamo: si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.
Al que venza, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono.
El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Apocalipsis 3:15-22


Las iglesias cristianas han llegado al peligroso tiempo predicho hace tanto tiempo. Es una época en la que nos podemos dar palmaditas en la espalda y felicitarnos unos á otros, unirnos al coro: «¡si somos ricos, nos hemos enriquecido, y de ninguna cosa tenemos necesidad.
Desde luego, es cierto que apenas si nos falta algo en nuestras iglesias hoy en día... excepto lo más impor­tante. Estarnos carentes de la ofrenda genuina y sagrada de nosotros mismos y de maestra adoración al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo.
En el mensaje de Apocalipsis, el ángel de la iglesia de Laodicea recibe esta acusación y este llamamiento (3:17. 19):
Dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad... Yo reprendo y corrijo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete.

Mis propias lealtades y responsabilidades están y siempre estarán con las iglesias fuertemente evangélicas, creyentes en la Biblia y que dan honra a Cristo. Nos hemos proyectado adelante. Estamos edificando grandes iglesias y congregaciones. Nos jactamos de elevadas normas y hablamos mucho acerca del avivamiento.

Pero quiero hacer una pregunta, y no es mera retó­rica: ¿Que le ha sucedido a la adoración?
La contestación de muchos es: "Somos ricos y no tenemos necesidad de nada. ¿No dice esto algo acerca de la bendición de Dios?

¿Sabías que el célebre filósofo Jean-Paul Sartre que es tan citado, describe su dirigirse a la filosofía y a la desesperación como un apartamiento de una iglesia secularista? Dice: «No reconocí en el Dios atrayente que me enseñaban a aquel que estaba esperando por mi alma. Yo necesitaba un Creador: ¡me dieron un gran negociante!»
Ninguno de nosotros está tan preocupado como debiera por la imagen que verdaderamente proyectamos a la comunidad que nos rodea. AI menos, no cuando profesamos pertenecer a Jesucristo y seguimos fallando en exhibir Su amor y compasión como debiéramos.
Los cristianos fundamentalistas y «ortodoxos» hemos ganado la reputación de ser «tigres», grandes luchadores por la verdad. Nuestras manos están llenas de callos por los guanteletes de bronce que hemos llevado al golpear a los liberales. Por causa del significado de nuestra fe cristiana para un mundo perdido, estamos obligados a mantenemos por la verdad y a contender por la fe cuan­do ello es necesario.

Pero hay un camino mejor, incluso en nuestros tratos con los liberales en fe y en teología. Podemos hacer mucho más por ellos asemejándonos a Cristo que lo que podemos hacer batiéndolos en la cabeza, en sentido figurado, con nuestros nudillos.

Los liberales nos dicen que no pueden creer la Biblia. Nos dicen que no pueden creer que Jesucristo fue el unigénito Hijo de Dios. Al menos, la mayoría de ellos son honrados acerca de ello. Por otra parte, estoy seguro de que no vamos a hacer que doblen la rodilla maldiciéndolos. Si somos conducidos por el Espíritu de Dios y si mostramos el amor de Dios que este mundo necesita, nos transformamos en «santos atrayentes».

Lo extraño y maravilloso acerca de esto es que los santos verdaderamente atrayentes y amantes ni siquiera conocen su atractivo. Los grandes santos del pasado no sabían que eran grandes santos. Si alguien se lo hubiera dicho no lo hubieran creído, pero los que estaban a su alrededor sabían que Jesús estaba viviendo Su vida en ellos.
Creo que nos unimos al grupo de los santos atrayentes cuando se nos hacen claros los propósitos de Dios en Cristo. Nos unimos a este grupo cuando comenzamos a adorar a- Dios por ser Él quien es,
A veces los cristianos evangélicos parecen confusos e inciertos acerca de la naturaleza de Dios y de Sus propó­sitos en creación y redención. En tales casos, los pre­dicadores son a menudo los culpables. 

Sigue habiendo predicadores y maestros que dicen que Cristo murió para que no bebiéramos, no fumáramos y no fuéramos al teatro, ¡No es para asombrarse que la gente esté confundida! No es para asombrarse que se habitúen a recaer cuando tales cosas son las que se les presenta como la razón para la salvación.
¡Jesús nació de una virgen, sufrió bajo Poncio Pilato, murió en la cruz y resucitó de la tumba para transformar a los rebeldes en adoradores! Lo ha hecho todo de gracia. Nosotros somos los que recibimos de ella.

Puede que esto no suene a dramático, pero es la reve­lación de Dios y el camino de Dios.
Otro ejemplo de nuestros pensamientos erróneos acerca de Dios es la actitud de tantos de que Dios es ahora un caso caritativo. Como si fuera un encargado frustrado que no puede encontrar ayuda suficiente. Como estando junto al camino pidiendo cuántos vendrán en su ayuda y comenzarán a hacer Su obra.

¡Ah, si tan sólo recordáramos quién El es! Dios nunca realmente nos ha necesitado. ¡A ninguno de nosotros! Pero nos imaginamos que sí nos necesita, ¡y hacemos de ello una gran cosa cuando alguien acepta "trabajar para el Señor»!
Todos debiéramos estar dispuestos a trabajar para el Señor, pero es una cuestión de gracia de parte de Dios. Tengo la opinión de que no deberíamos preocuparnos por trabajar para Dios hasta que hayamos aprendido el significado y el deleite de adorarle Un adorador puede trabajar con calidad eterna en su trabajo pero un obrero que no adora está sólo apilando madera, paja y hojarasca para el tiempo en que Dios abrase el mundo.

Me temo que hay muchos cristianos profesantes que no quieren oír tales declaraciones acerca de su «activo programa de trabajo», pero es la verdad. ¡Dios quiere llamamos de vuelta a aquello para lo que nos creó: a adorarle y a gozar de Él para siempre! Es así, por una profunda adoración, que llevamos a cabo Su obra.

Oí a un presidente de una universidad decir que la Iglesia está «sufriendo una fiebre de amateurismo».
Cualquier persona inexperta, impreparada, inespiritual y vacía puede iniciar algo religioso y encontrar abun­dancia de seguidores que le oirán, y pagarán y promo­verán su causa. Podrá llegar a hacerse muy evidente que la tal persona, para empezar, jamás había oído de Dios.
Estas cosas están sucediendo a nuestro alrededor porque no somos adoradores. Si estamos verdadera­mente entre los adoradores no estaremos malgastando el tiempo en proyectos carnales o mundanos.

Todos los ejemplos que tenemos en la Biblia ilustran que la adoración feliz, devota y reverente es el empleo norma de los seres morales. Cada atisbo que se nos da del cielo y de los seres creados por Dios es siempre un atisbo de adoración y de regocijo y alabanza por cuanto Dios es quien es.
En Apocalipsis 4:10. 11, el apóstol Juan nos da un claro retrato de los seres creados alrededor del trono de Dios. Juan habla de la ocupación de los ancianos de esta manera:

Los veinticuatro ancianos se postran delante del que está sentado en el trono, y adoran al que vive por los siglos de los siglos, y echan sus coronas delante del trono, diciendo:
Señor, eres digno de recibir la gloria y el honor y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas.
Puedo decir con certeza, en base a la autoridad de todo lo que está revelado en la Palabra de Dios, que cualquier persona, hombre o mujer en esta tierra, que se siente aburrida y repelida por la adoración no está lista para el cielo.
Pero casi puedo oír decir a alguien: «¿Se estará Tozer apartando de la justificación por la fe? ¿No hemos oído siempre que somos justificados y salvados y en nuestro camino al cielo por la fe? Os aseguro que Martín Lutero nunca creyó en la justificación por la fe con más fuerza que yo mismo. Creo en la justificación por la fe. Creo que somos salvos por la fe en el Hijo de Dios como Señor y Salvador.

Pero en la actualidad hay una cualidad automática, mortífera, acerca de ser salvo. Y me preocupa mucho. Digo una cualidad «automática». «Póngase una canti­dad de fe como una moneda en la ranura, baje la palanca y saque la pequeña tarjeta de la salvación. Póngala en su cartera, y ¡ya se puede ir!»
Después de esto, el hombre o la mujer pueden decir: «Sí soy salvo.» ¿Cómo lo sabe? «Puse la moneda en la ranura. Acepté a Jesús y firmé la tarjeta.»

Muy bien. No hay nada intrínsecamente malo fir­mando una tarjeta. Puede ser algo de ayuda para saber quién ha hecho una indagación.
Pero la verdad, hermano y hermana, es que hemos sido traídos a Dios y a la fe y a la salvación para que adorásemos a Dios en contemplación arrobada. No veni­mos a Dios para ser cristianos automáticos, cristianos de corte, cristianos hechos con un molde.

Dios ha dado Su salvación para que podamos ser, individual y personalmente, vibrantes hijos de Dios', amar a Dios con todo nuestro corazón y adorándole en la hermosura de la santidad.
Esto no significa, ni lo estoy diciendo, que debamos adorar a Dios todos de la misma manera. El Espíritu Santo no obra mediante la idea o fórmula preconcebida de nadie. Pero sí sé esto: cuando el Santo Espíritu de Dios viene entre nosotros con Su unción, nos conver­timos en un pueblo adorador. Para algunos esto puede ser difícil de admitir, pero cuando estamos verdade­ramente adorando y contemplando arrobados al Dios de toda gracia, de todo amor y misericordia y de toda verdad, puede que no nos quedemos lo suficientemente quietos para agradar a todos.

Leo la descripción de Lucas de las multitudes en aquel primer Domingo de Ramos:
Cuando llegaban ya cerca de la bajada del monte de los Olivos, toda la multitud de los discípulos comenzó a alabar con alegría a Dios a grandes voces por todas las maravillas que habían visto, diciendo:
¡Bendito el Rey que viene en nombre del Señor; paz en el cielo, y gloria en las alturas!
Entonces algunos de los fariseos de entre la multitud le dijeron: Maestro, reprende a tus discípulos. Él res­pondiendo, les dijo: Os digo que si éstos callan, las piedras clamarán (19:37-40).

Dejad que os diga dos cosas aquí.
Primero, no creo que sea necesariamente cierto que estamos adorando a Dios cuando hacemos mucho ruido. Pero no es infrecuente que la adoración sea audible.
Cuando Jesús entró en Jerusalén presentándose como el Mesías hubo una gran multitud, y mucho ruido. Es indudable que muchos se unieron en los cánticos y en la alabanza que nunca habían aprendido a cantar afinando. Cuando se tiene un grupo de gente cantando donde sea, uno sabe que algunos no entonarán bien. Pero éste es el punto central de su adoración. Estaban
En segundo lugar, quisiera advertir a los que están revestidos de cultura, que son quietos, que se dominan a sí mismos, calmados y sofisticados, que si se sienten embarazados en la iglesia cuando algún feliz cristiano dice «¡Amén!», puede que estén realmente necesitando algo de iluminación espiritual. Los santos adoradores de Dios en el Cuerpo de Cristo han sido frecuentemente un poco ruidosos.

Espero que hayas leído algunos de los devocionales dejados por aquella vieja santa inglesa, Lady Julián, que vivió hace más de 600 años.
Escribió un día que había estado meditando acerca de cuan excelso y sublime era Jesús, y, sin embargo, cómo Él mismo suple la parte más humilde de nuestro deseo humano. Recibió tal bendición dentro de su ser que no se podía dominar. Lanzó un grito y alabó a Dios en voz alta en latín.
Traducido, habría salido algo así como «¡Bien, gloria a Dios!»

Ahora bien, si esto te turba, amigo, puede ser porque tú no conoces el tipo de bendiciones espirituales y deleite que el Espíritu Santo está esperando dar entre los santos adoradores de Dios.
¿Te has dado cuenta de lo que dijo Lucas acerca de los fariseos y de su petición de que Jesús reprendiera a Sus discípulos por alabar a Dios a grande voz? Sus normas rituales probablemente les permitían musitar las palabras «¡Gloria a Dios!», pero realmente les apenaba oír a alguien decirlas en voz alta.

Jesús les vino a decir a los fariseos: «Están hacien­do lo correcto. Dios mi Padre. Yo y el Espíritu Santo debemos ser adorados. Si los hombres y las mujeres no me adoran, ¡las mismas piedras clamarán mis alabanzas!
Aquellos fariseos religiosos, pulidos y alisados y vuel­tos a pulir, se habrían muerto de impresión si hubieran oído a una roca dar una voz y alabar al Señor.

Bien, nosotros tenemos grandes iglesias y hermosos santuarios, y nos unimos en el coro de «De nada tenemos necesidad». Pero hay todas las indicaciones de que nece­sitamos adoradores.
Tenemos muchos hombres dispuestos a sentarse en nuestras juntas de iglesia que no tienen deseo de gozo ni radiancia espiritual, y que nunca se presentan en las reuniones de oración de la iglesia. Éstos son hombres que a menudo toman las decisiones acerca del presu­puesto de la iglesia y de los gastos de la iglesia, y adonde irán los adornos en el nuevo edificio.
Éstas son las personas que gobiernan la iglesia, pero no puedes conseguir que vayan a la reunión de oración, porque no son adoradores.

Quizá no creas que ésta es una cuestión importante, pero esto, por lo que a mí respecta, te pone al otro lado. Me parece que siempre ha sido una terrible incon­gruencia que personas que no oran y que no adoran están sin embargo dirigiendo muchas de las iglesias y, finalmente, decidiendo la dirección que van a tomar.
Quizá nos hiera muy de cerca, pero deberíamos con­fesar que en muchas «buenas» iglesias dejamos que las mujeres oren y los hombres voten.
Debido a que no somos verdaderamente adoradores, pasarnos mucho tiempo en las iglesias sólo rodando las ruedas quemando la gasolina, haciendo ruido, pero no llegando a ninguna parte.
¡Oh, hermano! ¡Oh, hermana! Dios nos llama a adorar, pero en muchos casos nos dedicamos a un entrete­nimiento, sólo a la zaga de los teatros.

Ahí es donde estamos, incluso en las iglesias evan­gélicas, y no me importa deciros que la mayoría de las personas que decimos estamos tratando de alcanzar nunca vendrá a la iglesia a ver un montón de actores amateurs exhibiendo un talento de andar por casa.
Os lo digo: Fuera de la política, no hay ningún otro campo de actividad que tenga más palabras y menos hechos, más viento y menos lluvia.
¿Qué vamos a hacer acerca de esta maravillosa y her­mosa adoración a la que Dios nos llama? Antes preferiría adorar a Dios que hacer otra cosa que yo sepa en todo este ancho mundo.
No intentaré siquiera deciros cuántos himnarios están apilados en mi estudio. No puedo cantar media­namente bien, pero esto no es cosa que le importe a nadie. ¡Dios me considera un astro de la ópera!
Dios me oye mientras le canto los viejos himnos franceses traducidos, los viejos himnos latinos traduci­dos. Dios me escucha cuando le canto los viejos himnos griegos de la iglesia de Oriente, así como los hermosos salmos en metro y algunos de los más sencillos cánticos de Watts, Wesley y el resto.

Quiero decir que preferiría adorar a Dios que hacer cualquier otra cosa. Puede que contestes: -Si adoras a Dios no haces nada más.»
Pero esto sólo demuestra que no has hecho tus debe­res. La parte hermosa de la adoración es que te prepara y capacita para lanzarte a las cosas mas importantes que se deben hacer para Dios.
¡Escúchame! Prácticamente cada gran acción hecha en la iglesia de Cristo remontándonos hasta el apóstol Pablo fue hecha por personas ardientes con la radiante adoración de su Dios.
Un examen de la historia de la iglesia te demostrará que fueron los ardientes adoradores los que también vinieron a ser los grandes obreros. Aquellos grandes santos cuyos himnos cantamos tan tiernamente eran activos en su fe hasta el punto de que tenemos que asombrarnos de cómo pudieron hacerlo todo.

Los grandes hospitales surgieron de los corazones de hombres adoradores. Las instituciones mentales sur­gieron de los corazones de hombres y mujeres adora­dores y compasivos. Deberíamos decir también que allí donde la iglesia ha salido de su letargo, levantándose de su sueño y en las mareas del avivamiento y de la reno­vación espiritual, siempre los adoradores estaban detrás de ello.
Cometeremos un error si sólo nos refrenamos y de­cimos: «Pero si nos damos a la adoración, nadie hará nada.»

Al contrario, si nos damos al llamamiento de Dios a adorar, cada uno hará más de lo que está haciendo ahora. Sólo que lo que él o ella hagan tendrán signifi­cancia y sentido. Tendrá la cualidad de la eternidad en sí: será oro, plata y piedras preciosas, no madera, paja y hojarasca.
¿Por qué deberíamos estar callados acerca de las ma­ravillas de Dios? Deberíamos unirnos felices a Isaac Watts en uno de sus himnos de adoración:

Bendice, alma mía, al Dios viviente,
llama de vuelta tus pensamientos que vagan en redor.
Que todos los poderes en mí se unan
En obra y culto divino de adoración.
Bendice, alma mía, al Dios de gracia. Sus favores demandan tu más suma alabanza. ¿Por qué las maravillas que Él ha obrado Se han de perder en silencio, olvidadas?
Que toda la tierra Su poder confiese. Que toda la tierra Su gracia adore. Los gentiles, con los judíos, se unirán En obra y culto divino de adoración.
No puedo hablar por ti, pero quiero estar entre los adoradores. No quiero ser simplemente parte de alguna gran maquinaria eclesiástica donde el pastor le da a la manivela y la máquina va. Ya lo sabes: el pastor ama a todos, y todos le aman a él. Tiene que hacerlo. Le pagan para esto.


Quisiera que pudiéramos volver a la adoración.

Entonces, cuando la gente entre en la iglesia se dará cuenta en seguida de que han entrado entre personas santas, el pueblo de Dios. Podrán testificar: «En verdad Dios está en este lugar.»