domingo, 7 de julio de 2013

PARTE II : ¿Qué es el Reino de Dios? (su significado y su implicancia)


(continuación) Cassette Nº3  

Como nos relacionamos con Jesús
 Hermanos, abran sus Biblias en Filipenses, capítulo 3. Y vamos a leer..., quiero señalarles seguidamente, para despejar dudas y dejar bien claro lo que estamos enseñando sobre el Evangelio del Reino, cual es el kit de la cuestión en este tema, el punto clave de lo que estamos enseñando. En losversículos 7 y 8, miren ustedes como Pablo se refiere a Jesucristo. El kit de la cuestión es este: ¿Cómo nos relacionamos con Jesucristo? Ese es el punto, ahora vamos a leer el versículo y quiero explicarlo,
“Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y
ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo
Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo”
 Pablo, como dijimos antes, encontró el tesoro escondido en el campo. Y fue, y vendió todo, todo lo
que para él era ganancia. Todo lo que era beneficio para él, humanamente hablando, lo considera como
nada, como basura, si lo va a comparar a cambio de lo que va a ganar. Y dice, por lo extraordinario, lo
sublime que es conocer a Cristo: “ por amor de Él lo he perdido todo y lo tengo por basura, porque
quiero ganar a Cristo”. Pablo comprendió como él, personalmente, debía relacionarse con Jesucristo, y
por eso lo llama “mi Señor”.
 Nosotros, con las personas, podemos relacionarnos de distintas maneras, en diferentes categorías.
Por ejemplo, alguien puede ser mi hermano en la fe, o mi hermano de sangre, carnal, yo no puedo
elegir a mi hermano, ni mi hermano a mí, eso depende de que hayamos nacido de los mismos padres.
Pero puedo elegir a un amigo, puedo tener un amigo, relacionarme con una persona como un amigo.
Esa misma persona, en otra circunstancia, puede ser mi jefe, mi maestro, mi profesor, mi compañero
en un equipo. Alguien puede ser mi padre o mi hijo, según como me relaciono.
 Aquí hay muchas hermanas, que son mis hermanas en Cristo. Pero hay en Buenos Aires una
hermanita, que se llama Silvia, con la cual yo me relaciono de una manera que no me puedo relacionar
con las hermanas que están aquí, porque un día hice un pacto matrimonial con ella. Entonces, la
relación con ella es diferente a la que puedo tener con cualquier otra hermanita en Cristo. Así, del
mismo modo, el kit de la cuestión en el tema que estamos tratando es como me relaciono yo con
Jesucristo.

 Muchos pueden tener a Cristo como su amigo, y es verdad que Cristo es un amigo, un buen amigo,
yo le puedo contar mis intimidades, mis problemas. Y estoy seguro que Él va a guardar el secreto, no
le va a contar a nadie. Cristo es un buen amigo, es el mejor amigo. Pero si Cristo es sólo tu amigo y
no es tu Señor, si te morís, te vas al infierno, si Él es tu amigo y no es tu Señor. Porque la salvación es
por relacionarse con Cristo como Kyrios, como Señor.
 Algunos tiene a Cristo como su compañero, cuando se sienten solos, Cristo me acompaña, está
siempre conmigo. Esa es la forma, básicamente, como se relacionan con él, pero eso no es suficiente
para nuestra salvación. Otros tienen a Cristo como su ayudador, cuando tienen algún problema, le
piden, y Cristo es bueno, y ayuda a la gente. Él hace salir el sol sobre buenos y malos, manda la lluvia
sobre buenos y malos. Nos protege, si le pedimos. Así, muchos tienen a Cristo como su ayudante, y
Cristo, siendo bueno, le ayuda. Pero ello no alcanza para nuestra salvación. Otros tienen a Cristo como
su consolador. Cuando están tristes, deprimidos se ponen a orar, leer la Biblia, escuchan alguna linda
música, van a alguna reunión linda, de esas que se siente la presencia de Dios. Y reciben alivio,
consuelo, pero si Cristo es tu consolador, y no es tu Señor, no te alcanza para la salvación.
 En la Biblia se habla de uno que recibía alivio del Señor, era el rey Saúl. Él había sido rebelde contra
Dios, desobediente, no se había sujetado a Dios, no había hecho la voluntad de Dios. Y en su rebeldía
reiterada, él así se alejó del Señor. Y vino un espíritu malo de parte de Dios para atormentarle, y no
sabía que hacer para encontrar alivio. Y buscaron al mejor músico de la zona, trajeron a David, un
pastorcito. Y él era un hombre ungido, y con su arpa tocaba salmos y cánticos espirituales. Y cuando
David estaba allí, tocando, el espíritu malo se alejaba, y Saúl tenía consuelo. Este consuelo venía por la
unción, venía del Señor, y el espíritu malo se ahuyentaba. Saúl se sentía mejor, pero seguía rebelde
contra Dios. Tenía celos de David.

 Yo me pregunto, a veces, si muchos que vienen a nuestras reuniones, y escuchan la música, las
canciones ungidas, y los músicos que tocan, no estamos haciendo con ellos lo que hacía David con el
rey Saúl. Aliviados, consolados, se sienten mejor, y van a su casa y siguen rebeldes a Dios. Vuelven
después, el otro domingo, a la reunión y se sienten aliviados. ¡Ah, que paz, que alivio! Claro, porque
aquí, los malos espíritus se espantan todos, en la presencia del Señor. Con la alabanza, la unción y todo
eso, buscan consuelo, pero no tienen a Cristo como su Señor. Se van, y siguen fornicando, siguen
mintiendo, siguen guardando rencor, siguen haciendo su propia voluntad. Saben que está mal lo que están haciendo, pero no cambian, no reconocen a Cristo como Señor. Saúl se perdió. Porque encontrar
en Dios consuelo no es suficiente para la salvación.

 Otros encuentran en Cristo a su sanador. Vienen a las reuniones, se ora por ellos... Y Dios es bueno,
poderoso, y sana, y reciben sanidad, pero no por eso son salvos. Jesús sanó a mucha gente que nunca
fueron discípulos. A muchos sanó, porque Él es así, Él es bueno, Él hace bien, quiere ayudar a la gente
que sufre, pero eso no es suficiente. Sano a diez leprosos, pero uno solo volvió para agradecerle. Sanó
a miles y miles de enfermos, a veces sanó a todos los enfermos que le traían, de la mañana hasta la
noche. Pero no por eso, por ser sanados por el Señor, fueron salvos. Porque si Cristo es tu sanador y no
tu Señor, puede ser que tu cuerpo se sane por el toque poderoso de Dios, pero eso no garantiza tu
salvación.

 Otros reciben a Cristo como su libertador, endemoniados fueron sanados, fueron libertados. Hoy se
habla mucho de liberación, de echar demonios, y muchos han sido liberados de demonios. Pero no
necesariamente por eso son salvos. Conozco gente que ha sido liberada, estaban endemoniados y Dios
los libró, pero siguieron viviendo la vida de pecado de antes. Sólo que ahora están mejor, liberados de
aquella posesión diabólica que tenían, no por eso son salvos.
 En este tren de cosas, podemos también poner, que muchos han aceptado a Cristo como su salvador.
Quieren de Cristo salvación, perdón felicidad, vida eterna, no ir al infierno. Lo aceptan como su
salvador, quieren que les salve, que perdone sus pecados. Pero si tu has aceptado a Cristo como tu
salvador y nada más, si te morís, te vas al infierno. Porque la condición para ser salvo es aceptar a
Cristo como Señor.

 Ahora, si Cristo es mi Señor, todo lo demás está incluido. Pero todo lo demás no incluye,
necesariamente, el señorío de Cristo en mi vida. Cristo es mi amigo, es mi compañero, es mi ayudador,
es mi sanador, mi consolador, mi libertador, pero es mi Señor. Por eso dice Pablo: “...por amor de
Cristo, mi Señor (Kyrios)”. Ese es el kit de la cuestión. Eso es lo que tenemos que tener claro, es lo que
tenemos que vivir y practicar.

El significado del Señorío de Cristo
 ¿Qué significa, en la práctica, decir que Cristo es mi Señor? Ya lo hemos ido anticipando, pero
hagamos un breve repaso, una reafirmación y un resumen. Noten que el tema es: como me relaciono
con Jesucristo. Si Cristo es mi Señor, Él es mi Kyrios, entonces yo tengo un compromiso con Él. Este
compromiso significa:
1- Que me sujeto incondicionalmente a su autoridad, a su voluntad
 Ya vimos que su voluntad viene a mí por su Palabra. Confesar a Cristo como Señor significa que
me sujeto, y le obedezco a Él en mi vida, en todos los aspectos de mi vida. Esto significa que he
renunciado al pecado, a la rebeldía, he renunciado a la independencia, a mis propios criterios y deseos.
He renunciado a mi propia voluntad, a vivir como se me da la gana. Ahora mi vida está bajo autoridad,
bajo la autoridad de Cristo, Él es mi Señor, Él manda en mi vida. Abro su Palabra, la leo, no para
“aprender Biblia”, sino para obedecerle a Él. Si me dice que no mienta, que hable siempre la verdad, y
como es mi Señor, yo voy a hablar siempre la verdad, no voy a mentir. Si alguna vez, por el impulso,
por la presión del momento, dije una mentira, ya tengo una conciencia que me molesta. Como Él es mi
Señor, me manda que vaya a confesar la mentira, y decir y aclarar la verdad y ordenar lo que hice fuera
de su voluntad. Si Él me dice que no se ponga el sol sobre vuestro enojo, si estoy enojado, con bronca
contra alguien, me dice que antes de acostarme, arregle el problema. Y como Cristo es el que manda,
yo le obedezco, estoy bajo autoridad. Él me dice que no hurte, no robe, no puedo llevarme a mi casa
nada de la oficina o del trabajo. Tengo que ser respetuoso con los bienes ajenos. Si me dan algo para
administrar, soy cuidadoso y fiel. Él es el que manda en mi vida, todo mi ser está bajo autoridad.
 Yo no soy el que defino lo que está bien y lo que está mal, es Él el que define todas las cosas. Él me
dice, en su Palabra, que ninguna palabra corrompida salga de mi boca. No puedo decir malas palabras,
insultos, groserías, cosas que ofenden, que hieren o lastiman. Porque todo lo que sale de mi boca tiene
que ser con gracia, como el Señor realmente quiere. Y si alguna vez cometo la torpeza de usar mi boca
equivocadamente, ofender a alguien, insultar o decir una mala palabra: ¡Perdón Señor, tú eres el que
manda! Tengo que practicar la confesión, la rectificación, la corrección, el arrepentimiento, y
“enderezar”, porque Él es el que manda.
 Si soy soltero, no puedo tener ninguna experiencia sexual. El sexo no es pecado, es santo y puro
como Dios lo creó, pero lo reservó únicamente para el matrimonio. Este cuerpo no es mío, es del
Kyrios, y yo tengo que hacer su voluntad. Estoy bajo autoridad, no me puedo acostar con una chica, ni
la chica con un muchacho. No puedo tener relaciones sexuales con mi novia o con mi novio. Tengo que guardarme en santidad. Si soy casado, hay una sola mujer con la que puedo tener intimidad sexual.

No puedo siquiera desear otra mujer. Y como Cristo manda en mi vida, cuando algún deseo fuera de la
voluntad de Dios quiere asomar, aflorar en mi corazón, tengo que hacer morir lo terrenal dentro mío,
según su voluntad. Cualquier pensamiento que me quiera llevar hacia la concupiscencia y hacia el
pecado, tengo que resistirlo. Estoy bajo la autoridad de Dios. Estoy caminando por la calle, pasa frente
mío una mujer provocadora, mal vestida, el Señor dice no mires, no la mires a ella. Él me habla por el
Espíritu Santo, mientras esta mujer pasa y todas las miradas van hacia ella. Y yo me doy el gusto de
mirar hacia otro lado, decir en mi corazón: Eres mi Kyrios, yo quiero hacer tu voluntad. Y pasa la
mujer extrañada que... ¿y este tonto que mira para otro lado...? Quiero hacer la voluntad de Dios,
¿amén? Esto no es un código de leyes. Es una relación personal con Cristo, mi Señor, quiero hacer su
voluntad, en lo moral y en lo que no es moral. Lo moral es lo que tiene que ver con lo que está bien y
está mal, con el pecado. No puedo robar, no puedo mentir, tengo que decir la verdad. Pero también, Él
me dice que sea generoso, que comparta lo mío con el que necesita. Esto ya no tiene que ver con lo
moral, pero estoy bajo su voluntad, bajo su autoridad. En todo tengo que vivir sujeto a Él, tengo que
decirle, todos los días: “Kyrios, ¿qué quieres que haga?”. Caminar en obediencia, en fe, en alegría,
porque le amo. No me importa todo lo demás, todo el resto. Me pueden envolver en un paquete el
mundo entero, y sus glorias, sus riquezas. Pablo dice: “todo es basura, yo amo a Cristo, mi Señor, por
amor del cual lo considero basura. Porque quiero a Cristo, Él es mi Kyrios, yo vivo bajo su autoridad”.
 El Señor me dice: “Jorge, tenés que tratar con cariño a tu esposa”... “Si, Señor, la traté con dureza,...
¡Perdoname, querida, perdoname, te trate con dureza!”. Estoy bajo su autoridad. Ve que no soy
perfecto, pero tengo una actitud perfecta, Él es el que manda en mi vida. “Señor, ayudame a ser más
amable...”. Y Él te ayuda. ¿Amén?

 Dice el Señor que la casada se sujete a su marido en todo. “¿A mi marido...? Si, Señor, tú eres el que
manda en mi vida”. Pero no sujetarte a tu marido con tristeza, con pena, con bronca, con amargura.
Sujetarte a tu marido con fe, con alegría, sabiendo que estas agradando a Cristo, tu Señor.
 Así, la lectura de la Palabra no es apenas enterarme, informarme de lo que dice la Biblia, sino es una
búsqueda ¡Oh Dios te amo, quiero conocer tu voluntad para vivir tu voluntad! Esa voluntad que es
buena, agradable y perfecta. El Señor me dice que perdone a aquel que me está ofendiendo, está
hablando mal de mí, que ame a mis enemigos, que bendiga al que me maldice, que ore por aquel que
me desea el mal. No ore en contra, sino a favor, no ore para decir: “Señor, manda fuego”. Sino, ore
pidiendo la misericordia, la gracia, “Señor, te pido que le vaya bien”. La Biblia no es un libro de
teología. Es mi Kyrios que me habla cada día, y me recuerda otra vez su voluntad. Y yo camino en
obediencia a su voluntad, de tal manera me relacionó con Él. La Palabra y el Espíritu me hablan. El
Espíritu habla con mayor precisión todavía que la Palabra, porque aplica la Palabra a mi vida personal,
a circunstancias específicas, concretas, me muestra la voluntad de Dios, lo que tengo que hacer.
¡Cristo, mi Señor! ¡El Reino de Dios ha llegado a mi vida! ¡Cristo es el que gobierna mi comunión con
Él! Kyrios y doulos, esclavo y Señor ¡Oh, Señor, quiero hacer tu voluntad!

Esclavo por amor
 En la antigüedad, en el pueblo de Israel, Dios reguló algunas cosas sobre la esclavitud, en el Antiguo
Testamento. Alguno, por ahí, por deudas, perdió todo. Y para pagar sus deudas, tenía que venderse
como esclavo de un amo. Dios limitó eso a 6 años. Nadie puede ser esclavo de otro por más de 6 años.
Al sexto año tiene que salir en libertad. Y hay que indemnizarle, hay que llenarle de bienes por los seis
años que trabajó con su patrón.
 Pero cuando llegaban los seis años, algunos, que tenían un patrón duro, severo, malo, avaro, tirano,
explotador, cuando llegaban al final del sexto año, ¿qué sentían...? Alivio, voy a ser libre, me voy a
librar de este ogro, de este tirano.
 Pero otros, cuando llegaba el final del sexto año, se empezaban a poner tristes. Y el patrón le decía:
“¿Qué te pasa?” No le decía nada. La otra semana lo veía otra vez triste: “¿Pero qué te pasa?”. Y un
día le dice: “Me ha ido tan bien en su casa. Usted, para mí, más que un patrón ha sido un padre. Mi
familia está bien. Usted nunca me exigió más de lo que podía, nunca se abusó, nunca me explotó.
Estoy triste porque tengo que salir de su casa. Lejos de su autoridad no me fue bien en la vida, pero en
estos años he aprendido a amarlo”.
 Entonces, en el Antiguo Testamento, había una ley que decía: “Si el esclavo, al sexto año, no se
quisiera ir porque te ama, porque le ha ido bien en tu casa, entonces tiene que hacer un pacto. Tiene
que llamar a los ancianos de la ciudad, y delante de ellos, el esclavo tiene que hacer un pacto. Tomarás
una lezna y horadarás el lóbulo de su oreja”. Allí, una perforación y un aro, la oreja abierta y un aro.
Esa era la señal que este era un esclavo para siempre, pero un esclavo por amor. No por obligación, por
amor

 Así que hacían esta práctica, y ese esclavo tenía alegría, porque se quedaba en la casa de su amo para
siempre, para servirle. Esto es lo que dice Pablo: “ Por amor de Cristo, mi Kyrios”. Yo te pregunto,
hermano: ¿Este Kyrios, es un tirano, es bueno o es malo? ¿Cómo es? ¿Te ha ido bien en su casa?
¿Quieres irte? ¿Quieres vivir como se te da la gana? Este Kyrios es un amigo, es un hermano, es un
padre, ¡es tremendo!... “¡Señor, me ha ido bien en tu casa, me quiero quedar! Has bendecido mi familia
en tu casa, mis hijos, mi vida. He estado protegido, Señor, sirviéndote. Yo quiero quedarme, Señor.
Quiero ser tu esclavo por amor”. “Sacrificio y ofrenda no quisiste, pero me preparaste un cuerpo...”,
dice Jesús, Salmo mesiánico 40, “...abriste mi oído. El hacer tu voluntad, oh Dios, me ha agradado”.
 Aquel que conoce, descubre a Cristo, tiene un agrado, un gusto de hacer la voluntad de Dios. No hay
nada mejor. ¡Señor, te quiero, te quiero amar, quiero servirte! ¡Quiero quedarme en tu casa! ¡Quiero
servirte, ser tu esclavo, porque tú me amaste, tuviste misericordia de mí! Diste tu vida por salvarme,
¿dónde voy a estar mejor que en tu casa? ¡Bendito seas Señor! ¡Me has hecho bien! ¿Puedes decirle al
Señor: me has hecho bien? ¡Me has hecho bien Señor! ¿ Has encontrado alguien como el Señor?
¿Quieres que Él horade tu oreja? Quieres decirle al Señor: “Señor, yo quiero ser tu esclavo para
siempre, esclavo por amor”. Levanta tu mano y dile a Él: “quiero ser tu esclavo, esclavo por amor,
para siempre...”

 ¿Qué significa reconocer a Cristo como Señor? Dijimos, en primer lugar sujetarme
incondicionalmente a su autoridad ¡Es hermoso hacer la voluntad de Dios, no hay nada más lindo que
eso!

2- Reconocer que el verdadero dueño de mi vida, y de todo lo que tengo, es Cristo
 ¿Qué es lo que tengo? Mi vida, mi cuerpo, mi esposo o esposa, hijos, la casa, la ropa, los zapatos,
el auto, la bicicleta, los muebles, el dinero (poco o mucho), el sueldo, el negocio, todo. Cuando Cristo
es el Kyrios, Él es el dueño de todo. Nada es mío, todo es de Él. Esto no significa que yo tengo cosas
que son mías y se las regalo a Él. Cuando reconozco que Cristo es el Kyrios, estoy diciendo que Él es
el dueño. Y realmente, hermanos, es el dueño de todo, porque de Él, por Él y para Él son todas las
cosas. No podemos hacer nada sin Él, no podemos fabricar nada, todo es de Él
 ¿De quién es tu casa? “Un momento, yo trabajé, la pagué en cuotas...”. ¿Tu casa de que está hecha?
De ladrillos ¿De dónde sacaron los ladrillos? De la tierra, la mezclaron con agua. ¿El agua de quién
es...? ¿Con qué lo cocinaron? Con fuego ¿El fuego de donde lo sacaron? Con leña ¿La leña, de donde
la sacaron? De los árboles. ¿De quienes son? ¿Quién los hizo crecer? ¡Todo es de Él!.
 El hierro, el oro, la plata, la madera, todo tiene dueño, el petróleo, todo. Él lo hizo. “Eh, un momento,
acá hay una trampa, yo trabajé ¡a mí nadie me regaló nada!”. ¿Con qué trabajaste? Con mis fuerzas.
Un momento, ¿con qué trabajaste? Con el cuerpo que te dio... ¿quién...? ¿Quién te dio el cuerpo, la
salud, la inteligencia, las fuerzas...? Así que con el cuerpo que te dio Dios, con la vida que te dio
Dios, con la sabiduría que Él te dio, con la inteligencia, la fuerza que te dio Dios, con todo eso
trabajaste ¿Es verdad o no? ¿De quién es todo? Hay un solo dueño. “De Jehová es la tierra y su
plenitud, el mundo, y los que en él habitan”.
 Reconocer que Él es el Señor, no es que yo soy el “señor” y me estoy haciendo el humilde, y le
estoy dando lo que es mío a Él. ¡No! “Conoceréis la verdad y la verdad os hará libres’. Y la verdad es
que cuanto existe tiene un dueño.
 Cuando naciste, ni dientes tenías. Todos los dientes que tenés ahora, ¿quién te los dio? El Señor. Y si
no me crees lo que te estoy diciendo, un día van a sonar las campanas para ti. Y el dueño tuyo te va a
decir: “Se acabó tu tiempo”. ¿Qué te vas a llevar? Nada, todo tienes que dejar aquí. Nada, porque nada
es tuyo, todo tiene un solo dueño.

 Nosotros vivimos engañados, creemos que la casa es mía, la familia es mía, el auto es mío, el dinero
es mío, el negocio, la fábrica, la empresa...¡Mentira! Pensá un momento en la comida que comés.
Tanta tecnología, informática, modernización, globalización; todavía el hombre no pudo fabricar una
sola comida ¿Pensaste eso alguna vez? La leche, el queso, los animales, las hierbas, las verduras, las
frutas... ¿de quién dependemos? Todavía nadie pudo hacer ningún alimento sintético que sirva para
alimentar al hombre. ¡Dependemos de Dios! ¡Todo es de Él!.

 Si Él te quitará la respiración tres minutos, te quitara el aire para respirar ¡Menos mal que la DGI no
se avivó, todavía, de poner un medidor de aire en la nariz de cada uno! ¡Todavía es gratis! Podemos
respirar el aire. Si Dios te quitara por tres minutos, ¿qué pasaría contigo? Chau, fuiste. Te transformas
en un cadáver. Y por más que te quieran tu mamá, tu marido, tu esposa, no te pueden aguantar en casa
ni tres días. Te tienen que enterrar... ¡Dios es el dador de todas las cosas! ¡Nosotros somos necios!
Estamos engañándonos creyendo que somos poseedores de algo. No podemos ni siquiera respirar, ni
fabricar aire, ni alimentos, ni agua, ni nada, todo es una gracia de Dios, todo tiene un dueño ¿Amén?
 Te vas ir livianito a tu casa hoy. ¿Creíste qué tenías algo eh...? Por eso dijo Jesús: “El que no
renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo”. Y si no es discípulo, no es nada, no es salvo,
¡no puede ser! Hacé un inventario de lo que tenés, firma abajo y decí: “Renuncio a todo”. Y poné ahí
abajo: “El verdadero dueño de todo es Jesucristo”. Y agregá: “Yo viví engañado, pensé que era dueño,
estaba engañado, llegó la verdad a mi vida, la verdad de Dios. Y ahora soy libre” ¡Aleluya! ¡Gloria a
Dios! (aplausos...)
 Hermanos, ¿ustedes están locos? Si acabo de decir que nada es de ustedes... ¿y ustedes aplauden?
¿En serio aplauden? (Aplausos...) Estamos honrando al dueño verdadero ¡Llegó el año de jubileo!
¡Gloria a Dios! ¡Bendito Señor! Tú eres el dueño de todas las cosas...

El tesoro escondido
 Pablo era igual que ustedes, era un loco... Dice; “lo he perdido todo y lo tengo por basura...”.
¿Quieren qué les diga lo que dice en el original griego? “Lo tengo por estiércol...” ¿Queda feo, no?
Por eso, en esta traducción, pusieron “basura”, un poquito más disimulado. Pero en el original, Pablo
dice estiércol. Hermanos, comparativamente, toda la riqueza del mundo, todo lo que yo puedo obtener,
todo lo que para mí era ganancia, comparado con Cristo, es estiércol. Tú di “basura”, es más refinado,
pero ya sabés a que se refiere Pablo ¿Amén? Porque, hermanos, no hay comparación.
 Hay uno que obtuvo todo lo que se podía obtener: riquezas, plata, oro, placeres, mujeres, fama,
sabiduría, poder, reino, autoridad, manjares deleitosos, vivía en un palacio, ¿sabés como terminó
diciendo...? “Vanidad de vanidades, todo es vanidad”, dijo él, Salomón. Pero no descubrió el tesoro
escondido. Y terminó mal este hombre, terminó mal... Dios le dio sabiduría, le dio riquezas, le dio
todo, y terminó casándose con paganas, construyendo templos por agradar a las mujeres que había
tomado, construyendo ídolos a Asera y a otros ídolos de aquellos países vecinos, paganos. No
encontró el tesoro. ¡Pero Pablo lo encontró! ¿Tú también lo encontraste? ¡Eres un hombre feliz! ¡Eres
afortunado!

 El Reino de Dios es semejante a un tesoro escondido en el campo: Un hombre estaba caminando por
un campo, no sé, quizás estaba haciendo algún trabajo, y de repente tropezó con algo. “¿Qué es esto,
una piedra?”. Cavó un poco..., cavó más, encontró algo. Siguió limpiando, era la tapa de un cofre.
Cavó más, era un cofre impresionante. Le costó trabajo abrirlo. Cuando lo abre: “¡Ahh... tesoro
escondido! ¡Ohh.. piedras preciosas, diamantes, perlas! ¡Pero esto es tremendo!”. Lo tapó otra vez,
cubrió con la tierra, lo disimuló. Fue a averiguar: “¿quién es el dueño de este campo?” Le dijeron:
“Fulano de tal”. Así que se presentó, y le dijo: “Usted es el dueño del campo?”. “Sí”. “¿Lo vende?”.
“Y... según lo que pague”. “Bueno, le pago lo que vale”. Así que le pidió quizás más. El hombre le
dijo: “Bueno, se lo compro”. “¿Tiene la plata?”. “Deme unos días, yo lo voy a comprar”. Fue, y vendió
su casa, su campo, sus animales, ¡vendió todo lo que tenía! ¿Le costó vender todo? Lo vendió con
gozo, dice, con alegría. Se estaba despojando de todo, pero con alegría, pero... ¿Por qué? ¡Descubrió el
tesoro! Y fue, y pagó, y compró aquel campo. ¿Amén?

 ¡El Reino de Dios es así! Hay un tesoro escondido en el Reino de Dios ¿Sabés como se llama ese
tesoro? Jesucristo ¿Amén? ¿Cuánto te cuesta? Todo. Sí, todo. Pero el todo mío, el todo tuyo, son
monedas, comparadas con el todo de Él. Lo que yo entrego es todo, y lo que Él me entrega es todo.
Pablo dice: “Para ganar a Cristo”. ¡Quiero ganar a Cristo! En Él están escondidos todos los tesoros de
la sabiduría y del conocimiento. En Él mora, corporalmente, toda la plenitud de la Deidad. En Él está
todo lo que Dios tiene para mí. Todo lo mío es nada, monedas, ¡fuera! ¡Yo quiero ganar a Cristo! A
todos nos cuesta todo. Al que tiene poquito, le cuesta todo. Al que es multimillonario le cuesta todo.
¡Aleluya! ¿Qué locura eh...? ¡Ah... Jesús!
 Hermanos, si tuviera que vivir 10 veces, 100 veces, 1000 veces, entregaría todo por tener a Cristo
Jesús. Sólo me arrepiento de una cosa: No haberme convertido antes de los 15 años. Créanme que lo
lamento. Perdí varios años ahí. Pero ahora no quiero perderlo más. Quiero vivir todos los días
entregado a Cristo, disfrutando la herencia. “Jehová es la porción de mi herencia y de mi copa. Las cuerdas me cayeron en lugares deleitosos y es hermosa la heredad que me ha tocado”, dice David. ¡Es
hermoso! ¡Bendito sea el Señor!

Obedeciendo al Kyrios
 Me gustaba mucho estudiar, quería ser ingeniero. Me gustaba mucho las matemáticas y la física, pero
estaba haciendo el ingreso a la Facultad de Ingeniería, que duraba un año. Cruzando la calle, un día,
estaba esperando que pasen los autos para cruzar la mitad que me faltaba. De repente, una voz detrás
mío me dice: “Vende todo lo que tienes, dalo a los pobres, y sígueme” . Tenía 18 años. Fue tan real la
voz, una voz audible, que yo me di vuelta a ver quien estaba. Cuando me di vuelta sólo pasaban autos.
No estaba orando, no estaba pensando en nada. Apenas me di vuelta, supe que era el Señor. ¿Y qué
tenía en la mano? La carpeta de la Facultad. Llegué a la vereda, hice un duelo de dos minutos. Me
gustaba mucho estudiar esa carrera, tenía un gusto especial, quería ser ingeniero, y servir al Señor
como ingeniero. Pero Dios dijo “vende todo lo que tienes...” Pero no me costó mucho, porque me lo
pedía el Señor. Llegué a la vereda y dije: “Esta bien Señor, sea hecha tu voluntad”. Era la mitad del
año. Sólo le pedí al Señor que me deje terminar el curso de ingreso para no dejarlo por la mitad, y que
no me digan después “dejó porque no pudo entrar”. ¿Un poco de amor propio, no...? Así que terminé el
curso, el Señor me lo permitió, aprobé, entré, y me fui. Él es el que manda, todo es de Él ¿Amén?
 Un día le dije: “¿Señor, con quien me voy a casar?”. Yo quería casarme a los 22 años, pero no sabía
con quién. Y ya tenía 26 años, y los pastores amigos míos me cargaban. Y un día le dije: “¿Señor, con
quién? Y Él me dijo: “¿Me preguntaste a mí si te tenías que casar?”. “Uhh, no Señor, ¿también eso?
Está bien, pero no hay que ser tan exagerado”. Les confieso que entregarle eso me costó más que dejar
la carrera, y no quise decirle de boca: “Sí, Señor, te entrego todo”. Decirle que sí sobre ese punto...
luché dos o tres meses. Hasta que le dije: “Sí, Señor, he madurado la decisión, si querés que te sirva
como soltero toda mi vida, digo amén”. Sentí un gran alivio, una paz.

 Al año siguiente, Dios me dijo: “Jorge, ¿todo lo que tenés es mío?”. “Sí, Señor, ya te proclamé como
mi Señor” Y yo había trabajado en una fábrica de calzado, en la administración y contabilidad. Yo era
el administrador, hacía los balances, la contabilidad que me enseñó mi padre, por práctica, no por que
sea contador. Durante seis años o más, trabajé allí, desde los 16 años. Y como vivía con mis padres y
era soltero, todo lo que ganaba (casi todo lo que ganaba, después de poner el diezmo y algunos gastos),
todo lo ahorraba. Mi padre tenía un negocio, se lo daba a él, lo ponía en el capital del negocio, y sobre
eso me pagaba intereses acumulativos. Así que, todos los meses, la mayor parte del sueldo iba ahí.
Tenía un sueldo bien importante por la edad que tenía. Y a los 27 años me dice el Señor: “¿Todo es
mío?”. “Sí”. “Juntá todos tus ahorros y entregámelos”. ¿Cómo? Diez años de ahorro, por si me iba a
casar... Tragué saliva, fui a mi padre y le dije: “Papá, ¿tenés mi cuenta, como está?” Él era muy prolijo,
ahí estaba... ¡A la flauta!. “Bueno, ¿cuándo me lo podés preparar?”. “¿Y qué vas a hacer?”. “No papá,
me habló el Señor”. Cada vez que le decía a mi padre: “me habló el Señor”, ya sabía... Me dijo: “Está
bien, hijo, ¿y si te casás, un día? ¿Con qué vas a enfrentar la familia?”. Le dije: “Sí, papá, eso mismo
pienso yo...” Pero como yo no soy dueño, es Él... “Está bien”, me dijo. Mi padre, para entonces, era un
hombre lleno del Espíritu Santo, y un mes después, preparó todo, juntó todo, y me dio el dinero. Fui al
tesorero de la iglesia y le dije: “Traigo una ofrenda”. ¿Les digo la verdad...? No me costó. Yo pensé
que me iba a costar.

 Pocos meses después aparece una niña, y el Señor me dice; “Sí, Jorge, te vas a casar”. Esta es la
niña, una señorita. Yo tenía 28 años y ella tenía 26. “Bueno Señor, encantado, muchas gracias, ¡ahora
vamos a ver como te las arreglás!” ¡Que bueno es Dios! Me acuerdo que faltaban 10 días para nuestro
casamiento. Mi sueldo eran $60.000 de aquella época. Y el alquiler de una casa, la más chiquita, valía
$40.000. Fuimos a ver varios lugares y... Silvia estaba llorando en el auto de mi padre, que nos había
prestado para buscar casa, cuando volvíamos de la última chance. Y dice: “¿Dónde vamos a vivir?”.
Hermano, ya han pasado 29 años. Apareció una casa, una hermana, de un matrimonio mayor, dice:
“Sólo la alquilo a ustedes, $18.000”. ¿Crees qué nos faltó algo? ¡Nunca, nada! Nunca le pedí a nadie
cuanto debían pagarme, porque mi trato es con el Señor. Dios nos dio 5 hermosos hijos, casa, todo.
Siempre enseñándonos que es mejor dar que recibir. ¡Bendito sea su Nombre! ¡Dios es bueno!
 Les digo, hermanos, que como esclavo, con la oreja agujereada, y con el aro acá..., me ha ido mejor
¡Él es bueno, Él es fiel! Así que, reconocer a Cristo como Señor, significa que no soy dueño de nada,
Él es el dueño de todo. Todo lo que está bajo mi administración, está a disposición del Señor. ¡Qué
lindo es vivir así!

3- Reconocer que ya no vivimos para nosotros mismos, sino para el Kyrios

 El último punto, hermanos, abran conmigo Romanos 14: 7-9. Mirá lo que dice aquí Pablo: 26
26
“Porque ninguno de nosotros vive para sí, y ninguno muere para sí. Pues si vivimos, para el Kyrios
vivimos; y si morimos, para el Kyrios morimos. Así pues, sea que vivamos, o que muramos, del
Kyrios somos. Porque Cristo para esto murió y resucitó, y volvió a vivir, para ser Kyrios así de los
muertos como de los que viven.”
 ¿Qué quiere decir “ninguno vive para sí”? Cuando Él es el Kyrios de nuestra vida, ya no vivimos
para nosotros, sino para Él. La característica sobresaliente del hombre de hoy es el egoísmo. ¿Qué es
un egoísta? Aquel que vive para sí, todo lo que hace es para sí. Si trabaja, es para sí, si estudia, es para
sí, si compra, si vende..., todo es para sí. Vive para sí, él es el centro de la vida, y todo esfuerzo, y toda
adquisición es para él.. Busca ser servido de los demás. Pero si Cristo es el Kyrios, Pablo dice:
“ninguno”, no algunos, ninguno de nosotros vive para sí, ni muere para sí. Si vivimos, para el Kyrios
vivimos, para el Kyrios morimos, y del Kyrios somos, ¿Amén?
 Así, hermanos, cuando Cristo es el Señor de nuestra vida, nos sujetamos incondicionalmente a su
autoridad, reconocemos que Él es el verdadero dueño de todo lo que somos y tenemos, y finalmente,
reconocemos que ya no vivimos para nosotros mismos, sino para el Kyrios. ¿Amén? No vivo para ser
servido, sino para servir. No soy yo el centro, sino es Él. Mi vida entera es de Él, por Él y para Él.
¿Amén? .

El aro en la oreja
 Hoy quiero que te vayas a tu casa con un solo aro en tu oreja. Algunos me dicen: “¿Es pecado que
los varones usen aro?” Yo estoy hablando de otro... El aro en tu oreja que dice que eres un esclavo por
amor. ¿Cuántos quieren ponerse el aro ahora? ¡Te van a agujerear la oreja, eh...! Con la lezna, el
Espíritu Santo poniendo en ti una marca definitiva en nombre del Señor, ¿Amén?
 Bueno, tantos levantaron la mano que no voy a pedir que pasen al frente. Allí, donde estás, es el
frente, frente al Señor. Si estás dispuesto a ser esclavo de amor para siempre, para el Señor, vivir para
Él, todo de Él, sujeto a su autoridad, ponte de pie, vamos a orar en esta noche ¡Aleluya! Gracias Señor
¡Aleluya!
 Repite conmigo, entonces, esta oración:
 “Señor Jesucristo, en esta noche, te proclamo como el Kyrios de mi vida. Yo soy tu esclavo. Me ha
ido bien en tu casa, y quiero ser esclavo para siempre. Horada mi oreja. Horada mi corazón. Abre
mi oído, yo quiero escucharte, y quiero obedecerte Quiero vivir bajo tu autoridad, me coloco bajo tu
autoridad. Renuncio a todo lo que poseo. Todo es tuyo, Señor. Dispón de todas mis cosas, de toda mi
vida, de todos mis bienes, de mi tiempo. Todo lo que tengo es tuyo. Tu eres mi Kyrios. Señor, yo voy
a vivir para ti con todo mi corazón, con alegría, con fe, quiero servirte. Eres el tesoro que he
encontrado. ¡Aleluya! Cristo, mi vida es tuya. Quiero conocerte, quiero amarte, Señor. Quiero
ganarte, Señor ¡Gloria sea a tu Nombre! ¡Aleluya! ¡Márcanos con tu Espíritu Santo! Pon una
marca imborrable para siempre, ahora, en cada vida, en cada corazón, en el Nombre de Jesús
¡Aleluya, Señor! Gracias, gracias Jesús, Amén.”

sábado, 6 de julio de 2013

PARTE I : El Reino de Dios: El tema de toda la Escritura (continuación) (cassette nº2)


Breve repaso
 Jesús proclamaba ‘’El reino de Dios se ha acercado, cambien de actitud, crean en esta noticia que les
estoy dando’’. Hemos dicho que este era el tema del ministerio de Jesús durante 3 años y medio. Aún,
los 40 días después de la resurrección, les habló a los discípulos sobre el Reino. Hemos visto en los
Hechos que Pedro, en Pentecostés, presentó a Jesús sentado en el trono como Rey y Señor, sentado en
el trono de David, conforme a la profecía del Salmo 110: “Siéntate a mi diestra...’’.
 Vimos también, que Felipe en Samaria predicaba el Evangelio del Reino y el nombre de
Jesucristo. Observamos, finalmente, que el apóstol Pablo, en su ministerio, su tema él lo podía
sintetizar también diciendo que pasó predicando el Reino de Dios. Y llegamos así a los últimos
versículos de Hechos de los Apóstoles, donde veíamos a Pablo en una casa alquilada, con una
custodia, con una libertad vigilada, y allí por 2 años también predicando el nombre del Kyrios
Jesucristo y hablando acerca del Reino de Dios.
 Hemos dicho también esta mañana, que la expresión Reino de Dios, Reino de los Cielos o Reino, se
repite en el Nuevo Testamento 133 veces. Lo cual indica el aspecto dominante, preponderante, de este
tema.

 Hemos dicho también, que si no tenemos la visión del Reino, todos los otros temas de la Biblia
quedan inconexos, no tienen cohesión. Pero cualquier tema, teniendo la visión del Reino, tiene una
fuerza extraordinaria. Por ejemplo, si hablamos de la familia, sin la visión del Reino, no tiene fuerza
todo lo que decimos. Pareciera que la familia, finalmente, existe para nuestro bien y felicidad. Y es
fácil perderse y mezclarse con criterios humanos, con consejos humanos, etc. Pero cuando ubicamos
el tema de la familia
bajo la perspectiva del Reino, toma una fuerza extraordinaria. Así también podemos decir de la
oración, los dones del Espíritu Santo, y de cualquier otro tema. ¿Qué sentido tiene la unidad de la
Iglesia si no está el Reino? ¿En qué avanzamos si toda la Iglesia es una, y no está entronizado, en esa
Iglesia, Jesucristo como Rey y Señor? En cambio, poniendo el eje en su lugar, el tema central, todos
los otros temas son subtemas bajo la perspectiva y la visión del Reino de Dios.

Un cambio de expresión
 Ahora tengo que avanzar. Después de los Hechos vienen las epístolas, y después el Apocalipsis.
Permítanme señalar algo en cuanto a las epístolas. Las 133 veces que aparece la expresión “Reino de
Dios”, la inmensa mayoría aparece en los Evangelios y en los Hechos de los Apóstoles.
 En las epístolas, la expresión “Reino de Dios” no es tan frecuente. De allí que algunos dedujeron,
equivocadamente, que ese tema ya pasó, o vendrá en el futuro, y que ahora, en las epístolas, aparece
otro tema. Es porque no han entendido un giro que hay en las epístolas, no de tema, sino de expresión.
Y quiero explicarles: En las epístolas, la mayoría son de Pablo, pero también en las demás, continúa
hablándose del mismísimo tema. El tema no cambia, pero cambia la expresión. Y esto obedece a dos
razones. Ustedes no van a ver la misma frecuencia en las epístolas, pocas veces aparece la expresión
“El Reino de Dios”. Aparece, pero pocas, no es tan frecuente. ¿A qué se debe este cambio de
expresión? No de tema, como voy a aclarar ahora. Hay dos razones, una cultural, y otra espiritual, o si
se quiere, teológica, bíblica.

La razón cultural
 ¿Cuál es la razón cultural? En aquel siglo, el primer siglo, estaba el Imperio Romano. Para los judíos,
la expresión “Reino de Dios” o “Reino de los Cielos” era una expresión familiar, conocida. Porque en
el Antiguo Testamento hay muchas expresiones donde se exalta a Dios como el Rey de todas las
naciones. Varios Salmos comienzan proclamando: “Jehová Reina”. Así que era una expresión
conocida por ellos. Ellos sabían que el verdadero Rey del Universo era Dios. Pero, en el Imperio
Romano, Pablo descubre que era más apropiado usar otra expresión. Porque en el Imperio Romano la
autoridad máxima era el César de Roma, el Emperador. El Imperio Romano abarcaba muchas
naciones, y en cada nación había un rey. Herodes, por ejemplo, era un rey en Palestina, y así, había
reyes en las diferentes naciones. Pero el César tenía un título que superaba al de rey, en la cultura de
aquella época. El César ostentaba el título de Kyrios, Señor, que es la traducción al griego del hebreo
Adonai, mi Señor. De tal manera que el César, el Emperador de Roma, tenía la aspiración de ser un
dios, un semidios, se arrogaba el título de Kyrios, dando a entender que, por encima de los reyes, había
un Kyrios. Así era la cultura de aquella época. El saludo en el Imperio Romano era este: “El César es
el Kyrios”. Y Pablo, comprendiendo esta cuestión cultural, prefiere usar otra expresión que es mucho
más fuerte que llamar a Jesucristo rey, porque lo rebajaría en la cultura de ese entonces, por debajo del
César.
 Así que, por la revelación de Dios y la lucidez que Pablo tenía adecuando la verdad a la cultura de su
época, se produce un giro de expresión. Mientras en el Antiguo Testamento, como en los evangelios,
se habla del Reino de Dios, y en el protoevangelio, en Isaías 52 dice: “ Cuan hermosos son los pies
sobre los montes del que anuncia paz, ..., del que dice a Sión: Tu Dios reina” ¡Sión! El que reina no es
el rey asirio ¡Buenas noticias! ¡El que reina es tu Dios! Él está por encima de todos los reyes de la
tierra; esa era la expresión del Antiguo Testamento. ¡Jehová reina! Temblarán los pueblos y las
naciones. Ese era el kerigma del evangelio del Antiguo Testamento. Pero, ahora, Pablo usa otra
expresión:
¡Jesucristo es el Kyrios!
¡Tremendo, desafiante, impresionante!. Cuando todos estaban obligados a confesar que César era el
Kyrios, Pablo proclama que el verdadero Kyrios es Jesucristo, es el que está en el trono, sobre todos
los reyes de la tierra, sobre todo principado, sobre toda potestad, sobre todo señorío. Hay alguien que
está por encima de todo, es aquel a quién el Padre exaltó, lo sentó a su diestra y lo proclamó Kyrios de
todo el Universo.
 Así que, Pablo se adecua la cultura de aquella época, y en las epístolas, la expresión frecuente ahora,
no es “el Reino de Dios”. Pero la expresión frecuente es “Jesucristo es el Kyrios”, “nuestro Kyrios
Jesucristo”, “el Kyrios Jesucristo”, proclamando Él está en el trono, y Él reina por encima de todos los
reyes de la tierra, y aún por encima del César de Roma.
 ¿Cuántas veces aparece, en el Nuevo Testamento, la palabra Kyrios, referida a Jesucristo? 610 veces,
la va a encontrar por todas partes. Así que superó las 133 veces del “Reino de Dios” de los evangelios
y de los Hechos. Casi no hay capítulo en las epístolas en donde, varias veces, Pablo habla de Cristo
como el Kyrios. Solamente en las epístolas de Pablo, la expresión Kyrios referida a Cristo, se repite
260 veces. Decir Jesucristo es el Kyrios era el Kerigma, o la síntesis del Kerigma apostólico en
aquellos días. Esta es la razón cultural, la adecuación que Pablo hace, cambia de expresión, pero no
cambia de tema.

La otra razón
 Hay, además, una razón teológica o bíblica. ¿Cuál es? Pedro, en Pentecostés, por el Espíritu Santo,
recibe la revelación que, este que murió, que resucitó y ascendió a los cielos, el Padre le entregó el
Reino, lo sentó a su diestra en el trono, y lo proclamó Kyrios.
 Y dio el Padre una orden universal: Que toda rodilla, de los que están en los cielos, en la tierra y
debajo de la tierra se doble. Y toda lengua confiese que Jesucristo es el Kyrios ¡Aleluya!.
 Pablo ratifica, y tiene la misma revelación que Pedro, al decir que el poder de Dios operó en Cristo,
resucitándole de entre los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales, sobre todo
principado, autoridad, poder y señorío, sobre todo nombre que se nombra, en este siglo y en el
venidero. Y sometió todas las cosas bajo sus pies. Y lo dio, sobre todas las cosas, como cabeza de la
Iglesia, la cual es su Cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo. ¡Aleluya!
El tema de las epístolas
 En las epístolas, esta es la proclama, insistente, reiterativa, del apóstol Pablo, del apóstol Pedro, de
todos los apóstoles, proclamando a Cristo como Señor. Encontraremos la reiteración permanente en
las epístolas: “Dios nuestro Padre y el Kyrios Jesucristo”. Veamos en Romanos 1:1
 “ Pablo, siervo(doulos) de Jesucristo, llamado a ser apóstol, apartado para el evangelio de Dios “
 Doulos de Jesucristo significa esclavo de Jesucristo. Si Cristo es el Kyrios ¿Yo qué soy? ¡Doulos, un
esclavo! Miremos un poco el capítulo 4 vs. 24 de Romanos:

“... sino también con respecto a nosotros a quienes ha de ser contada, esto es, a los que creemos en
el que levantó de los muertos a Jesús, Kyrios nuestro...”

Ahora cap.5 vs.1 :
“Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Kyrios Jesucristo”

Versículo 11 :
“Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en Dios por el Kyrios nuestro Jesucristo, por quien
hemos recibido ahora la reconciliación.”

Capítulo 6, versículo 11 :
“Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Kyrios
nuestro.”
Versículo 23 :
“Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Kyrios
nuestro.”

Capítulo 7, versículo 25:
 “Gracias doy a Dios, por Jesucristo Kirios nuestro. Así que, yo mismo con la mente sirvo a la ley
de Dios, mas con la carne a la ley del pecado”

Capítulo 8, versículo 39 :
“...ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que
es en Cristo Jesús Kyrios nuestro.”
 Y así, podemos leer todas las epístolas. Tenemos que leer 260 versículos donde aparece la expresión
de Jesucristo como Kyrios. Miren como define Pablo a la Iglesia, 1 Cor. 1:2

“...a la iglesia de Dios que está en Corinto, a los santificados en Cristo Jesús, llamados a ser santos
con todos los que en cualquier lugar invocan el nombre de nuestro Kyrios Jesucristo, Kyrios de ellos
y nuestro”
Ahora, en el Imperio Romano, dale y dale con el Kyrios, nuestro Kyrios. Esta fue la razón por la cual
se desató la persecución romana contra los cristianos. Primero fue la persecución de los judíos contra
los cristianos. Pero luego fue la persecución romana, que en el comienzo del siglo II, hubo una
persecución organizada; porque aquí iba creciendo, dentro del Imperio, un pueblo que confesaba que
“el Kyrios de ellos era Jesucristo”, y no sólo de ellos, sino el “Kyrios de los Kyrios” ¡Bendito sea el
nombre del Señor! ¡Aleluya!. Mire Ef. 1: 2-3:

“Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Kyrios Jesucristo. Bendito sea el Dios y
Padre de nuestro Kyrios Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares
celestiales en Cristo”

 Así podemos ver, sólo en Efesios se repite la palabra Kyrios 24 veces. Entonces, ¿cambio el tema de
las epístolas? No, cambia la expresión, lo adecuó, por un lado a la cultura, para que sea el impacto
mayor. Y por otro lado, a la realidad que el Padre, al exaltar al Hijo, le dio el Reino. Y dice 1 Cor. 15:
25-26

“Porque preciso es que él reine hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies. Y el
postrer enemigo que será destruido es la muerte.”
 Así que Cristo va a reinar, estamos en ese período, donde los enemigos van a ir cayendo, y van a ser
puestos como plataforma. Y cuantos más enemigos, más grande y alta será la plataforma, para exaltar a
Jesucristo como Kyrios ¡Aleluya! Y al final, cuando el último, el postrer enemigo, que es la muerte,
sea sometido, Cristo mismo entregará otra vez el Reino al Padre. Y Él también estará sometiéndose y
entregándose al Padre. Todo nace en el Padre y todo termina en el Padre, esa es la realidad del Reino
de Dios.

La visión dominante del Apocalipsis

 Entonces, ¿cuál es el kerigma central de las epístolas? Que Jesucristo es el Kyrios. Y el último de los
apóstoles vivos, ya que todos habían muerto y había quedado uno solo, no sé si por haber sido el más
jovencito cuando arrancó con Cristo... ¿Quién era? Juan, ahí, en la isla de Patmos, desterrado por causa
del testimonio de Jesús.
 Jesús se le aparece y le da una revelación sobre su persona. Le da un mensaje a cada una de las siete
iglesias de Asia. Y le dice: “Juan, sube acá, te voy a mostrar las cosas que sucederán”. Y de repente, en
el Espíritu, Juan sube al cielo y ve. ¿Qué ve? Un trono, y a uno sentado sobre el trono, y al Cordero a
su diestra. Y ve toda la adoración celestial, los cuatro seres vivientes, los veinticuatro ancianos,
millones y millones de ángeles cantando y adorando al que está sentado en el trono, y al Cordero. ¡ No
hay otro digno en el cielo, en la tierra, debajo de la tierra, no hay otro digno de recibir la gloria, la
honra, y el poder! ¡Digno de nuestra adoración! ¡Aleluya!
 Eso es lo que Juan vio, y participó de aquella alabanza celestial. El trono, ¡Hermanos, hay un Trono!
Y en ese Trono está sentado Dios el Padre, y a su diestra está sentado el Hijo, el Cordero como
inmolado, recibiendo toda la adoración en el cielo y en la tierra. ¡Bendito sea su nombre, ahora y
siempre! ¡Aleluya!
 ¿Y qué le dijo el Señor? Le iba a mostrar cosas tremendas, cosas difíciles, pruebas, calamidades,
terremotos, le iba a mostrar los jinetes del Apocalipsis, las plagas, los ayes, las copas de ira, las
trompetas y las cosas que iban a suceder sobre la tierra. Pero quería, antes de mostrarles todas estas
cosas, quería mostrarle a Juan que no se preocupen: “...escribe a las iglesias, y diles lo que has visto”.
La visión de que hay Alguien sentado en el trono ¡Y Él reina! La Iglesia iba a pasar, a continuación del
Apocalipsis, la prueba más dura. Iba a ver muertes, secuestros, asesinatos. Iba a haber una persecución,
sangre iba a ser derramada, y muchas cosas iban a suceder. Pero la visión dominante del Apocalipsis es
que hay un trono, y en ese trono está sentado el Señor ¿Amén?
 ¡No se aflijan! Yo estoy en el Trono, dice el Señor. Van a pasar pruebas y tribulaciones, pero
tranquilos, está todo bajo mi control. Y esa Babilonia, la ciudad de Roma, que la llaman Babilonia
disimulada y alegóricamente, y se refería a Roma, esa ciudad que ha fornicado con todos los reyes de
la tierra, va a caer. Y allí, en el Apocalipsis, muestra todas las pruebas que iban a venir, pero
tranquilos, “yo estoy en el trono”, dice el Señor. ¡Aleluya! 15

Dios tiene todo bajo control
 Y finalmente, llega el capítulo 19. Y allí escucha en el cielo el estruendo como de muchas aguas, y
como la voz de una gran multitud que decía: “¡Aleluya!”. ¿Por qué? ¡Porque el Señor, nuestro Dios
Todopoderoso, reina! ¡¡¡Aleluya!!! ¡Gloria a Dios! Y allí dice, en el griego, el Kyrios, nuestro Teos
(Dios) Pantócrator reina. ¿Qué es pantócrator? ¡El que tiene todo bajo control! Ese es el que reina.
 Hermano, ¡Qué tremenda es la visión del Reino! Ni la tribulación ni lo alto, ni lo profundo, ni la
vida, ni la muerte, ni lo presente, ni lo por venir, ni la necesidad económica, ni la persecución, ¡nada de
lo que nos suceda nos preocupa!. Porque encima de todas las cosas está nuestro Señor que tiene todo
bajo control.
 Finalmente Babilonia cayó. Y aparece, en el capítulo 19, uno que es “el Verbo de Dios”, montado
sobre un caballo blanco. En sus vestiduras y en sus lomos están escritos sus nombres: “Rey de reyes, y
Señor de señores” ¡Aleluya! Esa es la visión del Apocalipsis. ¡Qué palabra de consolación! ¡Qué
palabra de esperanza, de fe, para aquellos que iban a entrar en una tribulación, en una persecución, en
sufrimiento! ¡No te preocupes! Aunque te maten, aunque te corten la cabeza, aunque te quiten todo lo
que tienes, no te preocupes. Porque hay uno que reina, y tiene todo bajo control. Y a los que aman a
Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.
 Y ahí quedó el Apocalipsis, para todos los siglos venideros también, pase lo que pase. ¿Dónde está el
César? Pobrecito el César. ¿Dónde están los reyes de la tierra? ¿Dónde está Alejandro Magno? ¿Dónde
está Napoleón? ¿Dónde están aquellos que querían retener el poder? Pobrecitos los que quieren
perpetuarse. ¿Por cuánto tiempo se pueden perpetuar en el poder? Hay uno que resucitó: “He aquí yo
soy el que vivo por los siglos de los siglos” ¡Aleluya!
 Nuestro Dios es el que reina. Hermanos, ¿cuál es el tema de todo el Nuevo Testamento? El Reino de
Dios. ¿Y quién está en el trono? El Kyrios ¡¡Bendito sea su nombre!!
PARTE II : ¿Qué es el Reino de Dios? (su significado y su implicancia)
El Reino de Dios: Su significado
 Tanto hablar del Reino de Dios, y por que no nos preguntamos: ¿Qué es el Reino de Dios? Ahora
vamos a entrar en su significado, no es muy complicado.
 El Reino de Dios ¿Qué es? A nosotros nos confunde un poco la expresión, porque nosotros
pensamos que el Reino es como un país. Antiguamente, a los países gobernados por reyes los llamaban
reinos. Así, algunos países todavía conservan, aunque sea la forma exterior. Inglaterra se llama el
Reino Unido de la Gran Bretaña, allí hay una reina. Hay otros países también, España tiene al rey Juan
Carlos. Pero son resabios históricos de la tradición, que prefieren mantener así, por diferentes razones.
 ¿Qué es el Reino entonces? ¿Qué es el evangelio del Reino de Dios? ¿Qué es el Reino de Dios?
Hermanos, el Universo tiene un centro, en ese centro hay un trono, en ese trono hay un Rey, el Reino
de Dios es la acción del reinar de Dios. No es tanto un término que califica un lugar geográfico, como
un país, sino una acción presente y continua. Dios está en el centro, en el Trono, y Él es el que
gobierna el Universo. El creador de todas las cosas, aquel que sustenta todas las cosas con la palabra
de su poder, Él está reinando hoy sobre todo cuanto existe. Dios, con su palabra de poder,
sostiene el Universo, las galaxias, constelaciones; y aún el microcosmos: el átomo, las moléculas, los
protones, los neutrones. Todo lo va gobernando en el mundo físico, en la vida biológica, en todo
cuanto existe, sobre las cosas que se ven, materiales, y las que no se ven, espirituales. Él gobierna
sobre todo acontecer, el Universo no está a la deriva, no está librado al azar. Hay alguien que esta
sentado en el trono, y reina.
 Las estrellas obedecen a Dios de un modo natural, inconsciente, porque no tienen conciencia,
involuntario, porque no tienen voluntad... El árbol, la flor, también obedecen a Dios de una forma
natural, podríamos decir automática, porque no tienen mente, no tienen inteligencia, no tienen
conciencia, no tienen voluntad. Así que, las galaxias, las constelaciones, los astros, los planetas el sol,
la tierra, la luna, todo, obedece a Dios y no puede hacer otra cosa que obedecer al Soberano Dios, no
tienen voluntad para discrepar o acatar, es una obediencia natural y automática.

La rebeldía del hombre
 Pero cuando Dios crea al hombre, pone su espíritu en el hombre, lo hace a su imagen y semejanza, le
da conciencia, entendimiento, le da una voluntad. Ahora el hombre tiene que obedecer al Rey del
Universo de un modo consciente y voluntario. Para eso Dios les habla. Si le habla al árbol no entiende,
pero le habla al hombre y entiende. Dios, al crear al hombre, y bendecirlo, le dice lo que espera de él,
le da mandamientos, le da órdenes: ”fructificad, multiplicaos, llenad la tierra y sojuzgadla, señoread
sobre los peces del mar, las aves de los cielos, las bestias de la tierra. De todo árbol pueden comer,
pero de aquel árbol del conocimiento del bien y del mal no pueden comer”; “seis días van a trabajar, el
séptimo van a descansar”. Le da una esposa, los declara una sola carne, marido y mujer. Lo pone en el
Huerto del Edén y le da la orden de guardar la tierra y labrarla. Dios le habló al hombre, le comunicó
su voluntad, ahora el hombre entendiendo, habiendo entendido la voluntad del Rey, de la autoridad, le
toca estar sujeto, obedecer.
 Pero aparece ahí otro ser, que se había rebelado contra Dios, ese ser que era un ángel de luz,
quizás el principal ángel del cielo, quién se rebeló contra la autoridad de Dios, y fue expulsado de la
presencia de Dios. Dios retiró de él su santidad, y quedó transformado en un ser maligno, en un
homicida, un engañador, en un adversario de Dios y de los hombres. Y ahora aparece en escena y se
acerca a Eva para decirle: “ ¿Dios te dijo que no comas?... Comé, no va a pasar nada” ¿Cuál es la
gravedad del pecado que cometió Eva? Dios dijo no, y ella lo hizo ¿Es grave o no es grave? ¿Es grave
o es muy grave? Ante la Palabra de Dios que entendimos, recibimos, hacer lo contrario es grave,
¡gravísimo! Porque nos toca obedecer al Rey, hacer su voluntad. Eva pecó, siendo engañada. Y le dio a
Adán, que también desobedeció a Dios. Es muy grave, hermanos.
 Si uno no entiende el Reino de Dios, no tiene la visión del Reino, no entiende la gravedad del
pecado, ni entiende que es el pecado. ¿Qué es pecado? Rebelarse contra Dios, contra un mandamiento
claramente entendido, comprendido, y ahora hacer lo contrario. Sólo ese acto de rebeldía, significó lo
que, en teología, se llama la caída. Cayó el hombre, fue expulsado de la presencia de Dios, la imagen
de Dios fue deteriorada, arruinada. El hombre se transformó en un ser rebelde contra Dios. De allí
vinimos todos, con esa herencia de pecado y rebeldía.

El arrepentimiento
 ¿Cuál es la característica, hoy, de los seres humanos? Cada uno hace lo que quiere. “¿Que Dios
dijo...?
¡Qué Dios ni Dios!...”. ¡Pero Dios quiere...! . “¡Qué me importa! Yo hago lo que quiero, lo que se me
da la gana”. Ahora viene Jesús, y le dice a los hombres: “Tengo una buena noticia: El Reino de Dios
que perdieron los hombres, el reinar de Dios sobre sus vidas se ha acercado”, pero tienen que hacer
algo: tienen que arrepentirse. ¿Amén?
 ¿Qué es el arrepentimiento? Cambio de actitud. ¿Qué actitud? Hay sólo dos posibles actitudes frente
a la autoridad: me sujeto o me rebelo. El cambio de actitud es renunciar a esa actitud que heredamos de
rebeldía, de independencia; y sujetarnos a la autoridad de Dios en la persona del Señor Jesucristo.
Cuando así lo hacemos, como lo hizo Pedro, Andrés, Juan, Jacobo, ¿qué hicieron? Se sujetaron a la
autoridad de Cristo. Dejaron de vivir como ellos querían. Y cuando Jesús los llamó, aceptaron su
autoridad sobre sus vidas. En la visión del Reino de Dios se entiende el pecado. En la visión del Reino
de Dios se entiende el arrepentimiento. En la visión del Reino de Dios se entiende la conversión, el
nuevo nacimiento, la entrega a Cristo. Todo en la visión, desde la perspectiva del Reino de Dios.
La condición para ser salvo
 ¿Cuál es la condición para que un pecador, hijo de Adán, sea salvo? ¿Qué debo hacer para ser salvo?
Vamos a ver que dice Pablo en Romanos 10: 8-9 :
“Esta es la palabra de fe que predicamos: que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y
creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.”
 ¿Cuál es la condición, entonces, según Pablo, para ser salvo? ¿Qué significa ser salvo? Significa, por
un lado, que mis pecados pasados son perdonados. Por otro lado, significa que mi vida presente es
liberada del pecado, de una vida de pecado, es cambiado mi corazón. El que está en Cristo es una
nueva criatura, las cosas viejas pasaron, todo es hecho nuevo. Y ser salvo significa que tengo vida
eterna, que si me muero, no importa cuando, ya estoy en el Reino de Dios, aquí en la tierra, y paso a
vivir en el Reino de Dios, allá en el cielo. Eso significa ser salvo. Tiene que ver con mi pasado, mi
presente y mi futuro. ¿Cuál es la condición para ser salvo? Si confesares con tu boca que Jesús es el
Kyrios, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Y el vs.13 dice:
“...porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.”

 Hay que invocarle a Cristo como Kyrios para ser salvo. 
 Ahora, hermanos, permítanme hacer aquí un alto. Yo nací en un hogar evangélico en la ciudad de
Haifa, Palestina. Llegué a Argentina con mis padres a la edad de 7 años. Allí, en Palestina, mis padres
me enseñaron de la Biblia, me enseñaron a orar, me llevaron siempre a las reuniones de la iglesia, la
escuela dominical. Cuando llegamos a la Argentina, hicimos lo mismo, todos los domingos fuimos a
las reuniones. Yo me convertí recién a la edad de 15 años. El hecho de ser hijo de creyentes no me
hace salvo. A los 15 años me entregué a Cristo. Durante siete, ocho años, con un grupo de jóvenes, en
un avivamiento que se produjo en la iglesia evangélica armenia, predicamos en las plazas, hospitales,
calles, tranvías, ómnibus, trenes de Buenos Aires y alrededores. A los 20 años fui al instituto bíblico, a
estudiar 4 años. Estuve en todas las grandes campañas de evangelización que se hicieron en Buenos
Aires, con predicadores internacionales o nacionales. Habré escuchado miles de mensajes
evangelísticos. Pero hasta la edad de 26 años, nunca había escuchado a nadie predicar el evangelio del
Reino de Dios, nunca. Sí, en la escuela bíblica, estudiamos un poco el Reino de Dios en el tema de
Escatología. Es decir, sucesos futuros, el Reino Milenial, cuando Cristo venga. Y se nos decía que el
Reino no era para ahora. Yo digo: “Dios mío, ¿cómo puede ser?”. Un día, estudiando la Biblia para
predicar, ese domingo a la noche, en nuestra congregación (ya había comenzado el mover del Espíritu
entre nosotros), Dios abrió mis ojos, y me mostró estas verdades del Reino, del Señorío de Cristo. Yo
quedé espantado. Dije: “¿Cómo puede ser? ¿Entonces yo he predicado equivocado?”
¿Qué predicaba yo? Que si quieres ser salvo, tienes que aceptar a Cristo como tu salvador personal.
Eso era lo que yo aprendí y prediqué hasta entonces. Aceptar a Cristo como salvador personal, es la
fórmula clásica evangélica para decirle al pecador que tiene que hacer para ser salvo: Aceptar a Cristo
como salvador. Nunca escuche a nadie predicar el evangelio del Reino. Pero si este es el tema de todo
el Nuevo Testamento, y nadie predica el tema, algo muy serio debe estar mal en lo que estamos
enfocando.
 Hay una gran diferencia entre aceptar a Cristo como Salvador y reconocerle como Señor. Ahora,
Cristo es el Salvador, no hay ninguna duda. Él es el único salvador, el bendito salvador, el glorioso
salvador, el poderoso salvador. Fuera de Él no hay salvación, no cabe ninguna duda. Pero esa no es la
pregunta, la pregunta es: ¿Qué tengo que hacer para que, este glorioso Salvador, me salve, perdone mis
pecados, me dé nueva vida, vida eterna? ¿Qué tengo que hacer? Hay una condición, y la condición es
que yo lo reconozca como Kyrios. Es diferente a reconocerle como mi salvador. Porque Kyrios
significa: El que es dueño de mi vida, el que es autoridad sobre mi vida, que yo estoy totalmente
sujeto a Él. Para ser salvo, tengo que hacer lo que dice el Padre, que ante la persona del Hijo, doble
mis rodillas, y con mi boca declare, reconozca, que Jesucristo es el Señor. Mi orgullo tiene que bajar,
mi rebeldía e independencia tienen que quebrarse. Doblar las rodillas significa humillarme, someterme,
aceptar su autoridad, su gobierno sobre mi vida, reconocer que es el Kyrios, mi dueño, mi amo, y que
soy suyo. Le pertenezco,, soy su esclavo ¡esa es la condición! Para que Cristo sea mi Salvador, tengo
que primero reconocerle como Señor.

Condición y beneficios
 Ahora, para los antiguos, el confesar con la boca era una cosa muy importante. Un día me
preguntaron a mí: “Jorge Himitian, ¿recibe a Silvia Palacios como tu legítima esposa?”. Y yo, con la
boca, dije: “¡Sí!”. ¡Se acabó! Claro que le preguntaron a ella también, y ella dijo que sí ¡Ya está! ¡Dios
registró ese sí, y fuimos unidos en matrimonio!
 Un día, el Padre le preguntó a Jesús: “¿Estás dispuesto a unirte a Víctor, a Hugo, a Néstor, a Jorge?”.
Y Cristo dijo: ¡Sí! . Vino al mundo, se hizo hombre, se hizo pecado, se hizo cargo de nuestras deudas.
Murió en la cruz unido a nosotros. Pero nos faltaba a nosotros decirle que sí. Para recibir sus
beneficios hay una condición: ¿Confiesas que Jesucristo es el Señor? ¿Qué respondiste? ¡Dijiste que
sí! ¡Pacto definido con Cristo! Él hizo pacto con nosotros, faltaba nuestra respuesta, esta es la
condición.
 Hermanos, les explico de esta manera: Observemos el siguiente círculo, dividido en dos hemisferios.
En el hemisferio de la izquierda está la condición, y en el de la derecha, los beneficios:


CONDICIÓN  -  BENEFICIOS 


 En el Evangelio del Reino, hay condición y beneficios. No podemos acceder a los beneficios, sino
cumplimos la condición. ¿Cuál es el beneficio? Ser salvo. ¿Y cuál es la condición? Aceptar a Cristo
como Kyrios. Pero, durante muchos años hemos perdido el hemisferio de la izquierda, y sólo hemos
predicado los beneficios. ¿Quién quiere paz? ¡Beneficio! Y Cristo da paz. ¿Quién quiere recibir perdón
de sus pecados? Y Cristo da perdón. ¿Quién quiere tener felicidad, quien quiere ser sano, quien quiere
tener la vida eterna y ser salvo del infierno?... “No tiene que hacer nada, sólo levante la mano, y pase al
frente, yo oro por usted, y recibe todo...”. Y todavía hemos aumentado los beneficios, otras cosas que...
no sé si están en los evangelios, como la prosperidad. El Evangelio del Reino abarca ambos
hemisferios. La condición es reconocer a Cristo como Kyrios. Entonces sí, viene el beneficio que
Cristo llega a ser nuestro Salvador, nuestro Redentor.

 En la Reforma Protestante, se descubrió que la justificación es por la fe, no es por la compra de
indulgencias, no es por ir al purgatorio, y salir de allí pagando misas. Fue glorioso lo que Dios reveló a
los reformadores, como Lutero y otros, acerca de la justificación por la fe. Pero dice: “Justificados
pues, por la fe, tenemos paz para con Dios,”... Paz, beneficios..., justificación, beneficios ... “por medio
de nuestro Kyrios Jesucristo”. La paga del pecado es muerte, más la dádiva de Dios es vida eterna, por
medio de nuestro Kyrios Jesucristo.

La conversión de Pablo
 ¿Cómo se convirtió Saulo? Perseguía a los cristianos. En el camino a Damasco cayó al suelo ante un
resplandor. Se le apareció Jesús y él dijo: “¿Quién eres?”. Le dijo: “Yo soy Jesús, a quien tú persigues,
dura cosa te es dar coces contra el aguijón”. Pablo, en el suelo, le dijo a Jesús: “¿ Kyrios, qué quieres
que haga?”. ¡Murió la vida anterior! El que invoque el nombre del Kyrios, será salvo. Pablo le dijo:
“Jesús, Kyrios, ¿qué quieres que haga?...” Hasta ese momento, Pablo vivía como el quería, pero desde
ese momento, tenía un Kyrios. Pablo, esclavo de Jesucristo. Y el Kyrios le dijo: “Levántate, vé a
Damasco, a tal calle, a tal casa, y ahí espera nuevas órdenes.”
 ¿Cuántas veces nosotros le decimos al Señor, orando : “Señor, ¿qué quieres que yo haga?”, de
rodillas y con lágrimas, y nos levantamos y hacemos lo que queremos. No es cuestión de decirlo de
labios, sino creer con el corazón lo que estamos diciendo. Jesús dijo: “¿Por qué me llaman Kyrios,
Kyrios, y no hacen lo que yo les mando?” .La confesión verbal no sirve, sino va acompañada del
reconocimiento del corazón.
 Y estuvo Pablo en Damasco tres días. Y como nadie le dijo que coma, no comió, no durmió, había
quedado ciego, esperando la próxima orden. Llegó Ananías, y le dijo: “Hermano Saulo, el Señor que
se te apareció en el camino, me ha enviado para que recibas la vista, seas lleno del Espíritu Santo, y
ahora te tienes que bautizar”. Y ahí nomás se bautizó, recibió la vista, fue lleno del Espíritu Santo.
Conversión, entrega total a Jesucristo. Y enseguida comenzó a predicar. Y toda la vida de Pablo, de ahí
en adelante, era un continuo: “Señor, ¿qué quieres que haga?”. Kyrios, mi Kyrios, por amor del cual lo
he perdido todo. Lo tengo por basura, para ganar a Cristo, a fin de conocerle, y ser hallado en Él, no
teniendo mi propia justicia que es por la ley, sino la de Dios, que es por la fe. La pasión de Pablo era su
Kyrios, mi Kyrios, por amor de cual todo el resto es basura. Encontró el tesoro escondido en el campo,
fue y vendió todo lo que tenía, y compró aquel campo.

 ¿Cuánto te cuesta el Reino de Dios? Un joven me dijo un día: “Eh, hermano, Dios pide mucho” Yo
le dije: “Todavía no entendiste nada. Él pide todo, todo”. Cuando lo llamamos Kyrios, le
pertenecemos, estamos sujetos a Él, todo pasa a ser de Él, vivimos para Él.
El carcelero de Filipos
 Pablo estaba en la cárcel de Filipos, con Silas. A medianoche habían recibido una paliza tremenda, la
espalda ensangrentada por los latigazos, los pies apretados en el cepo, en el calabozo de más adentro, a
medianoche. ¿Qué hacían? Cantaban himnos al Señor, con la espalda ensangrentada... De repente hubo
un terremoto en la cárcel, las prisiones se abrieron, los presos se soltaron. El carcelero de Filipos,
desesperado, sacó la espada, se quería suicidar. Porque el carcelero, si se le escapaba un preso, tenía
que pagar con su vida. Y Pablo le dice: “No te hagas ningún daño, nadie escapó, estamos todos aquí”.
Y el hombre, desesperado, le dice a Pablo y a Silas: “¿Qué debo hacer para ser salvo? ”. ¿Cuál fue la
respuesta de Pablo? : “Cree en el Kyrios Jesucristo, y serás salvo tú y tu casa” ¡En el Kyrios! Sabía
muy bien el carcelero romano que era un Kyrios, que era el Kyrios. Lo llevó a su casa y habló a toda la
familia a aquella hora de la noche. El carcelero y toda su familia se bautizaron.

O somos discípulos, o no somos nada
 Algunos dicen: “No siento bautizarme...¡No siento!” Claro, no sientes porque eres un rebelde, te
falta convertirte, arrepentirte. El bautizarse no es un sentimiento, es un mandamiento. Y el
mandamiento no se siente, se obedece con fe. Hay dos errores graves en el pueblo evangélico en
general: muchos creen que hay dos escalones importantes en la vida cristiana, el primero, aceptar a
Cristo como Salvador, entonces Dios me perdona, me salva, me da vida eterna; y después, una vez que
soy salvo, hay otro paso de consagración, el segundo escalón, que es aceptar a Cristo como Señor. Es
un error, la conversión es un solo escalón, que coincide con la consagración. Si no le entrego todo a
Cristo, todavía no es mi Señor. Y si no es mi Señor, no tengo ninguna garantía de ser salvo. El otro
error es pensar que hay dos niveles de vida espiritual: algunos son creyentes, y otros discípulos, que
uno puede ser creyente y algunos pocos son discípulos. ¡No existe tal distinción! Jesús dijo: “” Id, y
haced discípulos”. No dijo “haced creyentes”. La palabra que más aparece en el Nuevo Testamento
para referirse a los que siguen a Cristo, a los hijos de Dios, es discípulos. Y esta palabra aparece, en el
Nuevo Testamento, 250 veces. Y la palabra creyente aparece 12 veces, contraa 250 de discípulos. Así
que, o somos discípulos, o no somos nada. ¡El Evangelio del Reino de Dios!

miércoles, 3 de julio de 2013

EL REINO DE DIOS Jorge Himitian - Rosario, 9 al 11 de Julio de 1999


PARTE I : El Reino de Dios: El tema de toda la Escritura   (cassette Nº1)    

Avanza su verdad
 Pareciera que desde fines del año pasado y principios de este año, tanto aquí como en Bs.As.,
Dios ha puesto en nuestros corazones la necesidad de volver a afirmar los fundamentos, y aquellas
verdades que dieron origen y forma a este movimiento de renovación y restauración espiritual.
 Damos gracias a Dios por lo que está pasando en nuestro país, los avances que hay en la obra del
Señor en estos treinta años, veinte años, diez años. Damos gracias al Señor que, cuando Dios comenzó
a derramar su Espíritu entre nosotros, éramos pocos y pequeños grupos que habíamos aprendido lo que
era la alabanza, la adoración. Hoy no sólo en la Argentina, sino en toda América Latina y otros países
del mundo hay un río de alabanza, de adoración. A veces, en algunos lugares, en una forma, quizás, un
poco superficial, en otros lugares más profunda. Pero lo importante es que la alabanza y la adoración
se ha ido extendiendo en tantos lugares. Dios ha usado a Marcos Witt para poder esparcir, en una
forma más amplia, este aspecto que la Iglesia necesitaba, y sigue necesitando para ir a aspectos más
profundos de la vida de adoración.

 También hay otros temas, como los dones del Espíritu, la unción del Espíritu Santo. En estos últimos
años, hay tantas congregaciones y grupos que se han abierto al mover del Espíritu, a creer que los
dones del Espíritu Santo de 1Corintios, cap.12, están vigentes en el día de hoy. Es tremendo pensar que
en aquellos primeros años, muchos de nuestros colegas pastores fueron expulsados de sus
congregaciones o denominaciones, por abrirse a creer que hoy se puede hablar en lenguas, que se
puede profetizar, que Dios puede hacer milagros, puedo dar palabras de ciencia y sabiduría, etc. Hoy el
cuadro está mucho más abierto.

 También, en aquellos años, el Señor nos reveló la unidad de la Iglesia, lo cual parecía una locura.
Muchos se cerraron, diciendo que estabamos queriendo proponer una superiglesia o no se qué, al
hablar de la unidad. Otros decían: eso es una utopía imposible. Pero, damos gracias a Dios que en estos
últimos años, en nuestro país, y tantos países de América Latina y el mundo, se están abriendo a esta
realidad. En nuestro país, el mes pasado, en un encuentro preparatorio para la gran concentración del
11 de Setiembre en el Obelisco, cuando se reunió la comisión que está coordinando esta concentración,
pudieron ver, había 240 consejos de pastores en el país. Es decir, 240 ciudades o pueblos donde está
funcionando un consejo de pastores. ¿ Quién lo hizo ? No hubo ninguna institución, ninguna
organización, nadie que recorriera las provincias diciendo que hay que hacerlo. Sin embargo, hoy hay
240 ciudades donde están funcionando consejos de pastores. En algunos lugares muy débiles, en sus
comienzos, muy incipientes, pero pese a eso, creciendo, avanzando, es un comienzo. Aquí, en Rosario,
es hermoso el consejo de pastores que está funcionando, y ya con una visión clara de que la Iglesia de
Rosario es una sola. Esto, hermanos, no va a quedar así. Va a seguir creciendo hasta llegar a la unidad
perfecta que Dios quiere. Estamos en ese camino. Yo vengo recién, hace dos días, de Ecuador, allí
estuve tres días en una ciudad que se llama Riobamba. Unos 17 pastores en aquella ciudad, todos los
pastores de la ciudad, están unidos formando un cuerpo pastoral. Apenas se enteraron que yo iba(fui a
esa ciudad para escaparme de Quito y estar con los pastores de la Comunidad, para estar más
concentrados), organizaron tres noches de reuniones en un coliseo. En cuestión de una semana
organizaron todo, y también un seminario, donde pude compartirles sobre el Reino de Dios. Es
tremendo como se avanza cuando hay un consejo de pastores en una ciudad. Dios esta obrando en
todas partes ¡Bendito sea su Nombre!

 Recuerdo, también, cuando en los primeros años, el Señor nos mostró que la Iglesia funcionaba por
las casas, en grupos de hogar, grupos familiares o células. Y también el discipulado en esos grupos
pequeños. También éramos no comprendidos en aquellos tiempos, los primeros años del ’60 y del ’70.
Pero hoy, todo el mundo está hablando de grupos pequeños, células, discipulado. De una forma u otra,
esta es otra verdad que está corriendo en tantos lugares. Hoy las principales denominaciones
pentecostales y aún, otras bautistas y demás, están encaminando sus congregaciones hacia un
funcionamiento celular, hacia pequeños grupos, y están encontrando hasta más resultado que nosotros
mismos. ¡Bendito sea el Señor! La verdad está avanzando y su verdad va a ir prevaleciendo.

El tema central de toda la Biblia

 Estuve en el mes de Mayo en Santiago de Chile, en un retiro que las comunidades de esa ciudad
hicieron, esta vez, abierto a todas las denominaciones. El lema del encuentro era “El Reino de Dios y
su impacto hoy”. Comenzó el retiro con la ministración del hermano Cristian Romo, después tenía que
predicar yo sobre el mismo tema. Fui muy impactado en aquel retiro. El Señor justamente me mostró
en ese momento lo que les estoy contando ¿Qué estoy contando? Que hay ciertas verdades como la
alabanza, la adoración, el Espíritu Santo, la unidad de la Iglesia, el discipulado, células, grupos de
hogar, y otras verdades de la Palabra, que ya están corriendo en la mayoría de las congregaciones y
grupos de nuestro país, y de otros países. Pero percibí, repentinamente, la ausencia del tema central de
la Palabra, que es el Reino de Dios. Recibí un impacto tan fuerte, porque si hablamos de la oración, de
los dones del Espíritu, de la guerra espiritual, la sanidad interior, del discipulado, de la alabanza, de los
grupos de hogar, de la unidad, sin el Reino... Si el Reino es el tema central, como vamos a ver esta
mañana, quiere decir que si el tema central está ausente en todo este mover de renovación, hay un
peligro muy serio. Es como querer armar el motor de un automóvil, perdón los que no entienden de
mecánica mínima, sin el cigüeñal. El cigüeñal es ese eje que no tiene una sola línea, sino diferentes
formas, sobre el cual se arman las bielas, los brazos, los pistones, los aros. Todo el motor funciona
sobre un eje, que es el cigüeñal. Si el eje no está en su lugar, pistones, bielas, aros, árbol de levas,
válvulas, todo no tiene sentido.

 Hermanos, es así, podemos hablar de todos estos temas, pero sino está puesto en el ministerio, en
las vidas, en las iglesias, el Reino de Dios en su lugar, es como un motor sin cigüeñal, como una
máquina sin eje. En torno a ese eje, todo tiene su lugar: guerra espiritual, sanidad, alabanza,, adoración,
discipulado, grupos de hogar, dones del Espíritu, todo lo que queramos. Pero si no está el Reino, son
todos temas sueltos, inconexos, y en la mayoría de las veces, finalmente, mal ubicados y orientados.
 Y el impacto que recibí en mi corazón,, estando allí, en Santiago de Chile es: responsabilidad. Si
hay un grupo que yo conozco, en todo el mundo, que tiene más claridad acerca del Reino de Dios, del
Evangelio del Reino, del Señorío de Cristo, es este grupo que somos nosotros. Lo cual, en vez de
envanecernos, ya que es una revelación que Dios dio, y Dios la da al que Él quiere, yo sentí un fuerte
impacto que se llama responsabilidad. Nuestra es la responsabilidad de vivir el Reino plenamente y
ministrar, y compartir en los próximos 10 ó 15 años la visión del Reino a todo el Cuerpo de Cristo.
Para eso hoy Dios nos ha unido y relacionado con todas las denominaciones. Y tenemos la
responsabilidad de orar, de ayunar, de clamar, de ministrar, de vivir y compartir, porque la Iglesia, sin
la visión del Reino, con todos los temas, no va a ir para ningún lado ¿Coinciden con esto?
 El Reino de Dios no es un tema, yo quiero mostrarles esta mañana que es el tema de todo el
Nuevo Testamento. Como el Antiguo es la preparación del Nuevo, podemos decir que el Reino es el
tema, no un tema, el tema de toda la Biblia. Poniendo el Reino en su lugar, todas las otras verdades:
ministerios, dones , gracias, encajan en su lugar. Sino, se van a malograr y se van a desviar hacia
propósitos equivocados.

Mirando las sendas antiguas

 Les invito a que miremos primero un pasaje en Jeremías 6: 13-16, y lo que dice en el vs. 16 es lo
que nos pasó, pero para entenderlo bien, leemos desde el 13. Eran tiempos de avivamiento, no se
olviden que en los días de Jeremías estaba como rey Josías, que había hecho una tremenda reforma, un
avivamiento religioso. El templo volvió a estar lleno, los sacerdotes contentos, los profetas
funcionando, el día sábado el templo estaba abarrotado de gente y parecía que todo estaba bien. Pero
miren, el profeta de Dios, la observación que hace:
 “Porque desde el más chico de ellos hasta el más grande, cada uno sigue la avaricia; y desde el
profeta hasta el sacerdote, todos son engañadores. Y curan la herida de mi pueblo con liviandad,
diciendo: Paz, paz; y no hay paz.”

 Hoy también hay muchos que predican paz, bendición, sanidad, prosperidad, liberación,
livianamente. Y dice el vs.15 :

 “ ¿Se han avergonzado de haber hecho abominación? Ciertamente no se han avergonzado, ni aun saben tener vergüenza; por tanto, caerán entre los que caigan; cuando los castigue caerán, dice Jehová.” 

 Unos meses atrás, en el consejo de pastores de Bs. As., uno de los pastores más conocidos me dijo:
“en nuestra congregaciones, la mitad de los jóvenes, tienen relaciones sexuales siendo solteros”.
 Me dice: “Jorgito, no te sorprendas, en tu congregación es igual”. Yo quería discutirle que no, pero me
callé. Solamente le dije: “no lo creo”. Y estos jóvenes cantan las canciones de Marcos Witt,
aparentemente están renovados y son activos en sus congregaciones. “Curan la herida de mi pueblo
livianamente diciendo paz, paz y no se han avergonzado de su abominación”

 Entonces dice el vs. 16, que es el que nos interesa principalmente:

“ Así dijo Jehová: Paraos en los caminos, y mirad, y preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el 
buen camino, y andad por él, y hallaréis descanso para vuestra alma. Mas dijeron: No andaremos” 

Sí, hay paz..., pero de esta manera: Parándonos en los caminos, mirando bien, preguntando por las
sendas antiguas, volviendo al antiguo evangelio, a los antiguos caminos de Dios, descubriendo cual es
el buen camino. Y no sólo reflexionando, sino decidiendo andar por él. Cuando hay tal cambio, tal
decisión de andar por las sendas antiguas, entonces sí, hallaremos descanso para nuestra alma.
 Bueno, este pasaje es como introducción, para ver lo que estamos haciendo; y nos ha parecido
bien, hermanos, volver a afirmar entre nosotros, la visión del Reino de Dios, por eso nuestro tema será
el tema de toda la Biblia. Nos ha parecido bien reafirmar esto entre nosotros para profundizar la convicción,
ampliar la visión y renovar el compromiso.

El evangelio del Reino

 Abramos nuestras Biblias en Marcos 1:14-15 :
“...Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios, diciendo: El tiempo se ha 
cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio.” 

 ¿Qué quiere decir la palabra evangelio? Buenas noticias ¿y cuál es la noticia? Las buenas noticias
del Reino de Dios. Este fue su primer mensaje. Y dice Galilea, lo cual significa que, más que el primer
mensaje, es un resumen de aquella primera etapa de su ministerio. Él vino predicando el evangelio del
Reino de Dios, y decía lo siguiente: “El tiempo se ha cumplido...” ¡Llegó la hora! El Reino de Dios se
ha acercado, crean esta buena noticia y cambien de actitud. Crean lo que les estoy diciendo, el Reino
de Dios se ha acercado ¡Qué buena noticia! Ese Reino que se había alejado por el pecado del hombre.
Adán y Eva, cuando pecaron, fueron expulsados de ese Reino de Dios. Ahora el Reino se había
acercado; “arrepentíos, y crean esta buena noticia que les doy...”

Veamos, ahora, Lucas 4:42-43
“Cuando ya era de día, salió y se fue a un lugar desierto; y la gente le buscaba, y llegando a donde 
estaba, le detenían para que no se fuera de ellos. Pero él les dijo: Es necesario que también a otras 
ciudades anuncie el evangelio del reino de Dios; porque para esto he sido enviado.” 

 Jesús anunciaba el evangelio del Reino de Dios, para esto había sido enviado. Quiere decir que el
tema de Jesús, no sólo en aquellas ciudades de Galilea, sino en todas las ciudades, Él había venido para
anunciar el evangelio del Reino de Dios.

 Vamos a Lucas 8:1
”Aconteció después, que Jesús iba por todas las ciudades y aldeas, predicando y anunciando el 
evangelio del reino de Dios, y los doce con él” 

Es interesante que en todas las ciudades y aldeas, el tema de Cristo, el tema de su predicación era el
Reino de Dios. Y los doce estaban con Él, veían que en una ciudad, y en otra, y en otra, siempre
hablaba de lo mismo.

Lucas 9: 1-2
“Habiendo reunido a sus doce discípulos, les dio poder y autoridad sobre todos los demonios, y para sanar enfermedades. Y los envió a predicar el reino de Dios, y a sanar a los enfermos.” 

 No les envió a predicar la sanidad, les envió a predicar el Reino y a sanar a los enfermos, señales del
Reino acompañando la Palabra del Reino. Eso es lo que mandó a hacer a los doce. Claro, ellos,
siguiendo a Cristo, en todas las ciudades hablaba sobre el Reino, no hay que ser muy erudito para
aprender. Si en todos los lugares predicaba lo mismo, ellos así aprendieron, viendo predicar a Cristo
las mismas cosas, ellos, ahora, tenían que predicar lo mismo. Pero expresamente, el pasaje dice : “les
envió a predicar el Reino”

Lucas 10: 1,8-9
“ Después de estas cosas, designó el Señor también a otros setenta, a quienes envió de dos en dos 
delante de él a toda ciudad y lugar adonde él había de ir.... En cualquier ciudad donde entréis, y os reciban, comed lo que os pongan delante; y sanad a los enfermos que en ella haya, y decidles: Se ha acercado a vosotros el reino de Dios.”

 Jesús, los doce, los setenta, en todas partes, hay un solo tema: Tenían que decir y predicar lo que
Jesús predicaba. Y así, podemos seguir recorriendo todos los evangelios. Pero quiero mostrarles un
versículo más de Lucas, que es un resumen del ministerio de Cristo, o desde Cristo en adelante.

Vayamos a Lucas 16:16
“La ley y los profetas eran hasta Juan; desde entonces el reino de Dios es anunciado, y todos se 
esfuerzan por entrar en él.” 

 Aquí, es Jesús mismo el que hace un resumen de todo el Antiguo Testamento, y dice: “La ley y los
profetas era hasta Juan”, Juan el Bautista,, el último de los profetas. Desde entonces, ¿Cuál es el tema?
El Reino de Dios es anunciado y todos se esfuerzan por entrar en él. Así que aquí tenemos un resumen
de Cristo mismo diciendo que desde Él en adelante, el tema del anuncio es el Reino de Dios ¿Ven?

La enseñanza de Jesús: La doctrina del Reino

 Vamos a Mateo cap.4. Los mismos pasajes en los evangelios sinópticos, es decir los tres primeros
evangelios: Mateo, Marcos y Lucas.

 Miren lo que dice el versículo 23:

“Y recorrió Jesús toda Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del 
reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.”

 Hay tres verbos aquí que indican la acción del ministerio de Jesús: “enseñando, predicando,
sanando”. Enseñanza es la didaké. Predicación es el kerigma, y sanaba a los enfermos y a los que
tenían dolencias. Así que, en cuanto al ministerio de la Palabra, Jesús predicaba y enseñaba. Ya hemos
visto, con algunos pasajes, que el tema de su predicación, su anuncio, era el Reino de Dios. ¿Cuál era
el tema de su enseñanza? ¿De qué enseñaba Jesús? Aquí tenemos el famoso “Sermón del Monte”, que
según me dicen los Pastores de aquí, es lo que están estudiando en la actualidad. En estos tres capítulos
siguientes, cinco, seis y siete, Mateo hace un resumen, una compilación de las enseñanzas principales
de Jesús, las enseñanzas básicas. La Iglesia Primitiva tenía estos tres capítulos, que dicen que es la
primera parte del evangelio de Mateo que fue escrito, y los consideraba como su primera catequesis. A
los discípulos había que enseñarles, no “Puerta, Camino y Meta”, sino el “Sermón del Monte”.

 Claro, ellos no lo llamaban el Sermón del Monte. El título que está ahí no está en el original, eso fue
acuñado después por la Sociedad Bíblica. En realidad, se dice Sermón del Monte, pero no es ni
sermón, ni importa mucho que sea en el monte ¿Qué nos queda? ¿Por qué se dice del monte? Porque
aquí dice, en el vs.1: “Viendo a la multitud,... subió al monte” ¿Y qué importa? Podía ser en el valle,
podía se en la playa, en una casa, en una plaza, el lugar es de lo de menos. A mi me gusta llamarlo, si
quieren llamarlo sermón, el Sermón del Reino, porque vamos a ver cual es su tema, de qué está
hablando.

 Pero dije que no es sermón, porque aquí dice el vs.2: “y abriendo su boca, les enseñaba diciendo...” .
Y este verbo enseñaba, en el griego es didaskein, de donde viene la palabra didaké, traducido, en
nuestras versiones como doctrina. Si queremos llamarlo de alguna manera, tendríamos que llamarlo:
“La doctrina del Reino”. No es un sermón. No sé, bíblicamente, qué es un sermón, porque en la Biblia
hay kerigma y hay didaké. Me gustaría llamarlo la Doctrina del Reino, es decir las enseñanzas del
Reino. Miren ustedes, al final, cap.7, vs. 28 y 29, para que vean que no estoy inventando lo que digo,
sino que es el fruto del estudio de la Palabra.

Y dice así:
“Y cuando terminó Jesús estas palabras, la gente se admiraba de su didaké (traducido como 
doctrina); porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.“

 Yo he ido cuatro años al Instituto Bíblico , y cuando nos tocaba la materia que se llama “Doctrina”,
nos enseñaban Teología Sistemática. Ni en los seminarios hoy saben qué es doctrina. Doctrina no es
Teología, no es el credo que decimos: “ Creo en Dios Padre, Hijo, Espíritu Santo...”. Eso no es doctrina, bíblicamente hablando, doctrina es didaké, enseñanza, que consiste en mandamientos muy
claros y prácticos, que revelan la voluntad de Dios para nosotros. Una vez me dijo un pastor: “Y...
¿cuál es la doctrina de ustedes? Y yo le dije: “Que los hijos obedezcan a los padres”. Me miró como
diciendo: “Qué ignorante que es este” y dice: “ Estoy preguntando la doctrina”. Le respondí: “que los
maridos sean amables con sus esposas”. Dice “Pero, usted ¿aprendió Teología?”. Le dije: “Sí, usted me
está preguntando por la doctrina, no Teología”. Nuestra doctrina es que seamos ricos en buenas obras,
que compartamos el pan con el hambriento. Si alguien nos hiere en una mejilla, que presentemos la
otra, porque es esto lo que Jesús enseñó en el Sermón del Monte. Cuando terminó Jesús estas palabras,
estas “logos” (original griego), la gente se admiraba de su didaké. ¿Por qué? Porque les “didakeaba”,
les enseñaba, el verbo es didaskein, como quien tiene autoridad. Porque es el Reino de Dios. Hay
autoridad, sus mandamientos no son consejos, exhortaciones; como dicen algunos, sugerencias
propuestas. Sus mandamientos son en tono imperativo:

♦ Al que pida, dale.
♦ Amad a vuestros enemigos.
♦ Al que te hiera en una mejilla, preséntale la otra.
♦ Si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda y
ve primero y reconcíliate.

 Son mandamientos, la gente se sorprendía porque enseñaba como quién tiene autoridad. ¡Es que
ha llegado el Reino de Dios!

¿Cómo llega el Reino a un discípulo?
Volvamos al capítulo 5, vs.1:

“Viendo la multitud, subió al monte; y sentándose, vinieron a él sus discípulos. Y abriendo su 
boca les enseñaba, diciendo...” 

 ¿Qué es un discípulo? Uno que aprende, uno que está bajo autoridad, que se ha convertido, uno
que Jesús le dijo: “Sígueme”, y dejó todo, y le siguió. Uno dejó su oficina de recaudación de
impuestos, otro dejó su empresa pesquera. Se pusieron bajo la autoridad de Cristo. El Reino de Dios se
había acercado a sus vidas, y se esforzaron por entrar en él, se pusieron bajo autoridad. ¿Y ahora qué?
Ahora tienen que aprender, son discípulos. ¿Aprender qué? La voluntad de Dios, para vivir de acuerdo
a ella en sus vidas. Veamos el siguiente triángulo con el vértice hacia abajo:

EL REINO DE DIOS 
La voluntad de Dios 
La Palabra de 
Dios

 discípulo 

¿Cómo llega el gran Reino de Dios, de los cielos, a un discípulo? ¿Qué significa “Venga tu Reino”?
Significa, que Dios, el Rey de este Reino, tiene una voluntad. Para que su Reino venga, yo tengo que
hacer su voluntad. ¿Y cómo viene su voluntad? A través de la Palabra. La Palabra tiene dos vertientes,
dos aspectos, el kerigma, que es para creerlo, y la didaké, que es para obedecerlo. La voluntad de Dios
se expresa a los hombres a través de la didaké, la Palabra de Dios, la enseñanza, donde el Señor
muestra su voluntad. De tal manera que, ven que este triángulo termina en un punto específico, y así es
la Palabra, siempre bien específica. ¿Cómo sé la voluntad de Dios?. “No os unáis en yugo con los
infieles”, es la voluntad de Dios, “huíd de la fornicación”, es la voluntad de Dios. Por más que me
digan los pastores que es lo común que todos los jóvenes, o el 50%, fornican y están en las iglesias
evangélicas, eso significa que todavía no se han convertido, si practican el pecado. Una cosa es practicar el pecado, y otra caer en algún pecado, pues si lo confiesa y se aparta, quiere decir que está
bajo el Reino de Dios. Sería mejor no caer. ¡Pero si alguien practica el pecado...! Si Jesús dice que sino
perdonamos al que nos ofende, no seremos perdonados, hay gente que guarda rencor y no perdona. ¿Y
adonde va? ¿Está convertido, está bajo el Reino de Dios?. Así que siempre la didaké es puntual, es
específica. La Palabra es una espada afilada que llega al punto específico, para que la voluntad de Dios
sea hecha en nuestras vidas.

 Mire lo que dice Jesús al final del sermón del monte; cap.7, vs.24:

“Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que 
edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon 
contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca. Pero cualquiera que me oye 
estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la 
arena; y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella 
casa; y cayó, y fue grande su ruina.” 

 Que autoridad tiene que tener un hombre para decir: “él que oye estas, mis palabras, y no las hace,
está edificando su vida sobre la arena, se va a caer”. La gente se maravillaba de su didaké, de su
enseñanza, de su doctrina. Porque hablaba como quien tiene autoridad, y no como los religiosos, los
escribas que entretienen a la gente con dulces y lindas palabras, porque sino la gente no vuelve otro día
para escucharles.

El Reino de los Cielos
 Hermanos, este no es el Sermón del Monte. Es la didaké del Reino, la enseñanza del Reino. Y dice
Jesús (cap.5 , vs. 2-3):

“Y abriendo su boca les enseñaba, diciendo: Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. “ 

Ahora, una cosa curiosa, ustedes observen, que en Mateo 4:23 usa la expresión evangelio del Reino.
No dice el evangelio del Reino de Dios, dice sólo del Reino. ¿Por qué? Y ahora, en el vs.3 de Mateo 5,
dice “el Reino de los Cielos”. Y muchos, con esta expresión, el Reino de los Cielos, se despistaron,
pensando o confundiendo el Reino de los Cielos con los cielos. Una cosa son los cielos, y otra el Reino
de los cielos. Reino quiere decir gobierno de los cielos. El que está en los cielos, “Padre Nuestro que
estás en los cielos”, Él es la autoridad, Él es el gobierno, Él es el que reina. Una cosa es su Reino, al
cual Mateo, aquí le llama el Reino de los Cielos, y otra cosa es el cielo mismo. Muy pocas veces
Mateo, en su evangelio, usa la expresión “El Reino de Dios”. Está en cap.5, vs.33:

“Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.” 

 ¿Cuál es la diferencia entre Reino de Dios y el Reino de los Cielos? Ninguna. Los mismos pasajes
que en Mateo se dice Reino de los Cielos, en Marcos, Lucas y Juan, dice el Reino de Dios. Si lo
comparamos a cada versículo, vamos a ver que son sinónimos. ¿Y por qué en Mateo dice Reino de los
Cielos? Porque Mateo escribió su evangelio principalmente a los judíos. Los judíos, en respeto al
tercer mandamiento, y para no quebrantarlo y cometer pecado (el tercer mandamiento dice “no tomarás
en vano el nombre de Dios”), cuando leían el Antiguo Testamento, y llegaban a la palabra “Jehová” (el
nombre de Dios), o “Elohim” (el nombre de Dios), hacían silencio, o lo reemplazaban por la palabra
“Adonai”, traducido en nuestras Biblias por Señor, para no tomar en vano, repetir muchas veces, el
nombre de Dios.

 Mateo, por respeto a la sensibilidad de la conciencia de los judíos, trataba de evitar repetir muchas
veces la palabra Dios. Entonces, decía a veces : “predicaba el evangelio del Reino“ , omitiendo Dios, o
decía “del Reino de los Cielos”, pero es exactamente el mismo el significado.
 Así que Jesús enseñó sobre el Reino, predicaba y enseñaba su tema: el Reino. Cuando enseña a orar
el Padre Nuestro, después de decir “santificado sea su nombre...”, ¿qué viene?
“Venga tu Reino, sea hecha tu voluntad” ¿Cómo viene el Reino? Segunda franja, sea hecha su
voluntad , como en el cielo, así también en la tierra. Y la voluntad de Dios, como dijimos, la tenemos
a través de la Palabra. Por eso, todos estos tres capítulos, son didaké, palabra con autoridad expresando
cual es la voluntad de Dios.

Las parábolas sobre el Reino

 En el cap. 13 , Mateo hace otra agrupación. Agrupa una serie de ocho parábolas. Jesús enseñaba en
forma directa, como en el Sermón del Monte, y también enseñaba a través de parábolas. ¿Qué son las
parábolas? Son comparaciones, tomadas de la vida real, para poder explicar, ejemplificar mejor las
verdades que quería comunicar.. En Mateo 13 hay 8 parábolas, ¿cuál es el tema de las 8 parábolas?. La
primera es la parábola del sembrador. Pero, cuando le preguntan sus discípulos para que les explique
que quiere decir con esta parábola, miren el vs. 18-19, Mateo 13:

“Oíd, pues, vosotros la parábola del sembrador: Cuando alguno oye la palabra del reino y no la 
entiende, viene el malo, y arrebata lo que fue sembrado en su corazón. Este es el que fue sembrado 
junto al camino.” 

Quiere decir que, la semilla que en Lucas es la Palabra de Dios, en Mateo dice que es la Palabra del
Reino. Esto es lo que hay que sembrar, hermanos, al evangelizar. No hay que plantar cualquier semilla.
Hay que plantar la Palabra del Reino. Porque lo que sembramos, eso es lo que cosechamos, si
plantamos trigo, vamos a cosechar trigo, si cebada, cebada. Si plantamos el evangelio de las ofertas, si
predicamos un evangelio aguado, vamos a cosechar creyentes aguados. Si predicamos un evangelio
que sólo propone beneficios, vamos a cosechar creyentes que sólo buscan beneficios. Si predicamos el
evangelio del Reino, vamos a cosechar creyentes que viven bajo el Reino de Dios.
 Segunda parábola, ¿cuál es el tema? Vs.24 :

“Les refirió otra parábola, diciendo: El reino de los cielos es semejante a un hombre que sembró 
buena semilla en su campo...”

¿Cuál es el tema? El Reino de los Cielos. No tenemos tiempo de entrar en el contenido de cada
parábola. Solamente ver cual es el tema. Tercera parábola, vs.31 :
“Otra parábola les refirió, diciendo: El reino de los cielos es semejante al grano de mostaza, que un
hombre tomó y sembró en su campo...”
Cuarta parábola, vs.33 :

“Otra parábola les dijo: El reino de los cielos es semejante a la levadura que tomó una mujer, y
escondió en tres medidas de harina, hasta que todo fue leudado.”

Quinta parábola, vs.44 :
“Además, el reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo, el cual un hombre
halla, y lo esconde de nuevo; y gozoso por ello va y vende todo lo que tiene, y compra aquel
campo...”

¡Qué tremendo! Otra vez, el tema es el Reino de los Cielos. Ya ves lo que significa el Reino de los
Cielos, cuando uno lo descubre. ¡Gozoso entrega todo lo que tiene, para tener un tesoro que es el Reino
de Dios! Sexta parábola, vs. 45 :

“También el reino de los cielos es semejante a un mercader que busca buenas perlas, que habiendo
hallado una perla preciosa, fue y vendió todo lo que tenía, y la compró.”

¡ El Reino te cuesta todo! Séptima, vs. 47 :
“Asimismo el reino de los cielos es semejante a una red, que echada en el mar, recoge de toda clase
de peces...”

Y la última parábola, vs. 52 :
“El les dijo: Por eso todo escriba docto en el reino de los cielos es semejante a un padre de familia,
que saca de su tesoro cosas nuevas y cosas viejas.”

Uno podría decir, bueno, aquí Mateo agrupó todas las parábolas acerca del Reino. Puede ser. Hay seis
parábolas más, hermanos, que están desde el capítulo 20 al 25.
 Podemos mirar algunas, Mateo 20:1 8

“Porque el reino de los cielos es semejante a un hombre, padre de familia, que salió por la mañana
a contratar obreros para su viña.”

Otra vez, el tema es el Reino de Dios. Capítulo 22, vs.2 :
“El reino de los cielos es semejante a un rey que hizo fiesta de bodas a su hijo”
Seis parábolas más en estos capítulos del 20 al 25, y el tema de las seis, en 4 de ellas en forma explícita
y en dos en forma implícita, el tema es siempre el Reino de Dios, el Reino de los Cielos.
 Bueno, así podríamos pasarnos todo el día buscando textos, porque en realidad, en todo el Nuevo
Testamento, 133 veces se repite esta expresión: el Reino de Dios, el Reino de los Cielos, o
simplemente el Reino. Durante 3 años Jesús, en su ministerio, predicaba en todas las ciudades el
Evangelio del Reino, y su tema de enseñanza directa, o por parábolas, era siempre el Reino de Dios.
Ser usado por Dios no significa ser aprobado por Dios
 Muere Jesús en la cruz. Al tercer día resucita de los muertos. Antes de ascender a los cielos ¿cuántos
días estuvo con los discípulos? Cuarenta días. ¿A qué no se imaginan de qué les habló en esos
cuarenta días?

Miren Hechos 1:3 :

“...a quienes también, después de haber padecido, se presentó vivo con muchas pruebas 
indubitables, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca del reino de Dios”

¡Pero Señor amado! Tres años y medio Reino de Dios, Reino de Dios, Reino de Dios. Y ahora te
quedan 40 días ¡Cambiá un poquito el tema, monotemático! ¡Si no está el Reino, no hay nada,
hermanos! Es todo una superficialidad, una liviandad. Y dijo Jesús en el Sermón del Monte: “No todo
el que me dice Señor, Señor entrará en el Reino de los Cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre
que está en los cielos. Y muchos me dirán en aquel día: Pero Señor, ¿Cómo a mi no me dejás entrar?
Debe haber una confusión en la computadora, debe estar algo mal. ¿Por qué no revisan de nuevo? Mirá
Señor mis antecedentes... hice milagros, profeticé, eché fuera demonios...” . Jesús dice: “Ustedes no
figuran aquí, no los conozco”. Pero, ¿y los dones, y los carismas? Dones y carismas sin el Reino en la
vida no es nada. ¿No profetizaba Saúl, atormentado por un espíritu malo, con celos, y asesino, quería
matarlo a David. Y cuando se acercó a Ramá, en esas condiciones, cayó sobre él el Espíritu Santo y
profetizaba? Ser usado por Dios no significa ser aprobado por Dios. ¿No profetizaba Balaam? Y
que profecías más hermosa, ungido con el Espíritu de Dios, y profetizó sobre Israel. Pero hoy está en el
infierno. Se movió en los dones del Espíritu, sí, pero el Reino de Dios no estaba en su corazón. ¿Acaso
no salieron los 12 a predicar, hicieron milagros, sanaban enfermos, los demonios se le sujetaban...? Los
12 dice, no los 11, entre ellos Judas. Sin embargo no fue salvo. Porque : “... el que oye mis Palabra y
no la hace, edificó sobre la arena”. Y cuando venga la gran inundación, que según el contexto del
pasaje es el juicio final de Dios, los que oyeron, y no hicieron, se perdieron, quedaron afuera.
Tremendo ¿no?

 Hermanos, se encendió mi corazón de nuevo. Y estando en Chile, en el mes de Mayo, en ese
encuentro, Dios me dijo: “Los que yo les di, les mostré, es para todo mi pueblo, no lo guarden entre
ustedes”. Y yo creo que si queremos bendecir a este mundo y a la Iglesia, si queremos que el mundo
sea salvo, sea evangelizado, tenemos que hacer las dos cosas:

- Evangelizar a los pecadores con el Reino de Dios, y... 
- Reevangelizar a la Iglesia Evangélica con el mensaje del Reino de Dios ¿Amén? 

 Billy Graham acaba de decir que en E.E.U.U., el 30% de los creyentes evangélicos solamente tienen
una experiencia con el Señor. En nuestro país, ¿Cuántos habrá llamados evangélicos que realmente
tienen la visión del Reino, y viven bajo el Reino de Dios? Nuestro objetivo no es que América Latina o
el Mundo se haga evangélico. Dios no es evangélico. Dios no nos envió a hacer prosélitos de las
iglesias evangélicas para ganarle a la Iglesia Católica en número. Dios no es evangélico, ni es católico.
Él es el Rey Soberano, y lo que Él quiere, es que su Reino venga a las vidas. Es la única manera que la
salvación llegue a las vidas.

La predicación apostólica

 Miremos, un poquito, Hechos de los Apóstoles. Vimos a Cristo. ¿Qué predicaban los apóstoles?
Primer mensaje: cae el Espíritu Santo, ciento veinte son llenos del Espíritu, se aglomeran miles de
personas. Y se levanta Pedro a predicar en el día de Pentecostés. Y después de explicarles el 9

derramamiento del Espíritu Santo, cuando entra en el tema más directo, para predicar a Cristo, dice,
Hechos 2:33-35 (leer desde el vs.22):
“Así que, exaltado por la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu
Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís. Porque David no subió a los cielos; pero él mismo
dice:
Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra, 
 Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies.” 

 Los judíos esperaban un Mesías que vendrá y se sentará en el trono de David. Ellos estaban
pensando en categorías políticas, sociales. Estaban esperando que el Mesías los libere del Imperio
Romano, y sea un rey sobre la tierra en un trono visible, como era el trono de David. Pero acá está
hablando de un trono eterno, miren el capítulo 2 vs.36:

 “Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis,
Dios le ha hecho Señor (Kyrios) y Cristo.”

 “Le ha hecho Kyrios y Mesías, a ese que ustedes crucificaron...”. Pedro, en el día de Pentecostés,
predicó a Cristo, sí, murió, resucitó, pero se sentó en el trono de David, a la derecha del Padre. Pedro
presentó el Reino de Dios, presentó a Cristo sentado en el trono, y esto por la revelación del Espíritu
Santo que acababa de descender. ¡Pedro había interpretado fielmente que ahora, el Padre le había dado
el Reino al Hijo! .“¡Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies!”. Un
hijo de David ahora estaba sentado en el trono. Y el Padre le había dado el Reino a Él. Lo había
nombrado Kyrios, declarando que Jesucristo es el Señor y lo sentó a su diestra. Pedro lo interpretó
fielmente y así lo proclamó. Ahora el Reino es dado al Hijo, por eso, en las epístolas, Pablo dice: “...
nos trasladó, de las tinieblas al Reino de su amado Hijo...” El Padre le entregó el Reino a su amado
Hijo, al que le obedeció hasta la muerte, y muerte de cruz. ¡Ahora es el Reino de su amado Hijo! Y
Pedro predicó acerca del Reino de Dios, presentando a Cristo como el heredero de David que ahora
estaba sentado en el trono.

 Vamos, ahora, a Hechos 8. Viene la persecución contra la Iglesia de Jerusalén. Muchos son
esparcidos. Felipe, el diácono, llega a Samaria: milagros, maravillas, enfermos sanados, paralíticos que
caminan, endemoniados libertados... ¿Qué predicaba Felipe? Hechos 8:12 :
“Pero cuando creyeron a Felipe, que anunciaba el evangelio del reino de Dios y el nombre de
Jesucristo, se bautizaban hombres y mujeres.”

 Felipe en Samaria, fiel a la predica de Cristo y de los doce, predicaba al Evangelio del Reino.


 Vamos a Pablo. ¿Qué predicaba Pablo?. Hechos 19, Pablo aquí, llega a Éfeso. Encuentra doce semidiscípulos, a quienes les había llegado un mensaje incompleto. Así que empieza de cero, les predica, se
arrepienten, los bautiza en agua, ora por ellos, les impone las manos, reciben el Espíritu Santo, hablan
en lenguas y profetizan.
Versículos 7-9 : 
“Eran por todos unos doce hombres. Y entrando Pablo en la sinagoga, habló con denuedo por 
espacio de tres meses, discutiendo y persuadiendo acerca del reino de Dios. Pero endureciéndose 
algunos y no creyendo, maldiciendo el Camino delante de la multitud, se apartó Pablo de ellos y 
separó a los discípulos, discutiendo cada día en la escuela de uno llamado Tiranno.” 

 En cualquier congregación que se predique tres meses el Reino de Dios, sin aflojarle, se va a armar.
Unos se endurecen y se oponen, y otros se convierten, al fin, en discípulos. Frente al mensaje, no hay
lugar para simpatizantes, porque ante la autoridad hay sólo dos posibilidades, o te sujetas a la
autoridad, o te rebelas a la autoridad, no existe otra alternativa. Así que, los que aceptaron el Reino,
dále y dále, tres meses, salieron de la sinagoga, los echaron, y se fueron a la escuela de uno llamado
Tiranno. ¿Saben que pasó allí? Se transformó ese lugar en un centro de misiones para toda la región.
¡Es tremendo lo que pasó! Pablo, en esa escuela, se quedó dos años, dále y dále, todos los días el Reino
de Dios. ¿Cuál fue el resultado? Leemos el vs.10 :
“Así continuó por espacio de dos años, de manera que todos los que habitaban en Asia, judíos y
griegos, oyeron la palabra del Señor Jesús.”

 Todos fueron evangelizados. ¿Qué era Asia? No es lo que hoy conocemos por Asia. Ni tampoco Asia
Menor que es todo Turquía y regiones circunvecinas. Asia, en aquel tiempo, era la región alrededor de
Éfeso, abarcaba alrededor de 300 Km. de largo y unos 150 Km. de ancho. Eso era Asia. En una misma
provincia estaba Galacia, Bitinia y otras regiones, una de esas era Asia. Pablo no se movió de Éfeso.
Todos los habitantes de aquella región, judíos y griegos, aclara, escucharon la palabra del Kyrios Jesús.
Éfeso era un centro de rutas, centro comercial y religioso. De tal manera que todos pasaban por Éfeso.
Y Pablo seguía dándole, y los discípulos que formaban a otros discípulos, y evangelizaban, iban y
venían... Así nació la iglesia en Colosas, así nació la iglesia en otras ciudades y pueblos... Pablo no
fue... fueron los discípulos... ¡Qué tremendo lo que pasa cuando se tiene la visión del Reino y el
compromiso con el Reino!

 Hechos 20. Pablo aquí da un mensaje de despedida a los ancianos de la iglesia en Éfeso. En total,
Pablo estuvo en Éfeso tres años. Fue la ciudad donde más tiempo permaneció. Miren lo que dice el
vs.31 :
“Por tanto, velad, acordándoos que por tres años, de noche y de día, no he cesado de amonestar con lágrimas a cada uno.” 

 Tres años ¿ven? Cuando él da este mensaje de despedida, miren como describe su tema en el vs.25 :
“Y ahora, he aquí, yo sé que ninguno de todos vosotros, entre quienes he pasado predicando el reino
de Dios, verá más mi rostro.“

Pablo resume su ministerio declarando que pasó enseñando “el Reino de Dios, y termino hermanos, ya
los dejo,”

 Hechos 28. Ahora Pablo llega a Roma, preso, con libertad vigilada. Alquila una casa en Roma, y
tiene un soldado plantado al lado suyo, custodiándolo. Y tenía una libertad controlada. Vs.23 :
“Y habiéndole señalado un día, vinieron a él muchos a la posada, a los cuales les declaraba y les
testificaba el reino de Dios desde la mañana hasta la tarde, persuadiéndoles acerca de Jesús, tanto
por la ley de Moisés como por los profetas.”
- Desayuno: Reino de Dios
- Almuerzo: Reino de Dios
- Merienda: Reino de Dios
- Cena: Reino de Dios

¿Amén? Se paseaba por todo el Antiguo Testamento (porque el Nuevo todavía no había sido escrito),
tanto por la ley, como por los profetas, el tema era el Reino de Dios.
Y los dos últimos vs. de Hechos 28, vs.30 y 31:

“Y Pablo permaneció dos años enteros en una casa alquilada, y recibía a todos los que a él venían, predicando el reino de Dios y enseñando acerca del Señor Jesucristo, abiertamente y sin 
impedimento.

Ajustando, en nosotros, el Reino

 Hechos termina en presente continuo, Pablo predicando, ¿no parece un libro inconcluso? ¡ Es que
está inconcluso! A propósito, para mostrar que la Iglesia de los siglos siguientes es la continuación de
esta Iglesia. Los ministerios de los siglos siguientes tenemos que seguir predicando el Reino de Dios y
acerca del Kyrios Jesucristo. ¿Amén? El amén a este libro lo va a poner Jesucristo cuando Él venga
¡Bendito sea el Señor!
 Así que hermanos, no les parezca demasiado si en las 6 reuniones voy a hablar sobre el Reino de
Dios. Es que cuando uno pone el eje en su lugar, después, todos los temas entran en relación al Reino.
¿Amén? Estamos poniendo el cigüeñal en su lugar. Bueno, ustedes ya lo tienen puesto en su lugar,
pero estamos haciendo un ajuste de motor. ¡Bendito sea el Señor! Aleluya